El reciente fallecimiento de la mujer-símbolo ha encendido movilizaciones y actos de protesta en toda España. El acuerdo histórico de volver a su vivienda llegó demasiado tarde
Voy a hablar de Maricarmen Abascal en presente, latente todavía del lado de las cifras de desahucios, aunque una avalancha de medios españoles se haya dedicado a propagandizar una supuesta disminución en España de este fenómeno en relación a años anteriores.
El solo hecho de esa “solidaridad” capitalista hace hervir la sangre, tanto como echar a la calle a una anciana de 87 años, sabe Dios cómo habrá sido su vida cotidiana si sobre sí sentía la posibilidad de ser desahuciada. Finalmente, eso ocurrió e inmediatamente la noticia corrió cual pólvora para incendiar la Puerta del Sol y buena parte de la nación ibérica.
Enseguida la prensa afín a los grandes intereses económicos e inmobiliarios en España comenzó a mostrar cifras matizadas en el primer trimestre de 2026 con 4005 desahucios, unos 44,5 al día, “pero” 45,4 por ciento menos que en 2025.

Y no debería minimizarse el problema porque cada persona menospreciada es un ser dañado, tratado igual a un perro, de ahí que la juventud española en su mayoría siga compartiendo piso con los padres. Por ejemplo, alguien con empleo estable e ingresos de 2000 euros netos tiene serias dificultades para alquilar una vivienda en solitario.
En Madrid o Barcelona esto es parte de “Los sueños” de una generación y -sin proponérmelo- me llegan los aires del bardo Francisco de Quevedo (1580-1645) en uno de sus Discursos: “Pues el que pelea en la tierra por defendella, pelea de miedo de mayor mal”.
La anciana valiente de 87 años sigue viva a pesar de su partida física el 7 de octubre 2026. La indignación popular se hizo acompañar de pancartas alusivas a un “asesinato”. ¿Cómo puede expulsarse de su hogar a una persona enferma, de avanzada edad, y tras residir 71 años en un mismo lugar?: en el capitalismo.
El diario El País para nada de izquierda intentó ser “objetivo” y trató de darle un aire académico a sus notas cuando entrevistó -en días recientes- al británico Brett Christophers, versado en corporaciones y los movimientos anticapitalistas. A la pregunta: ¿el desahucio es la consecuencia de que la vivienda se haya convertido en un producto de inversión?; él respondió afirmativamente y llamó a ser honestos en el caso como los de Maricarmen, porque a pesar de ser la vivienda en España un derecho constitucional en la práctica no lo es. Según el experto, ese derecho se ha financiarizado...
Mucha responsabilidad tienen los fondos buitres y la filosofía neoliberal al darle al mercado la batuta en el desenvolvimiento cotidiano, así sea un bien necesario, entiéndase una habitación alquilada. Maricarmen decidió dar batalla y salir a las calles junto al Sindicato de Inquilinas. España se sumó a esas manifestaciones callejeras a pesar de la aprobación de dos decretos relativos a la vivienda por el Gobierno, los mismos después derogados por el Congreso. Se desató entonces una crisis política, con apremios a tener elecciones anticipadas en noviembre.
Brett Christophers le da la espalda a la lucha de clases y al empuje ciudadano, y señala que las propias contradicciones internas y mundiales inherentes al capitalismo si podrían hacerlo caer. Esta especie de obituario no analizará a fondo estas cuestiones, solo cierra con una idea central: ¡Muy mal anda un sistema que sin pensárselo demasiado echa a sus viejos a las calles!
La entrada El capitalismo mató a Maricarmen Abascal se publicó primero en Revista Bohemia.