Ni tan sencillos ni solo versos
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Ni tan sencillos ni solo versos

De «una noche de poesía y amistad», la del 13 de diciembre de 1890, nació la idea de que se imprimieran. Foto: Tomada de Internet

Ni tan sencillos ni solo versos. Sin grandilocuencias sí; sin complejidades formales, también; pero el más importante poemario de José Martí, publicado en Nueva York el 6 de octubre de 1891, tiene, con el título de Versos Sencillos, la historia de su intensa vida, narrada en magníficos acordes líricos, para prenderse en el alma de quien se asoma a ellos, sin poder olvidar jamás que los ha conocido.

Entregado de lleno Martí a la organización de la Guerra Necesaria que liberaría a Cuba del dominio español, se celebraba, en «aquel invierno de angustia», la Conferencia Panamericana de 1889, que tanto pesar le causó, hasta que pudo «confirmar la cautela y el brío de nuestros pueblos». En el prólogo del cuaderno, recuerda «el horror y vergüenza» en que lo sumió «el temor legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos parricidas, ayudar el plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de un nuevo amo disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa, de la patria hispanoamericana».

Con tantas preocupaciones, había enfermado. El médico le había recomendado el descanso, debido a su delicado estado de salud. Se fue a las montañas de Catskill, y allí escribió, sin la menor intención de publicarlos, estos versos.

De «una noche de poesía y amistad», la del 13 de diciembre de 1890, nació la idea de que se imprimieran. Poco después, veían la luz 46 poemas, en apariencia sencillos, pero matizados por un exquisito uso de los recursos expresivos, acomodados, en su mayoría, en redondillas y cuartetas, en las que se apreciaban contrastes semánticos y símbolos, para pulsar con ellos los más significativos instantes de su existencia.

Junto a los fundamentales acontecimientos de su vida, se muestra aquí, absolutamente diáfano, el itinerario que conforma su pensamiento. La actitud del Martí amigo, hijo, padre, hombre, hermano, patriota, poeta, cubano de altísima elevación, y ser humano en toda su dimensión… se mueve, de verso en verso, para ofrecer al lector un Martí nuevo, y a la vez el mismo, pero ahora sintetizado por medio de estructuras lingüísticas que se (a)prenden y contribuyen a enriquecer la imagen que de él llevamos con nosotros.

El poemario inicia con un yo de fuerza cósmica, matizada con esa cubanía que no se le aparta, para, tras la presentación propia de quien lo encauzará, advertir que dentro de sí viven unos versos que precisan manifestarse.

Basta abrir la primera página para querer continuar la lectura. Otra y otra pieza, y otra más…, hasta la última línea, en que, de forma categórica, su autor muestra la indestructible entidad que constituyen su espíritu y la poesía.  

Así se viven las horas o el instante en que se transitan las escenas de Versos Sencillos. El lector se halla ante un texto colosal que lo acongoja y encanta. Cada quien tiene, de entre ellos, sus poemas favoritos, y suelen citarse con frecuencia los conocidos como La niña de Guatemala y La bailarina española; pero muchas otras piezas generan también impactos perdurables.

Hay un Martí que, lejos de estimular en el hijo la vanidad por la belleza, exhorta al pequeño a servir a la Patria. Bien estará en la pintura / El hijo que amo y bendigo: / ¡Mejor en la ceja oscura, / Cara a cara al enemigo! (…) Vamos, pues, hijo viril; / Vamos los dos; si yo muero, / Me besas: si tú… ¡prefiero / Verte muerto a verte vil.

Otro, que pide el antro y las veredas oscuras para el tirano y el error, y, sin embargo, se opone a mancillar a quien considera un ser sagrado. ¿De mujer? Pues puede ser / Que mueras de su mordida; / ¡Pero no empañes tu vida / Diciendo mal de mujer! Otro, que recuerda los sucesos del teatro Villanueva y resume el horror de esta forma:  Pocos salieron ilesos / Del sable del español; / La calle, al salir el sol, / Era un reguero de sesos.

Y hay, entre muchos otros, un Martí que se quita «la pompa del rimador» y cuelga «de un árbol marchito» su «muceta de doctor»; un Martí que se detiene en la melodía que proporciona la naturaleza; que desecha la riqueza para preservar en su lugar a un amigo; el que sabe nombres extraños de las yerbas y las flores / y de mortales engaños / y de sublimes dolores; el que reconoce la paciencia divina de la Poesía, con quien comparte la carga de su pecho.   

Los Versos Sencillos gozan de esa contemporaneidad que preservan las cosas auténticas, dueñas de mensajes que no admiten divagaciones. A 135 años de su publicación, en tiempos de oscuros oprobios, la voz que los formula evoca garantías.

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