El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel intercambió este martes con familiares y compañeros de las víctimas del crimen de Barbados, acto terrorista que provocó la muerte de 73 personas inocentes, hace 50 años.
La cita se produjo en el Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución, donde también estuvieron presentes familiares de víctimas de otros atentados terroristas contra Cuba, jóvenes miembros del equipo nacional de esgrima, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (Minint), estudiosos y personalidades de diferentes ámbitos de la sociedad.
Es un encuentro en el que estamos haciendo énfasis en la memoria histórica; un momento de denuncia de la impunidad y un momento para reflexionar y ratificar convicciones en un contexto tan complejo como el que estamos viviendo”, añadió Díaz-Canel.
En un análisis del legado que dejó el acontecimiento para el pueblo cubano, enfatizó que “es una fuente de inspiración y que afianza la resistencia y el valor para continuar en medio de las adversidades defendiendo la Revolución, para no permitir los designios del imperio y sobreponernos a esa política genocida, a esa política terrorista, y seguir consolidando la victoria permanente de la Revolución cubana”.
En el intercambio participaron, además, los miembros del Buró Político del Comité Central del PCC, Manuel Marrero Cruz, primer ministro, y Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido; además de Yuniaski Crespo Baquero, jefa del Departamento Ideológico del Comité Central.
Igualmente, se encontraban el Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los CDR, quien moderó el intercambio, además de otros dirigentes del PCC, el Estado y el Gobierno.
Cristina Valenzuela Corcho, hija de Adriana Corcho, quien perdió la vida el 22 de abril de 1976 junto a Efrén Monteagudo, víctimas del atentado terrorista contra la embajada de Cuba en Portugal, afirmó ser consciente de que los familiares de todas las víctimas del terrorismo están en el corazón del pueblo, un acompañamiento que ella ha sentido durante estos 50 años.
Ileana Alfonso, hija de Demetrio Alfonso, una de las víctimas del crimen de Barbados, señaló sentirse orgullosa de haber cumplido con el sueño de su padre, que quería que ella se licenciara en Cultura Física y empezara su vida laboral desde la base.
No obstante, aunque ha cumplido satisfecha lo que él quiso, eso no ha aliviado el sufrimiento permanente de su familia y de ella, que no pudo crecer bajo la guía de su padre.
Seily Mendoza, esgrimista, campeona centroamericana, evocó los sueños de aquellos jóvenes que fueron asesinados en el sabotaje al avión de Cubana en pleno vuelo, y que fueron truncados por tanto odio.
Uno de nuestros Cinco Héroes, Antonio Guerrero, recordó que cuando ocurrió el crimen de Barbados eran muy jóvenes, pero asumieron defender la Revolución al precio que fuera necesario.
Por hechos como esos fue que nos convertimos en luchadores antiterroristas, porque nosotros, los cubanos —dijo, recordando palabras de Fidel entonces— «somos un pueblo enérgico y viril que resiste, y la injusticia seguirá temblando, porque van a seguir los desafíos, pero con un pueblo entero para defender la Revolución».
Díaz-Canel subrayó lo desgarradoras que siguen siendo las vivencias de los familiares de las víctimas de aquel abominable hecho.
Desgarran esos testimonios, desgarran esas vivencias, desgarran esas historias de vida que ustedes han tenido en sus corazones y en sus mentes en todos estos años”, subrayó.
Recordó que el de Barbados era “un vuelo de esperanza. Ahí no había terroristas, ahí no había nadie que hubiera hecho nada en contra de Estados Unidos”.
Por lo tanto, ese hecho terrorista fue también un hecho de venganza, de venganza sin sentido, de venganza sin ningún argumento que lo pudiera justificar. Fue un hecho de rencor, de prepotencia. Y actuaron contra la inocencia de los que iban en ese vuelo”, manifestó el jefe de Estado.
