La Habana es una ciudad hermosa y bien ubicada en el mar Caribe. Ni foráneos ni nacionales dudan de ello. Ha sido durante siglos el deseo expreso o velado de piratas, corsarios y algún que otro presidente norteño con ansias de poseer la Llave del Golfo. En la actualidad continúa llamando la atención por sus edificaciones de arquitectura colonial, barroca, neoclásica y moderna. La adornan extensas avenidas repletas de árboles centenarios y en sus innumerables parques las familias tienen posibilidad de tomar aire fresco y descansar durante el verano. Allí, los más pequeños pueden pedalear en sus bicis y los mayores jugar con sus pelotas de fútbol. Los bancos de estar resultan imprescindibles para esos menesteres. Los de más edad se sientan a conversar mientras vigilan el juego de los menores; disfrutan de ese espacio construido y reconstruido gracias al empeño de la sociedad para disfrute de todos. Pero… aquí hay un pero enorme: la mayoría de los bancos de los parques capitalinos se han “esfumado”: han sido desprendidos de sus plataformas de concreto por individuos inescrupulosos, que luego los venden a particulares y algunos destrozados en acciones vandálicas sin sentido. BOHEMIA les ofrece algunos ejemplos:
Fotos. / YASSET LLERENA






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