¿Qué significó para ti a nivel personal y profesional interpretar a Lía?
“Significó un reto, una oportunidad en mayúsculas, responsabilidad, significó que yo pusiera más entrega, adicional a la que normalmente pongo, que es bastante. Normalmente escucharás a muchos actores decir: yo no quiero un protagónico porque protagónico siempre es bueno, no te permite desplazarte, moverte bien. Eso es una realidad. Pero lo que sucede con Lía es que no es la típica protagonista de una novela, Lía tiene unos contrastes, navega entre aguas y te permite sacar un abanico amplio de emociones, expresiones, etc”.
Asumir un rol protagónico en una telenovela siempre implica una enorme responsabilidad ¿cómo enfrentaste la exigencia de liderar la historia?
“Yo no vi como tal que tenía la exigencia de liderar la historia, porque yo contaba con un equipo donde la responsabilidad no recaía solamente en mí, ahora, yo tenía que estar a la altura, en primer lugar, por la defensa del propio personaje, y en segundo lugar, porque habían convocado a la novela a otros excelentes actores que respeto muchísimo. Entonces no lo veo como un ente individual, sino como un trabajo en colectivo y un producto en general que hay que sacar adelante.
“Mi familia entera tiene un fuerte peso en la novela y está ahí demostrándolo la talentosísima Yamira Díaz, está mi hermano Jonathan, Alfredo, y está mi hermano menor, Daniel Barrera. También existen otros actores que, por el simple hecho de hoy tocarme a mí ser la protagonista, y ellos estar en el mismo proyecto, como es el caso de Mayra Mazorra, Fernando Hechavarría, Daisy Quintana, José Luis López, que son actores de la vieja guardia, de la vieja escuela, que respeto muchísimo y era como un compromiso que yo tenía conmigo misma de que estos grandes actores disfruten a Lía, esa era más bien la demanda que yo me hacía a mí misma”.
¿Qué aspectos de la personalidad de Lía resonaron más con Flora?
“Entre Lía y Flora resonaron dos puntos importantísimos, el amor a la familia y el no traicionarse. Ya hoy que puedo hablar un poco más, vamos a ver a medida que pase la novela que Lía no se traiciona. Ella, sí, tenía una misión, un plan, algo que resolver por su familia, pero sin traicionarse, y fue inmediatamente la primera respuesta que dio cuando se enamoró de aquel nombre que le habían dado como el culpable de todo lo sucedido con su hermano y decidió vivirlo con valor. Ella comprobó que no, se adentró en la historia y sigue en la búsqueda.
“Otro punto es que sabe separar. Aunque sea la misión por la familia, no la ciega. Y eso también tiene que ver mucho conmigo porque mi madre me enseñó que ella nunca estaba ciega ni con sus hijos. Entonces eso también es un punto que Lía y Flora tienen en común, no cegarse».
«Aunque sea la misión por la familia, no la ciega. Y eso también tiene que ver mucho conmigo…»
¿Y cuáles te exigieron un mayor trabajo de investigación o transformación?
“Puntos ajenos, que demandaron mucho de mí, pues que yo soy un poco más frontal. Lía, a pesar de que es frontal y directa en la medida que su posición le permite, tiene esa habilidad de ser más cautelosa, estar como de cacería, como un felino, midiendo bien hasta dar el zapazo. Yo soy más directa, más de ir a preguntar y de ir a resolver. No de esperar tanto ni fabricar un plan. Cosas como la venganza en mi sistema no existen. Yo más bien creo en el karma. Yo sí hubiera tomado una postura ante esto, en caso de que me hubiera sucedido a mí, pero no adentrarme en una familia para vengarme. Quizás hubiera pagado a un detective, hubiera usado otras herramientas, hubiera venido para La Habana, me hubiera acercado, pero no me hubiera adentrado así, en un plan a esos niveles. No puedo sostener una mentira a los niveles que Lía la sostiene.
“Eso me costó un poco de trabajo. No le hice resistencia, porque rápidamente tuve que empezarla a amar y a querer para poderla defender, pero trabajé mucho en cómo la justificación del amor a su familia la llevaba ahí y cómo una vez después de estar ahí, el amor por su pareja hace que ella empiece a defender a su pareja de su propia familia, y es el dilema mayor de este personaje. Entonces esos serían los puntos en común y los puntos en contra.
“Me tomó también un poco de trabajo, investigación, sentir, abogar, por eso que nace ya con nosotros las mujeres, que es la maternidad, porque eso es otra cosa. A partir de la maternidad, a partir de que Lía queda en estado, hay un cambio en ella y para con todo el mundo, porque ella ya lleva una vida en su vientre. Y mientras más esa barriguita va creciendo, más ella se vuelve esa mujer que ya tiene una familia que defender. Aparte de la suya, por la que vino a buscar la venganza o la justicia, y yo no soy madre, o sea, tuve que investigar, tuve que empezar a mirar a madres, a hablar mucho de sus hijos, a meterme en el materno, a ver qué es lo que pasa a nivel de sensaciones cuando uno está en estado con relación a los conflictos que se presentan.
