66 años después, los CDR siguen pidiendo sangre: La historia detrás de las «donaciones voluntarias» en Cuba

A punto de cumplir 66 años, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) siguen pidiendo sangre.
Una información publicada este miércoles por Granma sobre las actividades de la organización en Holguín asegura que «se impulsan también las donaciones de sangre» y destaca la respuesta de los cederistas a las convocatorias para acudir a los bancos de extracción.
No deja de resultar significativo que la sangre aparezca en el mismo artículo junto a otra de las misiones históricas de los CDR: la denominada «vigilancia popular revolucionaria».
Ambas tareas acompañan a la organización prácticamente desde sus orígenes. Mucho se ha escrito sobre el papel de los CDR en la vigilancia de los barrios, la elaboración de informes sobre los vecinos o la colaboración con los órganos de seguridad.
Menos conocida es su participación durante más de seis décadas en la captación sistemática de sangre entre la población.
Una actividad presentada siempre como voluntaria y altruista, pero organizada también mediante planes, metas, compromisos y emulación.
De la vigilancia a la captación de sangre
Los CDR fueron creados por el dictador Fidel Castro el 28 de septiembre de 1960. Apenas unos meses después ya participaban en campañas de donación.
Una reconstrucción histórica sitúa esa actividad desde enero de 1961 y, cuando en 1962 comenzó a organizarse el programa cubano de medicina transfusional, los Comités adquirieron un papel central en la promoción y captación de donantes.
Durante la Crisis de los Misiles de octubre de aquel año, la movilización permitió realizar unas 8.000 extracciones en La Habana en apenas 72 horas.
Otro momento decisivo llegó tras el terremoto de Perú de 1970. Cuba envió parte de sus reservas de plasma y Fidel Castro impulsó una campaña para reponerlas y auxiliar a las víctimas. En solo diez días se realizaron 104.594 donaciones.
Un testimonio recogido posteriormente por la investigadora Marta Harnecker muestra cómo operaba aquella movilización. Un cubano que entonces era subdirector de una escuela recordó que en su centro «se nos dio la tarea de captar donaciones de sangre».
Lo que inicialmente podía responder a emergencias terminó incorporándose a la actividad ordinaria de los CDR.
En el informe presentado al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1975 se atribuyeron a la organización 1.181.000 donaciones de sangre durante sus primeros 15 años de existencia.
La sangre se había convertido en otra «tarea revolucionaria».
Donaciones voluntarias… con un plan que cumplir
Con el paso de los años se consolidó una peculiaridad que todavía persiste: las donaciones son oficialmente voluntarias, pero su captación se organiza mediante cifras concretas que territorios y estructuras deben alcanzar.
En 2006, por ejemplo, los CDR de Granma celebraron haber llegado a 35.000 extracciones y ser los primeros del país en completar la cantidad a la que se habían «comprometido» durante aquel «año emulativo».
El propio título de la información resumía la contradicción: «Cumplen los Comités de Defensa de la Revolución en Granma plan anual de donaciones voluntarias de sangre».
En 2017, Granma celebraba 50 meses consecutivos de cumplimiento del Plan de Donaciones Voluntarias de Sangre. Provincias y municipios tenían asignadas cantidades específicas: Pinar del Río debía conseguir 1.833 donaciones mensuales y Cienfuegos, 1.125.
Las metas llegaban incluso a las estructuras sanitarias de las comunidades. En 2020, el policlínico de Esmeralda, en Camagüey, tenía asignado un plan trimestral de 68 donaciones y la Dirección Municipal de los CDR participaba en las convocatorias desde las circunscripciones.
Que un sistema sanitario planifique las reservas de sangre que necesita no demuestra que los ciudadanos sean obligados a donar. La particularidad cubana está en otro lugar: durante décadas, una organización política de masas implantada en cada barrio asumió la responsabilidad de movilizar donantes y responder por determinados resultados.
