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No cabe duda de que uno de los momentos más esperados del año, en todo el mundo, es la entrega de los Premios Nobel, por la fundación homónima ubicada en Suecia. Los laureados, que se anuncian a principios de octubre, reciben el galardón tradicionalmente cada 10 de diciembre.
Como cualquier otro premio de gran relevancia, tampoco está exento de polémica en cada una de sus seis categorías –física, química, medicina y fisiología, literatura, paz y economía–, pues en ocasiones se cuestiona la decisión del jurado, se acusa al comité de sesgos políticos o geográficos, o se debate si el galardón responde a criterios estrictamente profesionales o a intereses ajenos a la creación.
En las redes sociales, se percibe regocijo tras el anuncio de que la poeta canadiense Anne Carson mereciese recientemente el Premio Nobel de Literatura 2026, «por su obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea». Otras opiniones, en cambio, lamentan que autores como el japonés Haruki Murakami y la canadiense Margaret Atwood encabecen las listas de posibles ganadores cada año, sin aún recibirlo.
Eso sí, aunque la lista de nominados se mantiene en secreto por 50 años, es posible consultar en el sitio web de los premios los nominados anteriores a 1975 y constatar que Cuba cuenta con nominaciones en diversas categorías, así como con una veintena de personas que, en distintos momentos, han propuesto candidatos a los Nobel.
El eminente científico Carlos Juan Finlay y Barrés, conocido por ser el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, fue nominado diez veces, en siete ocasiones, al lauro en medicina y fisiología, entre 1905 y 1915, y nunca llegó a obtenerlo. Mientras que el jurista Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén, miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya en 1908 y uno de los jueces fundadores de la Corte Permanente de Justicia Internacional en 1921, llegó a obtener siete nominaciones en el Nobel de la Paz, cuatro de ellas en un mismo año. El tercer cubano más nominado fue Arístides Agramonte Simoni, en cinco oportunidades entre 1912 y 1917, por su colaboración con Finlay.
Destacan otros nombres como el de Moisés Vieites, miembro del Colegio de Abogados de la capital y profesor de Derecho de La Universidad de La Habana (UH), en 1934, y la candidatura, un año antes, de Fredrik Norman, empresario de origen sueco radicado en La Habana. Ambos en el apartado de la Paz.
En el caso de la literatura, la primera y única mujer cubana hasta el momento nominada a un Premio Nobel, en 1931 y gracias al filólogo Juan Miguel Dihigo, fue la traductora e investigadora literaria Laura Mestre Hevia, quien nació en La Habana en 1867, en el seno de una familia de intelectuales.
Ella constituyó la primera mujer traductora del griego al español de los poemas de Homero, La Ilíada y La Odisea. También se destacó en el cotejo de otros clásicos de la antigüedad y fue una gran políglota que dominó el latín, francés, griego, inglés e italiano. Parte de su archivo se encuentra en el Instituto de Literatura y Lingüística.
La segunda nominación de un cubano para el Nobel de Literatura, más de 30 años después, fue para Alejo Carpentier. Aunque no fue la última, pues luego fue propuesto tres veces más, por el lingüista francés Henri Peyre y el escritor sueco Lars Gyllensten. Una quinta nominación llegó en 1979, según una nota publicada por El País, el 8 de octubre de ese año.
De 1975 en adelante, los datos son limitados. Algunos no descartan la posibilidad de que Dulce María Loynaz y Guillermo Cabrera Infante hayan estado entre los nominados, sobre todo después de recibir –al igual que Carpentier– el Premio Miguel de Cervantes.
En 2020, el Consejo Mundial por la Paz registró de manera formal la candidatura del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias «Henry Reeve», de Cuba, al Premio Nobel de la Paz para 2021, aunque finalmente no recayó en la brigada.