“Y el super mega compromiso de responderle a Félix Ruiz otra vez la oportunidad, y esta vez la oportunidad del protagónico. Eso era lo que me tenía sin dormir también, porque es extremadamente bello que te vuelvan a convocar, y esta vez con el protagónico. Así que mi infinita gratitud siempre hacia él”.
“Ella no es mala, ha dado pruebas de que se enamoró de Yadrián…¨
El público cubano sigue la telenovela nacional con mucha pasión y criterio. ¿Cómo has vivido la retroalimentación de la audiencia en las calles o en redes sociales a medida que avanza la trama?
“Ha sido un proceso interesante con respecto a la retroalimentación, partiendo de que mi personaje navega en unas aguas, pero está siendo actualmente por las redes sociales tratado con un poco de resistencia, le están haciendo rechazo, le reclaman , y aquí está sucediendo algo que no entiendo muy bien. ¿Dónde está el cubano que se llena la boca de decir, por mi familia lo que sea? Aquí hay cosas claras que han sucedido y que hemos estado dando en la historia: hubo una injusticia con el personaje de mi hermano, una injusticia a niveles grandes, aun hombre se le arrebataron cuatro años por alguien que decidió perjudicarlo. Entonces, la familia decide tomar acción, ya que no hubo justicia por la parte legal, parece que el trabajo estaba tan estupendamente bien hecho que la policía no pudo encontrar al verdadero culpable. Por tanto, la familia queda con una insatisfacción y una impotencia que deciden venir a hacer justicia, dicho a lo Jonathan, a vengarse. Es totalmente comprensible la reacción de Lía, de Elsa, de Ernest, pero el público la está atacando y está dando por sentado que ella es mala.
“Ella no es mala, ha dado pruebas de que se enamoró de Yadrián, y estoy asombrada porque el público no ha entendido del todo a Lía, o sea, creo que ha simpatizado demasiado con el personaje de Yadrián y ha tapado el sol con un dedo con respecto a lo que le pasó a esa familia verdaderamente. En la calle me piden de favor que no sea mala, que me quieren mucho, que ese personaje que estoy haciendo, que les encanta, que sienten que les encanta mi trabajo. A las personas les ha gustado la pareja de Lía y Yadrián, pero a mí ahora mismo me están atacando sobremanera.
“No deja de sorprenderme esto porque, si yo estuviera haciendo una villana, lo puedo entender, pero Lía tiene tiene una justificación, un por qué sólido, concreto. Solo me encantaría que el público en las redes tuviera más empatía, que fuera honesto y dijera qué hubiera hecho en la posición de Lía. Seguramente hubieran encontrado caminos más justos, quién sabe, este fue el que ella encontró, pero es una acción-reacción a lo que le pasó con la familia”.
«Lía tiene tiene una justificación, un por qué sólido, concreto. Solo me encantaría que el público en las redes tuviera más empatía…»
Una telenovela exige un ritmo de grabación intenso, especialmente en las actuales condiciones, y una gran compenetración con el equipo. ¿Cómo fue la dinámica de trabajo con la dirección y el elenco durante el rodaje para lograr el resultado que hoy se ve en pantalla?
“La relación con el equipo en general fue maravillosa, con mis colegas, con el equipo de dirección, fue genial. Poder contar con ese director que tanto aprecio, poder sentirme respaldada, cuidada, dirigida y, a la vez, contar con un equipo técnico dirigido por él que apoyaba mucho a Lía en cada escena. Ella tiene muchas escenas de soledad y ese apoyo fue una garantía de dar los pasos mucho más firmes.
“Fue una novela de una muy buena convivencia, de respeto, confianza y en cuanto a los colegas, por favor, mis compañeros, mi familia, hasta con mi enemiga Camila, pues la relación con Lisandra Batista fue espectacular. Yo amé el proceso con cada actor con que coincidí y hoy en pantalla disfruto mucho de los que no pude coincidir.
“Se vivió mucho compañerismo, porque además, enfrentamos una enfermedad de chikungunya que atacó casa por casa de los personajes y había un sentido ahí de protección, de cuidado, que fue muy bonito también y aprendí del maestro Jorge Luis López, que fue el que más quedó lastimado con esa enfermedad, que el juego no se acaba hasta que se acaba y, sintiéndose extremadamente mal, en una silla de ruedas, Jorge Luis no abandonó el proyecto. Eso fue una enseñanza de vida. La disciplina que puede tener un actor nadie la calcula, aún es sus días más difíciles.
Mirando hacia atrás, desde tus primeros pasos en la actuación hasta este momento en Entre Aguas, ¿cuánto sientes que has evolucionado profesionalmente?
“El camino ha sido hermoso, maravilloso. Yo veo al día de hoy y hay un porciento elevado de satisfacción. Muchas cosas que vencer todavía, muchas cosas que pulir, muchas cosas que trabajar, sí, hasta el último día seguramente van a existir cosas que podemos perfeccionar. Pero ha habido un recorrido en evolución y eso me gusta, eso lo agradezco y es gratificante, por muchas razones: la madurez para poder interiorizar más las voces de mando del director, poder llegar a acuerdos, dejarme guiar y ver el resultado, entender con más profundidad de análisis el por qué de esa voz de mando que se me está dando, por qué del director está tomando esa decisión con el personaje y tratar de hacer lo mío”.
