«Yo quiero ir al mercado de barrio donde compran Díaz Canel y Marrero»: Cubanos ante pregunta de prensa oficial
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«Yo quiero ir al mercado de barrio donde compran Díaz Canel y Marrero»: Cubanos ante pregunta de prensa oficial

«Yo quiero ir al mercado de barrio donde compran Díaz Canel y Marrero»: Cubanos ante pregunta de prensa oficial

Mercado de barrio (Imagen de referencia) © Collage CubaDebate
Mercado de barrio (Imagen de referencia) Foto © Collage CubaDebate

Una pregunta lanzada por el portal oficialista Cubadebate sobre el funcionamiento de los nuevos «mercados de barrio» terminó provocando una oleada de críticas, ironías y testimonios de cubanos que aseguran no tener acceso a esos establecimientos o encontrar en ellos precios prácticamente iguales a los de las mipymes.

La publicación, difundida este martes en Facebook, preguntó a sus lectores: «¿Hay un mercado de barrio en tu localidad? ¿Cómo funciona? ¿Qué productos encuentras allí? ¿Los precios y las ofertas responden a tus necesidades?».

La misma convocatoria apareció en el sitio web del medio, que explicó que quería «conocer tu experiencia y abrir el debate» después de que un reportaje anterior sobre el mercado Café Carmesí generara numerosos comentarios y cuestionamientos.

La respuesta de muchos usuarios estuvo lejos de respaldar la iniciativa.

Uno de los comentarios más compartidos resumió el escepticismo con una referencia directa a la cúpula del régimen: «Yo quiero ir al mercado de barrio donde compran Díaz-Canel y Marrero».

Otro usuario respondió con ironía: «Pregúntale a Canel que según él se la pasa por los barrios», mientras varias personas reaccionaron con preguntas como «¿En serio esa es la pregunta que ustedes hacen?» o «¿Esto es verdad?».

Las críticas más repetidas estuvieron relacionadas con los precios y la capacidad real de compra de los salarios y pensiones.

«Los ancianos ya están cayendo como moscas y ustedes hablan de mercados que saben muy bien que están fuera del alcance de la población pobre e inmensa de este país», escribió un internauta.

Otra persona aseguró que en su localidad no existe ningún mercado de ese tipo y describió una realidad muy diferente: «Mercado negro a pululu», dijo, antes de afirmar que la bodega del barrio solo entrega ocasionalmente unas pocas libras de arroz y pan.

También aparecieron testimonios de consumidores que sí han visitado estos establecimientos y no perciben diferencias sustanciales frente a otros comercios.

«El punto de venta de la mipyme de la esquina tiene el mismo precio de la bodega que está en la otra esquina», afirmó un usuario.

Otro señaló que había visto por televisión los precios de uno de estos mercados y reaccionó: «Morí viva con ellos. Igual que en los otros lugares».

Desde diferentes provincias llegaron además comentarios asegurando que estos establecimientos simplemente no existen todavía en sus comunidades. Usuarios mencionaron zonas de La Habana, Granma y Holguín, entre otros territorios, mientras algunos preguntaban públicamente dónde podían encontrar uno.

Una persona residente en Santiago de Cuba contó que visitó uno de estos mercados y preguntó si podía pagar mediante transferencia. Según su relato, el establecimiento solo aceptaba ese método entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana, un horario que consideró incompatible con quienes trabajan.

Otro comentario describió el modelo como «una mipyme con otro nombre», mientras varios usuarios utilizaron expresiones similares: «bodega mipymeada», «igual que cualquier mipyme» o «local para revender».

También hubo cuestionamientos a la propia concepción de los establecimientos. Un lector sostuvo que el problema no consiste solamente en acercar puntos de venta a las comunidades, sino en garantizar producción y precios que puedan ser pagados por la mayoría de la población.

«Lo que hace falta es que en todos se respete al cliente y que los precios sean realmente asequibles», planteó otro usuario, al considerar que la situación económica actual hace difícil presentar estas tiendas como una solución.

Entre las respuestas más extensas apareció incluso una crítica desde posiciones favorables al propio sistema, que calificó la idea como «infuncional y utópica» mientras los precios de los alimentos continúen aumentando y los ingresos del trabajo no permitan garantizar la alimentación.

Otros usuarios recurrieron abiertamente al sarcasmo. Uno escribió que con su salario de profesor podía comprar todos los productos del mes y todavía le sobraba dinero, para aclarar inmediatamente después: «Nótese el sarcasmo y la ironía».

Otro resumió la percepción de que la iniciativa no modifica el problema de fondo con una pregunta: «¿Mercado de barrio? ¿O de barrio rico?».

Las respuestas llegan después de que el régimen presentara estos establecimientos como una de las alternativas para transformar la deteriorada red estatal de comercio y acercar productos básicos a la población.

En septiembre, las autoridades aseguraron que los llamados «mercados de barrio» debían ofrecer productos entre 15 % y 30 % más baratos que otros comercios.

La promesa incluía alimentos como arroz, azúcar, aceite, pollo, huevos y leche en polvo, además de productos de aseo.

El modelo permite que establecimientos de propiedad estatal sean administrados mediante licitación por mipymes, cooperativas, trabajadores por cuenta propia y otros actores económicos.

Bodegas y carnicerías forman parte de los locales que están siendo reconvertidos bajo este esquema.

La experiencia práctica ha mostrado, sin embargo, diferencias importantes entre la imagen promovida oficialmente y lo que encuentran algunos consumidores.

En Boyeros, La Habana, las autoridades inauguraron un establecimiento anunciando rebajas de entre 10 % y 15 % en alimentos y artículos de higiene.

En Contramaestre, Santiago de Cuba, otro mercado mostró productos como arroz a 350 pesos, pollo a 750, huevos a 150 por unidad, aceite a 2,000 y leche en polvo a 4,000 pesos.

Las reacciones allí también fueron mayoritariamente críticas, y una de ellas resumió el nuevo modelo diciendo que simplemente habían «acercado las mipymes a la casa».

Pocos días después, un residente de Boyeros documentó un mercado de barrio con apenas cinco productos disponibles: arroz, azúcar, frijoles y sal, mientras buena parte de las áreas de venta permanecían vacías.

La falta de abastecimiento coincide con el deterioro de la red tradicional de bodegas. A comienzos de octubre, un reportaje mostró una bodega que había recibido cigarros en agosto, frijoles en septiembre y ningún producto en octubre, mientras los mercados de barrio eran presentados oficialmente como alternativa al desabastecimiento.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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