Leyanis Trujillo recuerda el 14 de junio de 2026 como el día en que su mundo se detuvo. Su hija Paloma, de siete años, llegó al hospital con fiebre de 40 grados. Tres días después entró en terapia intensiva con un shock séptico que amenazaba con apagar cada uno de sus órganos.
Paloma vuelve a Terapia Intermedia, donde dio sus primeros pasitos tras un mes de fisioterapia y curas.La niña estuvo 28 días con ventilación mecánica, 17 de ellos en estado crítico. Tras tres intentos fallidos de desentubarla, fue necesario practicarle una traqueotomía. También desarrolló úlceras por presión. «Fueron momentos que no quisiera volver a recordar», dice Leyanis, quien encontró consuelo en la fe.
Cada vez que el médico me decía, mamá, la niña está en estado crítico, con peligro para la vida, yo no comía. No podía. Yo no tenía vida, rememora, aguantando el llanto.
Ese mismo junio, Carmen Yisel Hinojosa, de seis años, ingresó con un síndrome febril que derivó en meningitis, neumonía y shock séptico. Estuvo cerca de dos meses hospitalizada, período en que transitó por terapia intensiva, intermedia, y sala; “estuvo muy, muy, muy grave”. -dice la abuela, cargada de recuerdos y reconoce la buena atención: no tenemos queja de los médicos, ni de nadie de la salud”.
Carmen es una niña activa, llena de vida. Está en la compañía de teatro infantil La Colmenita de Guantánamo. Canta, baila. Pero cuando despertó del shock séptico, algo no estaba bien. Desde el punto de vista neurológico, tenía problemas. No hablaba. Tenía movimientos involuntarios.
Carmen Yisel junto al equipo médico que, contra todo pronóstico no la dejó morir.Pero a sufavor contaba con un equipo multidisciplinario que no se rindió. Neurólogos, psicólogos, psiquiatras infantiles, inmunólogos y entre ellos Maydolis Tirado Soler, especialista de segundo grado en Pediatría y Medicina Intensiva, jefa del Grupo de Pediatría y de la sala de cuidados intensivos, quien apunta:
«Un detalle que hace más extraordinaria la historia de Carmen es que sus padres son sordomudos, un desafío adicional para la comunación del equipo médico, el cual fue superado».
La doctora Tirado Soler precisa en esta historia que a la sala primero entró Paloma, y saliendo ella, ingresó Carmen Yisel.
Ambas llegaron en estado muy crítico desde el primer día. Necesitaron soporte ventilatorio, entubación, ventilación mecánica. Tuvieron una estadía prolongada, con diagnósticos parecidos: sepsis proveniente de neumonía, que fue evolucionando y complicándose hasta llegar a su máximo estadio, un shock séptico.
“Tuvimos que trabajar mucho -señala la jefa de la sala de cuidados intensivos- fue un reto diario. Todos los días había una nueva complicación. Hicieron disfunción múltiple de órganos, es decir, que prácticamente todos los órganos del organismo no estaban funcionando. Los teníamos nosotros funcionando por los medicamentos, por la entubación, por los aparatos.
“Las dos tuvieron soporte de drogas vasoactivas, esas que se ponen para que el corazón pueda latir y mantenerse, porque el corazón no late solo, si no se mantiene el aporte sanguíneo.
“Muy difícil, realmente fue muy difícil -puntualiza la jefa del grupo pediátrico-. No eran las únicas, el servicio estaba prácticamente lleno; circulaban otros niños, afecciones respiratorias, dengue aunque las versaderamente complicadas eran ellas.
“Era un reto muy fuerte enfrentar a la familia en las entrevistas; esperan una palabra de aliento y en cambio fueron muchos días sin decirles lo que querían escuchar.
Recuerda la doble especialista que con Paloma la batalla fue especialmente dura, porque no podían separarla de la máquina de ventilación mecánica.
«Tras tres intentos fallidos, tuvimos que hacerle traqueotomía, proceder no frecuente en niños. por todo lo que implica desde el punto de vista social y familiar. Se realiza en casos excepcionales, como en Paloma, quien evolucionó favorablemente y al regresar a casa lo hizo sin esa intervención.