Así, conceptos como «voluntario», «plan», «compromiso», «cumplimiento» y «emulación» terminaron conviviendo dentro del mismo sistema.
Cuando el paciente tiene que buscar la sangre
Hay otra cara menos institucional de esta historia.
Durante años, numerosos cubanos han relatado que antes de determinadas operaciones el paciente debía conseguir un familiar, amigo o tercera persona que donara sangre.
La práctica sigue apareciendo en testimonios recientes.
En junio de 2025, el medio oficialista Escambray documentó que en Sancti Spíritus, como en otras provincias cubanas, las transfusiones de sangre dependían cada vez más de la buena suerte o del bolsillo del familiar.
Antes, en abril de ese año, el medio independiente 14ymedio alertaba que la escasez en los bancos de sangre había generado incluso un mercado informal que se extendía incluso hasta las redes sociales: personas que ofrecían donar a cambio de entre 5.000 y 7.000 pesos cubanos.
La obligación de aportar un donante no figura oficialmente como requisito general para una intervención quirúrgica, por lo que conviene distinguir esos testimonios y prácticas hospitalarias de una normativa estatal expresa.
Pero la escasez es real. Cuba pasó de 690.450 donaciones en 1990 a 254.845 en 2023, según cifras recogidas en los anuarios sanitarios.
La enorme maquinaria de movilización social que durante décadas consiguió cientos de miles de bolsas anuales ya no produce los mismos resultados.
Sangre, plasma e industria
Existe además una vertiente económica que añade otra dimensión a la historia.
Un documento oficial del ministerio de Salud Pública para el periodo 2021-2025 establecía dos indicadores distintos: el «plan anual de donaciones de sangre» y el «plan anual de donaciones de plasma a la industria». Para recibir una evaluación favorable, ambos debían alcanzar el 100 %.
Cuba desarrolló durante décadas una industria de fraccionamiento de plasma y producción de hemoderivados.
Archivo Cuba, organización dirigida por la investigadora María Werlau, calculó a partir de estadísticas internacionales de comercio que entre 1995 y 2019 Cuba exportó 1,323 millones de dólares dentro de una categoría que comprende sangre, plasma, componentes sanguíneos y productos medicinales derivados.
El dato requiere una precisión importante: esa clasificación comercial es amplia y no permite afirmar que esos ingresos procedieran directamente de bolsas entregadas por donantes cubanos. Tampoco existe evidencia pública que permita seguir una donación captada por un CDR hasta un producto posteriormente exportado.
Lo que sí está documentado es el interés económico del Estado en el plasma. En 2025, BioCubaFarma buscó inversión extranjera para construir un centro de plasmaféresis destinado a obtener y comercializar plasma, cuya venta permitiría recuperar la inversión.
El contraste resulta difícil de ignorar: durante décadas el Estado ha movilizado a la población para aportar gratuitamente una materia biológica que también alimenta una industria con valor económico.
66 años después, todavía hay que cumplir
La historia llega prácticamente intacta hasta el presente.
En julio de 2026, un barrio de Holguín se propuso conseguir 100 donaciones de sangre como «compromiso con Fidel» por el centenario de su nacimiento. La prensa local llegó a contabilizar cuántas faltaban para «cumplir la meta».
Ahora, a pocos días del aniversario 66 de los CDR, Granma vuelve a destacar que en Holguín «se impulsan» las donaciones y se convoca a los cederistas a presentarse en los bancos de extracción.
Y en Pinar del Río, La Palma acaba de ser reconocida como Vanguardia de los CDR tras alcanzar, entre otros indicadores, el 102 % de su plan de donaciones de sangre.
Han pasado más de seis décadas desde las primeras campañas. Cuba ha cambiado, los CDR han envejecido y perdido buena parte de la capacidad de movilización que tuvieron en otros tiempos, mientras el país afronta una severa disminución de las donaciones.
Pero el mecanismo conserva algo esencial de sus orígenes: captar donantes, movilizar el barrio, fijar una meta y cumplirla.
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