El gobierno noruego estudia una prohibición temporal del uso de anteojos inteligentes en determinados lugares públicos.
Australia está investigando las modalidades y los lugares en los que la empresa fabricante de una aplicación para populares anteojos inteligentes recopila y conserva datos personales.
Estos dispositivos están prohibidos en las salas de los tribunales del Reino Unido y de Nueva York.
Ya existe un mosaico de restricciones al uso de anteojos inteligentes: un mercado que, en su conjunto, según los analistas de IDC, creció un 167% interanual en el primer trimestre de 2026.
Las preocupaciones por la privacidad llegan, por lo tanto, mientras las empresas tecnológicas apuestan por los dispositivos portátiles equipados con inteligencia artificial, incluso como futuros sustitutos de los teléfonos inteligentes.
Después del lanzamiento pionero de Google Glass en 2013, Meta, junto con EssilorLuxottica, dio un impulso al mercado, pero también están los anteojos de Snapchat y Xiaomi, por citar solo algunos, y antes de fin de año está prevista la llegada de un dispositivo desarrollado en asociación entre Google y Samsung.
El problema sigue siendo el consentimiento en el espacio público para proteger a quienes se cruzan con esos anteojos por la calle.
Por ejemplo, una de las principales cadenas de ópticas neerlandesas suspendió la venta de los Ray-Ban Meta en Países Bajos y Bélgica.
En el Reino Unido, locales y cadenas de pubs están limitando su uso, al igual que los tribunales. También Nueva York prohibió el uso de anteojos inteligentes en todos los tribunales. Y Australia, pionera en la prohibición de las redes sociales a los menores, está evaluando la posibilidad de bloquear su uso en las oficinas públicas.
Los anteojos inteligentes quedaron bajo la lupa de las autoridades europeas de protección de datos y de algunos legisladores. Además, el Comité Europeo de Protección de Datos encargó un informe sobre su «aceptabilidad social».
«La cuestión es compleja: las normas deben actualizarse, pero una prohibición generalizada sería la respuesta equivocada», explicó a ANSA Claudio Conti, director del Observatorio XR Technologies & Immersive Experience del Politécnico de Milán.
«Más que prohibir el dispositivo, habría que regular las funciones individuales, como el reconocimiento facial, la grabación continua y el uso de las imágenes para entrenar la inteligencia artificial. Y debería hacerse a nivel europeo, para evitar 27 normativas nacionales diferentes», agregó.
Los anteojos inteligentes «no son una moda pasajera», añadió el experto. «Sin duda, la tecnología evoluciona muy rápidamente, pero las personas deben ser protegidas y la llegada de anteojos inteligentes sin cámara va en esa dirección».
En la última conferencia para desarrolladores de Meta, ‘Connect’, la empresa de Mark Zuckerberg, pionera en el sector, lanzó una versión sin cámara de los Ray-Ban Meta.
Y subrayó que cada par de anteojos está equipado con una luz LED a prueba de manipulaciones, que parpadea cuando el usuario está grabando o tomando fotografías.
Otras startups desarrollaron anteojos sin cámara, como Even Realities, con sede en Shenzhen, mientras que la estadounidense Pocket apuesta por una grabadora de audio que se fija al teléfono y requiere presionar un botón físico.
«Son pasos en la dirección correcta», concluyó Conti.
«Las polémicas sobre la privacidad no detendrán la difusión de estos dispositivos, pero la orientarán. En los próximos años ganará quien sepa construir el mejor ecosistema de aplicaciones en torno a los anteojos inteligentes y la inteligencia artificial. La confianza se convertirá en un verdadero factor competitivo y quien sepa garantizar la privacidad ‘desde el diseño’ tendrá una ventaja, sobre todo en el mercado europeo».
