Monjas sostienen un hogar para 102 ancianas en La Habana entre apagones y escasez de medicinas

En el Hogar San Francisco de Paula, ubicado en el barrio de La Víbora, en La Habana, un grupo de religiosas y trabajadores cuida a 102 mujeres mayores mientras enfrenta los apagones, la escasez de medicamentos y las dificultades para conseguir alimentos y otros suministros básicos.
La realidad del centro fue documentada por el periodista Rick Jervis, de USA Today, en un reportaje basado en una visita al hogar y entrevistas con religiosas, trabajadores, residentes y familiares.
Al frente de la institución católica se encuentra la hermana Cecilia María Fuentes Ávila, quien coordina la atención de las residentes, de entre 70 y 91 años, con el apoyo de unos 80 trabajadores, incluidos 17 enfermeros y dos médicos, según las cifras recogidas durante la visita.
Las mujeres reciben alojamiento y cuidados gratuitos. Muchas necesitan asistencia permanente para desplazarse o realizar actividades cotidianas, mientras otras conservan mayor autonomía.
Uno de los mayores problemas es la falta de medicamentos: el personal enfrenta dificultades para conseguir antibióticos, tratamientos contra la diarrea y fármacos para controlar la presión arterial, además de materiales necesarios para determinadas pruebas médicas.
Los apagones complican también las labores de alimentación, limpieza y lavandería. Ante las interrupciones eléctricas, el hogar ha tenido que recurrir a una cocina exterior que funciona con leña para preparar las comidas de las residentes.
La institución dispone de un sistema de energía solar que ayuda a mantener determinados servicios, pero su capacidad no alcanza para cubrir todas las necesidades.
Durante un apagón de 48 horas, relató la religiosa, el personal tuvo dificultades para utilizar la lavandería y tuvo que buscar alternativas para atender a las ancianas.
Fuentes explicó que conseguir los productos necesarios se ha convertido en una tarea cotidiana. Incluso cuando disponen de dinero, algunos artículos no aparecen en los establecimientos donde intentan comprarlos.
El hogar recibe apoyo de Cáritas Cuba y de donaciones gestionadas con comunidades religiosas y colaboradores en el extranjero. Estos recursos ayudan a sostener los servicios, aunque no eliminan las dificultades para atender a las residentes.
La situación familiar de las ancianas también ocupa un lugar importante en el reportaje. Algunas llegaron al centro porque sus allegados no podían proporcionarles los cuidados continuos que necesitaban, en un contexto de dificultades económicas y emigración.
Gladys Pazos, una de las médicas de la institución, explicó que las circunstancias de ingreso son diversas. El reportaje documenta también la presencia de familiares que visitan a las residentes y mantienen el contacto con ellas.
Durante su recorrido, Jervis recogió el testimonio de un hijo que decidió ingresar a su madre en el hogar porque no podía combinar su empleo con la atención permanente que ella necesitaba. Para él, el apoyo de las religiosas representó una ayuda fundamental.
En el Hogar San Francisco de Paula, las religiosas continúan recibiendo solicitudes de ingreso y mantienen una lista de espera. Mientras tanto, el personal intenta garantizar la alimentación, la higiene y la atención médica de las 102 residentes con los recursos disponibles.
La labor del centro refleja una forma de asistencia que también desarrollan otras instituciones religiosas y redes ciudadanas en Cuba.
En septiembre, por ejemplo, el Hogar Monseñor Adolfo, en Camagüey, recibió alimentos y sillas de ruedas enviados desde Estados Unidos, gracias a donaciones de fieles católicos, emigrados y colaboradores.
Más recientemente, redes solidarias distribuyeron medicamentos gratuitamente en La Habana para ayudar a personas afectadas por el desabastecimiento farmacéutico.
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