Carolina Barrero advierte que la crisis en Cuba no garantiza una transición: «Los autoritarismos pueden sobrevivir durante mucho tiempo administrando el deterioro»

La opositora cubana Carolina Barrero advirtió que la profunda crisis económica, energética, demográfica e institucional que atraviesa Cuba no debe interpretarse automáticamente como la antesala de una transición política, porque un régimen autoritario puede prolongar su supervivencia incluso en medio de un fuerte deterioro del país.
«Los autoritarismos pueden sobrevivir durante mucho tiempo administrando el deterioro, distribuyendo selectivamente la represión y expulsando fuera del país una parte importante de la presión social», afirmó Barrero en una extensa entrevista publicada este martes por la revista independiente El Estornudo.
La activista, recientemente nombrada Embajadora por la Libertad de Freedom House, sostuvo que Cuba atraviesa una crisis «extraordinariamente profunda» que abarca la economía, la demografía, la energía, las instituciones y la legitimidad del sistema.
Sin embargo, estableció una diferencia entre el debilitamiento del gobierno y la capacidad de la oposición para convertirse en una alternativa política.
«La profundidad de la crisis del régimen no equivale automáticamente a la capacidad de la oposición para producir una alternativa política. Son dos variables distintas», señaló.
Para Barrero, sería un error confundir la permanencia del sistema con fortaleza, pero también asumir que su debilidad conducirá inevitablemente a una transición democrática.
Sus declaraciones llegan en momentos en que Cuba enfrenta una severa crisis económica y social. Freedom House mantiene a la isla clasificada como “No libre”, con una puntuación de apenas 9 sobre 100 en su informe Freedom in the World 2026.
La organización señala restricciones al pluralismo político, los medios independientes y las libertades civiles.
Barrero identificó además la fragmentación de la oposición cubana como uno de los problemas que considera superables.
A su juicio, durante décadas han existido numerosas iniciativas, liderazgos y muestras de resistencia, pero ha sido mucho menor la capacidad de transformar esa diversidad en una estrategia coordinada.
La opositora hizo una distinción entre unidad y coordinación y defendió la pluralidad política. También señaló como otro déficit la dificultad para transformar la denuncia de la represión en una estrategia capaz de presentar una alternativa política organizada ante un eventual escenario de cambio.
En ese proceso, Barrero atribuyó un papel relevante al exilio cubano, aunque cuestionó dinámicas que, según su criterio, debilitan su capacidad política.
«La frustración es comprensible; convertida en intolerancia, purismo ideológico o descalificación permanente, se vuelve estéril», afirmó.
En su opinión, cubanos dentro y fuera de la isla forman «una sola comunidad política cubana dispersa por muchas geografías», aunque enfrenten condiciones y responsabilidades diferentes.
La activista alertó igualmente sobre los riesgos que implicaría un eventual debilitamiento abrupto de las estructuras estatales sin una alternativa previamente preparada.
Según explicó, un escenario de ese tipo podría desembocar en «vacío institucional, violencia, nuevas formas de autoritarismo o simplemente la recomposición del mismo poder bajo otro lenguaje».
Barrero fue seleccionada este mes como una de las cinco integrantes inaugurales del programa Ambassadors for Freedom de Freedom House, junto a defensores de derechos humanos de otros países. La organización explicó que los embajadores trabajarán para visibilizar amenazas a las libertades, dialogar con responsables políticos y promover la defensa de la democracia.
En la entrevista, Barrero afirmó que una de sus prioridades en el nuevo cargo será mantener en la agenda internacional la situación de los presos políticos cubanos y ampliar el número de gobiernos, organizaciones e instituciones que reclamen su liberación.
La dirigente de Ciudadanía y Libertad también insistió en que la presión internacional puede contribuir a modificar las condiciones en las que opera el gobierno cubano, pero descartó que desde el extranjero pueda producirse por sí sola una transformación política en la isla.
«Ninguna relatoría de Naciones Unidas, resolución parlamentaria, reunión diplomática ni campaña internacional va a producir por sí sola una transición democrática en Cuba», afirmó. «La democratización de Cuba tendrá que ser, fundamentalmente, obra de los cubanos».
Freedom House describió a Barrero como líder política cubana, defensora de derechos humanos y analista política, y destacó que su activismo le costó detenciones arbitrarias repetidas, vigilancia constante, arresto domiciliario y, finalmente, el exilio forzado en febrero de 2022. El gobierno de Estados Unidos condenó públicamente ese exilio forzado en su momento.
En agosto de este año llegó a Miami para iniciar un doctorado en estudios literarios en la Universidad de Miami.
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