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La inteligencia artificial (IA) ha logrado, desde su primera aparición hasta la actualidad, convertirse en una herramienta indispensable para muchos, quienes la utilizan tanto para ayudar con trabajos escolares como para responder preguntas que solo deberían hacerse ante profesionales capacitados.
Pero lo más preocupante es la forma en la que empieza a deslizarse en el mundo del arte. Existen en Internet miles de cuentas en redes sociales que orgullosamente publican imágenes creadas con inteligencia artificial, diciendo que ese es su arte porque pasaron mucho trabajo escogiendo las palabras exactas con las que alimentarían a la IA.
El mundo de la literatura es uno de los ámbitos donde más se está notando el uso de la IA. Varios autores incluso han expresado públicamente su apoyo a estas herramientas, y ya hay varios ejemplos de libros escritos de esta manera. Los libros publicados por editoriales tradicionales llegan a los lectores no solo con errores de escritura, sino también con sugerencias de la IA o palabras sobrantes que los autores y los editores olvidaron eliminar por completo después de hacer una petición.
Esto no es solamente una nueva tendencia que va a pasar rápidamente. Quienes crean libros de esta manera continuarán publicando este tipo de contenido artificial de baja calidad, hasta que llegue el momento en que sea imposible encontrar libros verdaderamente escritos por seres humanos.
Identificar estos “libros artificiales” puede ser un tanto difícil, lo que lleva a que los lectores realicen cazas de brujas en Internet y acusen a cualquier libro que tenga mala redacción o algún tipo de error de haber sido escrito por IA. Algunos incluso usan esta excusa para iniciar campañas de odio contra autores o libros que no les gustaron.
La inteligencia artificial no debería usarse para crear arte, algo tan humano que nace de los sentimientos más profundos. Si, además de dejar que la IA realice pequeñas tareas como contestar nuestros correos, permitimos que cree nuestro arte, entonces los seres humanos no tendrán nada más que hacer en este mundo que vivir para trabajar y trabajar para vivir.
¿Cómo es posible que dejemos que una herramienta que solo simula sentimientos —de acuerdo con los datos con los que fue alimentada durante su creación— cree cosas que evoquen una variedad de sentimientos, como lo logra la escritura humana?
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