Un multimillonario que no repara en destinar billones a salvar la humanidad es artífice de la creación de los cincuenta silos a donde irán los refugiados cuando la destrucción del planeta sea inevitable, según remarca con énfasis la tercera temporada de la teleserie Silo [1]. Este peligro inminente parte del programa nuclear iraní, lo que también la serie deja claro y sin derecho a alternativas. Se combina así la axiología emocional de salvar la humanidad —tópico recurrente en la industria cultural—, con los objetivos militares concretos de la política imperial y la escalada del fascismo MAGA. Sirve la imagen como muestra del proceso de limpieza de acciones que supuestamente parten de la iniciativa privada y representan el puente único posible para el éxito. Este multimillonario actúa como metáfora exitosa del capitalismo, la más viable para salvar la humanidad, víctima de sus propios defectos y corruptelas y no del accionar de las corporaciones que el multimillonario representa.
En una perspectiva análoga surge la “revelación” de las granjas de bots, como si fuesen iniciativas privadas de millonarios derechistas que defienden sus posturas políticas. Las granjas de robots no son, como sugieren diversas variables noticiosas, una propiedad de un millonario determinado, por cuestionables que puedan ser sus mecanismos de enriquecimiento; las granjas de bots son instrumentos creados y financiados por los aparatos de inteligencia estadounidense para inclinar a su favor la balanza ideológica en la guerra cultural. Esos dueños-operadores de las granjas trabajan para satisfacer intereses predeterminados y, a partir del presupuesto que las Agencias les asignan, legalizan como propias las empresas. [2] Suya es la expresión “guerra cultural”, utilizada en plena campaña para reivindicar una presunta legitimidad de la derecha a neutralizar cualquier alternativa política que califiquen de izquierda, o comunista.

El estratega de la ultraderecha Fernando Cerimedo reconoció públicamente el influyente papel que jugaron sus “operadores” en los procesos electorales del Cono Sur, con operaciones de descrédito político incluidas. Entre varios objetivos, habló del “cartel de los soles”, un engendro mediático que los dueños de las granjas usarían como pretexto para el ilegal secuestro del presidente constitucional venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Sus declaraciones, de las cuales se jactó públicamente, revelan desde cuánto tiempo atrás ese operativo ha sido puesto en marcha. Se comprobó que el llamado “cartel de los soles” era una falacia, pero quedó invisible para el ámbito noticioso, del mismo modo en que se obvia el punto de partida de este fenómeno que de pronto ocupa la atención de parte de los analistas.
Quizás este señor se ha convertido en una pieza prescindible del tablero y viene bien como un chivo expiatorio para la convencional y nunca practicada limpieza de imagen de la manipulación de las campañas. A fin de cuentas, era vox populi que estas operaciones se llevaban a cabo y ello tampoco condujo a cuestionar los negocios empresariales resultantes de tráficos de influencias y servicios de cabildeo político, pues se dan por riqueza legítimamente acumulada.
“(…) es esencial tener en cuenta el origen de esas granjas de bots y sus silos de manipulación e injerencia: la maquinaria imperial que convierte en instrumento objetivo cualquier institución, cualquier negocio, cualquier acción individual del ciudadano”.
Proliferan explicaciones bien intencionadas que definen qué es una granja de bots. Oficinas con cientos de teléfonos, de cincuenta chips por cada uno, que operan repitiendo líneas de mensajes establecidas desde un número reducido de computadoras. Sigue a esta explicación qué son los trolls. Personas asalariadas para reproducir y reinsertar en sus contextos de interacción en redes las líneas de mensajes que los robots han puesto en marcha. Por último, quiénes son los odiadores. Usuarios de redes que asumen esa información y sus valores ideológicos como su propio criterio y, con poca o ninguna consulta, difunden los patrones de juicio circulados previamente.
Si bien es necesario conocer esta nomenclatura, es esencial tener en cuenta el origen de esas granjas de bots y sus silos de manipulación e injerencia: la maquinaria imperial que convierte en instrumento objetivo cualquier institución, cualquier negocio, cualquier acción individual del ciudadano.
Notas:
[1] Serie basada en las novelas Crónicas del Silo, de Hugh Howey, que el autor publicó a cuenta propia.
[2] Vésase un detallado análisis en http://www.cubadebate.cu/especiales/2026/08/24/como-construyo-fernando-cerimedo-un-puente-entre-miami-y-el-poder-politico-de-washington/



