En el escenario del Sauto bailan una adolescente, menuda y con un vestido blanco de encajes, un señor mayor de largos brazos y esmoking la acompaña. Detrás, la Orquesta Failde toca Las alturas de Simpson. Toda las 333 ciudades de Matanzas caben en dicha imagen.
En ella está la urbe, aún por ser y la ya asentada, segura de sí misma; de fondo, tal vez una parte del mayor obsequio el cual, desinteresadamente le regalamos al mundo: nuestra cultura, con su africanidad y su lirismo de poetas con la cabeza fragmentada.
Este lunes 12 de octubre en el Teatro Sauto, Monumento Nacional, se celebró una gala por el nuevo aniversario de San Carlos y San Severino de Matanzas. Ocurre en un momento complejo y tal vez por eso lo necesitábamos. Las crisis pueden corroer la infraestructura de una ciudad, pero no sus esencias. Estas últimas las necesitamos para no escribir la última palabra.














La noche la abrieron diferentes artistas aficionados pertenecientes a los proyectos culturales Por amor a mi raíz y Maravillas de la infancia. A través del baile y del canto le rindieron homenaje, elevada como una mujer dormida profunda como las serpientes de cavernas bajo su suelo.
Para cerrar tocó la Orquesta Failde. Esta se acompañó de solistas locales como Conchita Torres, Bryan Sánchez y Alfonsito Llorens. La agrupación y sus invitados hicieron un repaso por los diferentes géneros musicales originados a las vereda fresca de dos ríos: el danzón, el danzonete, el mambo.
Cuando interpretaban el primer danzón salieron a bailar el señor y la joven. Entonces, pasado y presente, la quietud y el porvenir se manifestaron. Por un momento se pudo observar lo que fuimos y lo que podremos ser.

