12 de octubre: nada que celebrar
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12 de octubre: nada que celebrar

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El 12 de octubre no representa un diáfano diálogo de civilizaciones, sino el inicio de una de las fracturas históricas y humanas más profundas de la humanidad

Ni encuentro de culturas, ni descubrimiento, ni ocho cuartos: para Nuestra América, el 12 de octubre no representa un diáfano diálogo de civilizaciones, sino el inicio de una de las fracturas históricas y humanas más profundas de la humanidad. Detrás del barniz festivo con que tradicionalmente se adornó el «Día de la Hispanidad» o el eufemístico «Encuentro de Dos Mundos», se esconde una memoria colectiva atravesada por la conquista, el despojo, la esclavitud y la resistencia.
Hablar de «descubrimiento» en 1492 es el colmo de la ignorancia. Las tierras de este continente no eran un espacio ignoto a la espera de ser nombradas o validadas por la mirada europea; albergaban civilizaciones complejas, lenguas estructuradas, saberes agrícolas y astronómicos milenarios, creencias, costumbres, normas de convivencia propias… El uso de eufemismos históricos ha servido durante siglos para suavizar la naturaleza asimétrica y violenta de la llegada europea. Esa píldora dorada por el pensamiento eurocéntrico, convierte la invasión en mito fundacional y oculta la tragedia tras el velo de la «misión civilizadora».

Celebrar el 12 de octubre exige un ejercicio de amnesia colectiva sobre el devastador costo humano del proceso colonial. El colapso demográfico de las poblaciones originarias  a causa del trabajo forzado, la agresividad directa y las epidemias traídas del Viejo Mundo, no solo significó un etnocidio masivo, sino que sentó las bases de otra atrocidad sistémica: la trata transatlántica de seres humanos.

Para suplir la mano de obra diezmada en las minas y plantaciones del Nuevo Mundo, millones de hombres y mujeres fueron arrancados contra su voluntad del continente africano y esclavizados en estas tierras. El Caribe y las Américas se convirtieron así en el escenario de una doble herida histórica cuyo impacto social y cultural definió para siempre la demografía de nuestra región.

Las venas que siguen abiertas

El colonialismo no es un capítulo cerrado en los libros de texto, sus estructuras y prejuicios persisten. El racismo estructural y la marginación socioeconómica que sufren aún hoy los pueblos indígenas y afrodescendientes son la herencia viva de aquel orden jerárquico colonial. Frente a las voces que reclaman una revisión crítica y gestos de reparación histórica, la insistencia en mantener la fecha como motivo de celebración resulta una falta de empatía hacia quienes han cargado con el peso de esa historia.

Si vamos a rememorar algo el 12 de octubre, que sea la resistencia, la reafirmación de la identidad, la autonomía y la dignidad de los pueblos originarios. El 12 de octubre no hay nada que celebrar, pero sí mucho que recordar, desaprender y transformar.

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