Su nombre es Ignacio Turcios Lima Tamayo y ya no es un niño, sin embargo, cuando le pides que te cuente sobre su infancia en la Calle 11 del Vedado, habla en presente, como si para referirse a sus vecinos Fidel y Celia fuera imposible conjugar los verbos en pasado, quizás porque las emociones de aquella infancia cercana al líder se conservan intactas en el hombre que es hoy:
“Haber vivido próximo a Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, es un honor, es un recuerdo tan intenso que para mí es eterno, en el sentido no solo de estar ahí, de tener ese espacio en la historia, sino de recibir directamente ideas, reflexiones, emociones, acciones educativas que me han servido para toda la vida”.
¿Qué impresiones sobre Fidel y Celia guarda hasta hoy?
“Crecer ahí, en la Calle 11 representa el privilegio y la emoción de que, aún cuando eres pionero, tienes la atención de la Secretaria del Consejo de Estado, heroína eterna, la persona sencilla que busca en cada uno de nosotros desarrollar ideas, conocimientos, superación en el orden profesional, en el orden personal.
“Estar con Fidel y con Celia es la energía que se traspola en el universo, porque las emociones siempre son muy intensas, muy intensas, y la voz en ambos, increíble, para nosotros, Fidel, un orador magnífico, pero cuando hablaba con nosotros era algo tan sencillo, tan cálido, tan cercano a uno que se queda con esa emoción, igual era Celia, una voz muy serena, muy cálida y con una intencionalidad educativa permanente.
¿Alguna anécdota de aquellos años que resulte especial para usted?
“Entre las anécdotas, muchas veces, estando nosotros ahí en la calle, jugando, pelotas, ya cuando los compañeros de la guarnición empezaban a decirnos: “oye muchachos, vamos, recojan ahí, vamos, salgan ahí de la calle, y uno miraba en la distancia de la Calle 11 cuando venían avanzando aquellos vehículos, K-69, verde olivo, que el primer vehículo, desde que iba pasando la altura de Calle 11 y Calle 8, antes de llegar incluso a Calle 10, ya uno los veía allá avanzando y haciendo flasheos de las luces, la posta que estaba ubicada en la esquina de Calle 10 y 11, retiraba la cadena y asumía una posición a la altura de 10, eso me causaba siempre una gran impresión, una emoción, porque tú estás viendo el vehículo en marcha y ellos se están tirando y están ocupando las posiciones, luego el descenso de Fidel era un acontecimiento para nosotros, a pesar de ser una imagen bastante habitual, cada instante que eso se producía, la emoción por supuesto era de suma intensidad, es tan interesante y tan fuerte ese proceso, que se te queda en la memoria.
“Cuando el Comandante iba al Colegio Electoral a ejercer su derecho al voto, era la bronca de todos los pioneros, la bronca del mejor sentido de la palabra, porque todos queríamos estar ahí en la urna en el momento que él estaba depositando su boleta, nunca tuve ese honor de estar ahí, pero estaba dentro del equipo de pioneros, y recuerdo los vecinos que se reúnían afuera, nada más el hecho de verlo venir caminando para el Colegio Electoral, es algo que no se puede describir, porque Fidel te emana una energía, hay un karma alrededor de él que por mucho que uno lo veía todos los días, minuto a minuto, es muy intenso. Su mirada, que siempre recorre todo el lugar, y que recorre con la mirada a todos los que estamos ahí en ese momento, siempre nos deja esa impresión”.
En estos momentos, usted es especialista precisamente del Centro Fidel Castro ¿Cuánto ha influido esas experiencias en el investigador que es actualmente?
“Es importante poder demostrar, hoy en día, cuánta ha sido esa influencia de estar ahí esos años, de sentir esa energía, de sentir la sensibilidad humana de Celia, atendiendo personas muy humildes, la sencillez de Fidel, de tener siempre un amor muy intenso para el pueblo, para las personas, sea cual sea su nivel cultural, su origen social, para Fidel y para Celia, es algo grande poder escuchar a alguien muy humilde, entonces uno va viendo y sintiendo esas enseñanzas, y hoy sigo las ideas con las que el Comandante está trabajando día a día, de cómo sentir en cada persona una inspiración, cada lugar donde está Fidel, cada vehículo que en un momento dado él está usando, es una inspiración, porque hoy siento los autos de Fidel, todos los vehículos que veía ahí en la guarnición, el primer lugar era de trabajo, varias veces los vi llegar llenos de fango, evidentemente Fidel vendría de un lugar montañoso, de una zona rural, y eso era algo que llamaba la atención, y es que los vehículos de Fidel son de trabajo y a la vez son de combate, y es importante saber que esos mismos autos que eran de trabajo, de combate, pero también de estudio, porque muchas veces lo vi llegar y venía leyendo, y dejaba el libro o los documentos en el momento en que se bajaba”.
Si le pidieran resumir en pocas palabras la relación de Fidel con la infancia ¿qué diría?
“Diría que es un hombre de mucho amor, que nosotros siempre lo vemos como el duende mágico que abre todas las puertas, dejando entonces la traza de amor y de alegría por donde quiera que está caminando”.