Hace 66 años de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución, una organización que, una vez creada, se convirtió en un soporte de la Revolución y que aúna, todavía hoy, a la mayoría de los cubanos mayores de 14 años de varias generaciones.
Corría el año 1960, el 28 de septiembre, y justamente en la terraza del Palacio Presidencial, ante miles de personas y luego de escuchar detonaciones de varios petardos, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz anunció:
“Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva. ¡Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva! Y vamos a ver cómo se pueden mover aquí los lacayos del imperialismo, porque, en definitiva, nosotros vivimos en toda la ciudad, no hay un edificio de apartamentos de la ciudad, ni hay cuadra, ni hay manzana, ni hay barrio, que no esté ampliamente representado aquí”.
Eran tiempos difíciles, la Revolución naciente enfrentaba la oposición de grupos contrarrevolucionarios, y nació para cumplir su papel inicial, que después fue evolucionando según el momento histórico que ha vivido el país.
Integrados por el pueblo, por los vecinos de cada barrio a lo largo y ancho de la Isla, su principal tarea fue vigilar y defender las conquistas de la Revolución. De día y de noche se mantuvieron activos para evitar cualquier acto de sabotaje y espionaje.
Sus inicios fueron de mucho entusiasmo y protagonismo, tiempos en que los CDR, además de la vigilancia que es su principal función, tuvieron tareas relacionadas con la salud, la educación, el trabajo político ideológico, las actividades con los jóvenes y los niños, el censo de la vivienda y otras disímiles labores importantes para la sociedad.
A más de seis décadas de creados, aún esta organización mantiene su esencia, y se atempera cada día más a la situación específica del país, y su función se observa, sobre todo, desde el punto de vista social.
Recordemos con qué afán y responsabilidad los CDR asumieron parte del protagonismo en las comunidades y barrios durante la epidemia de la Covid-19. Ellos, junto al Gobierno, y otras organizaciones colaboraron con la atención a personas enfermas y vulnerables en las cuadras, con la provisión de víveres y demás.
Por supuesto que se hace necesario la revitalización de muchas de sus actividades claves, el volver a enamorar a los jóvenes y niños y rescatar las labores que hacían en un inicio en aras de combatir lo mal hecho en los barrios.
No obstante, los CDR todavía son necesarios en esta Cuba de hoy, porque debemos partir del concepto de vigilancia las 24 horas, es desde los barrios que se puede seguir combatiendo los delitos y las indisciplinas sociales, y a la vez evitar muchas manifestaciones negativas, a partir del trabajo educativo e ideológico.
Son los CDR los que realizaron siempre las campañas de salud, de limpieza y actividades culturales y deportivas, iniciativas que son parte de su quehacer, así como fomentar la unidad entre los vecinos, un lema que siempre estuvo activo en esta organización.
A pesar de las condiciones actuales, los CDR mantienen las actividades comunitarias y se ha visto ejemplos de cómo son capaces de involucrar a los habitantes de una comunidad para dar solución a problemas locales.
Indudablemente, han permitido que el pueblo sea protagonista del proceso revolucionario, que participe de forma directa en la construcción y defensa del sistema social y que cada 27 de septiembre, en la noche, en cada cuadra de este país se reúnan niños, jóvenes y adultos en un ambiente festivo y familiar, y alrededor de la caldosa celebren cada nuevo aniversario de la organización.


