Existen resultados que, por esperados, no dejan de sorprender a los amantes del béisbol cubano en cualquiera de sus categorías.
Si bien es cierto que la participación del elenco del mayor archipiélago caribeño en el Campeonato Mundial sub-15 no traía consigo el correspondiente aire de esperanza, el quedar eliminados en primera ronda vuelve a untar sal en una herida cada vez más profunda.
Cuba arrancó la lid del orbe con una estrepitosa derrota por la vía de la piedad ante República Dominicana, con un marcador final de 14-4 y solo dos indiscutibles salidos del bate de Braon González. Los dos serpentineros criollos con participación en el choque, no pudieron contener una batería quisqueyana que se mostró impetuosa desde la voz de play ball.
En la segunda fecha de competencias, los nuestros sacaron su primera y única victoria del torneo, tras doblegar por la vía del supernocaut a Sudáfrica, un rival a todas luces de menor cartel.
Las mieles de la victoria solo pudieron disfrutarse ese día porque en el partido siguiente los nuestros cedieron nuevamente ante Japón, vigente campeón de la categoría y quien demostró su mayor palmarés ante un rival que se volvió a mostrar sin recursos sobre la grama del estadio Kukulcán Álamo.
El pareo ante Alemania terminó por rebosar la copa que llevaba tiempo aguantando: una nueva derrota (3-2), la tercera del campeonato para los cubanos, que por consiguiente quedaron eliminados de la lucha por avanzar a la siguiente instancia.

Como diría un buen amigo, más de lo mismo: continuamos introduciendo agua en canasto vacío esperando que el resultado cambie, un nuevo certamen internacional en el que, más allá del resultado competitivo, las portadas de los medios de prensa serán copadas por el titular “Peor actuación de Cuba en eventos para menores de 15 años”.
Y siendo sincero, por quien más lo siento es por los atletas que salen a darlo todo al terreno de juego jornada tras jornada, pero aun así no les da, y también por sus familiares que se implican del todo en la vida de los pequeños para que puedan cumplir un sueño.
Representar al país en cualquier evento internacional resulta para todo niño que se inicia en la práctica del béisbol un enorme orgullo, tras ese traje de cuatro letras, existen años de sacrificio, fechas importantes alejados de familiares y amigos, constantes entrenamientos aun, sin las mejores condiciones.
Uno nuevo resultado negativo del deporte del bate y la pelota pone de manifiesto varias aristas que dejan al descubierto las carencias de nuestro béisbol desde edades tempranas.
La ausencia de un campeonato nacional de la categoría donde los peloteros puedan desarrollarse, fuerza a la dirección del equipo a realizar un concentrado a modo de preselección, e ir descartando por lo poco que pueden ver.
Sumado a esto la imposibilidad de entrenar en horario nocturno, por la situación que atraviesa el país para un campeonato en el que se sabía de antemano que se jugaría de noche. La actuación de la mayor isla del caribe en el campeonato del mundo para menores de 15 años evidencia un retroceso con respecto a rivales del área antes los cuales fuimos dominantes.
Lamentablemente Cuba llegó a Mérida con más esperanza y deseos que con horas de entrenamiento y rodaje competitivo que sus rivales y eso, a la larga, terminó pasado factura en un deporte cada vez más globalizado.
Por más que se modelen estrategias de juego sobre el papel y se repitan acciones de juego de manera constante en los entrenamientos, las carencias están y abren la interrogante de ¿Vamos a los eventos a participar o vamos a ganar? (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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