Carmen Yisel -explica- no necesitó traqueotomía, pero también fue difícil. el manejo del shock séptico, la disfunción de órganos, y los muchos días de ventilación mecánica.
“Cuando la estábamos descomplejizando desde el punto de vista de los aparatos, presentó problemas neurológicos: no hablaba, tenía movimientos involuntarios, precisa.
Interconsultaron con el equipo de salud mental del hospital, que también hizo un trabajo muy bueno y decidieron sacarla del servicio de terapia intensiva. En intermedia se recuperó.
“Tras el regreso a casa nos han enviado videos de ellas cantando, hablando y agradeciendo, y ya han venido a visitarnos” -apunta con satisfacción la doctora Tirado Soler y habla de su equipo con orgullo. Un colectivo joven de ocho especialistas y seis residentes,.
“Trabajamos en equipo multidisciplinario -reitera la doctora e insiste en relacionar: nefrólogos, neurólogos, psicólogos y psiquiatras infantiles, la inmunóloga; el resultado es colectivo”.
Terapia intermedia: el camino de regreso a la vida
La doctora Sureya Mayos Quibert, especialista de Primer Grado en Pediatría y diplomante en Terapia Intensiva, jefa del servicio de Terapia Intermedia, recuerda el momento en que Paloma ingresó a su sala.
“Cuando llegó a nuestro servicio, la niña estaba apática, hablaba poco. Nosotros introdujimos la fisioterapia, que le ayudó mucho. No caminaba. Ya con la fisioterapia, a la semana empezó a dar pasitos, se reía. La madre le compró una muñeca, nos enseñaba la muñeca», rememora.
Paloma estuvo un mes en terapia intermedia. Allí le realizaron las curas de las úlceras por presión.
“A pesar de la situación del país, se garantizó todo lo necesario: el Evermean, un medicamento para ayudar al crecimiento del tejido; el tratamiento antimicrobiano; las mallas térmicas que usan los médicos de caumatología», detalla la especialista.
Felizmente, al mes de estar con ellos, fue egresada con seguimiento.
«La experiencia fue gratificante. A los 15 días de estar con nosotros, un día la madre me enseña un video de Paloma cantando. Esos avances, a los médicos y personal de salud, nos da mucha alegría, resultan del esfuerzo día a día, a pesar de carencias. Los pacientes infantiles son nuestra razón de ser y seguiremos salvando vidas”.
El regreso
Paloma y Carmen Yisel volvieron a casa, y eso, en un hospital donde tantas batallas se libran en silencio, es una victoria que se celebra con humildad.
Paloma , ya recuperada junto a su mamá.Hoy Paloma se pone los tacones de su mamá y se mira en el espejo. No sabe que estuvo 28 días entubada. No sabe que la familia temiò perderla. Solo sabe que los tacones le quedan grandes, y quiere volver pronto a bailar en la campañía de danza fragmentada.
Su madre la observa y calla. Hay días en que el simple hecho de verla caminar hacia la cocina es un milagro que no cabe en ninguna oración.
Carmen Yisel muestra uno de los juguetes que recibió durante su hospitalización, y dice que cuenta los días para volver a la Colmenita.Carmen Yisel, por su parte, cuenta los días para volver a la Colmenita. Quiere cantar de nuevo. Quiere ver a sus compañeritos. Quiere que la abuela la lleve el viernes y no faltar nunca más.
Su abuela la escucha y sonríe, pero por dentro agradece en silencio a cada médico, a enfermera, a cada persona que, sin conocerlas, oró por su nieta.
Las dos niñas no se conocían. Pero sus historias se cruzaron en un verano que no fue verano, en una sala de terapia intensiva donde un equipo de médicos jóvenes sabe que la medicina no siempre gana, pero que rendirse nunca es una opción.
La jefa del Grupo de Pediatría así lo reconoce: «No hay nada más gratificante que ver a estos niños regresar con todas sus capacidades recuperadas».
Y es cierto. Hay algo que no cabe en los informes médicos ni en las estadísticas: la certeza de que, a veces, la vida se abre paso no con grandes gestos, sino con pequeños milagros cotidianos. Un paso. Una sonrisa. Porque cuando todo parece perdido, siempre hay alguien dispuesto a luchar, a esperar, contra todo pronóstico, el regreso de la vida.