Y entre ellos —agregó—, los integrantes del equipo juvenil de esgrima, quienes venían con un exitoso desempeño, con sus medallas de oro. ¿Cuánta alegría habría en ese vuelo, cuántos deseos de encontrarse que nunca pudieron lograr? —se preguntó Díaz-Canel al recordar entonces palabras de Fidel, cuando dijo que ellos, con sus medallas, se elevaban al Olimpo de los mártires de la patria.
En otro momento del análisis de las agresiones de que nuestro país ha sido víctima hasta el presente, el mandatario señaló que “entre Cuba y Estados Unidos hay una relación asimétrica en la que están los agresores, ellos, y los agredidos, nosotros”.
Pero lo que pasa es —comentó— que los agredidos no han podido ser vencidos, porque los agredidos no se han rendido ni se van a rendir. Los agredidos han combatido, están combatiendo y van a seguir combatiendo.
Y aquí también radica lo importante de que mantengamos esa memoria histórica y esas verdades intactas en la mente, en los corazones y en los sentimientos, y que las sigamos transmitiendo, compartiendo y alimentando con nuestros hijos, con nuestros nietos, con las nuevas generaciones que están por venir”, dijo.
Díaz-Canel reiteró la denuncia de la impunidad y los dobles raseros que aplican los poderes hegemónicos, como incluir a un país que ha sido víctima del terrorismo en una lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo. “Y eso lo hace el país que más ha apoyado el terrorismo en el mundo”, aseguró.
Recordó que los ejecutores del crimen de este atentado contra el vuelo de Cubana de Aviación, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, no recibieron castigo alguno: quedaron impunes.
Y está claro que esa impunidad respondió a una decisión política del Gobierno de Estados Unidos; no fue una omisión ni un olvido: respondió sencillamente a una decisión política de Estados Unidos”, agregó.
Frente a toda esa actitud canallesca y genocida del gobierno de EE.UU., Díaz-Canel antepuso el verdadero sentido ético de Cuba, del pueblo cubano.
Nosotros no superamos el odio generando más odio. Nosotros superamos el odio así, venciendo, resistiendo, creando y tratando de ser fieles a esa historia y a ese legado”.
Por todo ello —exigió el mandatario—, “a 50 años del crimen de Barbados, nosotros tenemos todo el derecho como nación y como pueblo a exigir que se desclasifiquen los archivos de la CIA sobre el atentado. Tenemos todo el derecho como nación y como pueblo a exigir que Estados Unidos deje de proteger a los terroristas que operan desde su territorio”.
Retomando el legado y la vigencia que nos dejaron aquellos acontecimientos, Díaz-Canel señaló que no podemos olvidarlos, porque en los momentos actuales el terrorismo no ha cesado, porque se siguen desarrollando acciones violentas contra nuestro país, porque Estados Unidos sigue alentando el terrorismo a nivel global.
Tras denunciar las agresiones de que está siendo víctima Cuba en los momentos actuales, con un bloqueo prolongado, recrudecido y ahora incrementado con un cerco energético, el dignatario señaló:
El homenaje a las víctimas del crimen terrorista de Barbados era un acto de memoria, un encuentro de memoria, pero también un encuentro de resistencia”.
Ratificó a los familiares de las víctimas del terrorismo, durante todos estos años, “que su dolor es el dolor nuestro, es el dolor de todo nuestro pueblo”.
Sabemos que no hay consuelo posible para tanto dolor, pero sí hay un pueblo entero que los abraza, que pronuncia sus nombres cada 6 de octubre y que jamás dejará de exigir justicia y la verdad. Por lo tanto, cada 6 de octubre, cuando reflexionemos sobre estas cosas, no debemos verlo solo como un aniversario de dolor, sino como un aniversario de reafirmación, en el que reafirmamos nuestra condena al terrorismo en todas sus formas”.
Díaz-Canel reiteró que “su dolor es nuestro, ustedes no están solos, su memoria es nuestra y nuestra causa sigue siendo la causa de Cuba entera”.
Con la misma firmeza de hace 50 años, Cuba no se rinde, Cuba no se vende y Cuba no olvida”, reafirmó.
Fuente: periódico Granma


