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Desde hace varios días, el emblemático Café Literario, de la ciudad de Santa Clara, brinda un nuevo sabor impregnado de esperanza, pues ofrece a los jóvenes villaclareños con discapacidad intelectual un lugar genuino para crecer, formarse y sentirse parte activa de la sociedad. Se trata del taller Gastronomía sin límites, resultado de la gestión de la Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI) en Villa Clara.
Asociación Cubana de Personas en Situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI):
– Aglutina a las personas en situación de discapacidad intelectual, sus representantes legales y/o sus apoyos, residentes permanentes en el territorio nacional, con el objetivo de promover el desarrollo inclusivo y garantizar el pleno ejercicio de los derechos de este sector de la sociedad.
– Trabaja por el fortalecimiento de los valores de justicia, dignidad, humanismo, honradez, honestidad, solidaridad y responsabilidad.
– Tiene sus antecedentes en el Grupo de Apoyo a las Personas con Discapacidad Intelectual y sus familias (Gadif Cuba), creado en 2013 y con representación en varias provincias de Cuba.
– Cuenta con filiales provinciales de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, Holguín, Granma y Santiago de Cuba.
Así lo confirmó Alexander Reyes Barreto, administrador del Complejo Burguecentro —el cual incluye varias instalaciones gastronómicas—, donde jóvenes con disímiles discapacidades intelectuales encontrarán, tal vez, la oportunidad de su vida: «Es una idea que abrazamos con el corazón. Desde que la presidenta de la Asociación se acercó a nosotros, abrimos nuestras puertas. Poseen nuestro respaldo total. Aquí comenzarán a adiestrarse para su inserción social y en lo adelante, vamos a trabajar con el propósito de que puedan ser contratados en algún servicio y obtener ingresos propios».
Por su parte, Lídice Tomé Sánchez, presidenta de la ACPDI en Villa Clara, explicó que se trata de seguir tocando corazones: «La voluntad de todos los trabajadores del Café es incondicional con nuestros muchachos. Ellos están felices. El taller empieza ahora, pero a largo plazo pudieran quedarse aquí, devengar un salario —ese es el sueño— y ayudar a sus familias. Esto es verdadera integración. Como dice el lema que defendemos todos los días: «Ellos quieren, pueden y lo hacen muy bien»».
«Los mismos asociados pusieron el nombre, porque dicen que el límite para ellos es el cielo. Son capaces de cumplir todos sus sueños, este era uno de tantos y ya lo estamos haciendo realidad. Pronto se incorporarán también al establecimiento El Recreo y esperamos llevarlos, además, a una de las pizzerías ubicadas en el centro de la ciudad para abrir ese horizonte gastronómico», sostuvo.
«Buenos días, ¿qué ustedes desean? Es un placer atenderles. Muchas gracias». Así recibe la joven Claudia Pérez Pérez a los asiduos al Café Literario, con una sonrisa que lo dice todo. «Yo quiero ser gastronómica como mi mamá y aquí voy a aprender a desenvolverme en todo. La Asociación es mi segunda familia y me siento muy orgullosa», comentó.

La dependienta Marillol Fernández Medina suspiró más de una vez para ofrecer su criterio: «Trabajar con ellos y tener la oportunidad de enseñarles ha sido mágico. Es muy bonito, siento que he aprendido también, sobre todo, de amor, de sueños, de qué sí se puede…», aseguró.
A juicio del Dr. C. Karel Llopiz-Guerra, profesor e investigador de la Facultad de Educación Infantil de la Universidad Central «Marta Abreu» de las Villas (UCLV), el proyecto propicia que estos adolescentes y jóvenes salgan de sus casas, se desarrollen libremente en la sociedad y puedan valerse por sí mismos en un entorno laboral. «Este ejercicio les permite aprender la cultura del servir, los hace independientes, y derriba muchas barreras y estigmas que lamentablemente hoy persisten».
Más sueños y metas por la inclusión social
De sonrisas, abrazos y aplausos colmaron el parque Vidal de Santa Clara los niños, adolescentes y jóvenes pertenecientes a la ACPDI, cuando despidieron el verano con una demostración de talento que ratificó la importancia de continuar trabajando juntos para construir una sociedad más inclusiva, enriquecida con las diferencias.
Aunque la filial villaclareña de la ACPDI nació el 12 de diciembre de 2023, no fue hasta el pasado mes de agosto que abrió las puertas su sede, en un local prestado durante un año por la Empresa Provincial de Farmacia y Ópticas, según precisó la presidenta provincial de la asociación.
La posibilidad de contar con un espacio propio ha impulsado la realización de talleres y otras iniciativas para promover la inclusión social, el desarrollo de habilidades y la preparación para acceder al empleo. Aunque muchos de los asociados ya se incorporaron a las escuelas para cursar el nuevo período lectivo, la iniciativa alcanza a aquellos ya concluyeron la enseñanza y los que permanecen en las casas al cuidado de las familias.
«Tenemos dos profesores de la casa de la cultura, uno de canto y uno de danza. Próximamente sumaremos teatro, modelaje, pinturas y manualidades. Contamos con la colaboración de la profesora que dirige la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad Central, quien muy amablemente accedió a darles clases a nuestros asociados.
«Estamos tratando de rescatar a esos jóvenes para que no queden como un eslabón perdido. En la medida que sea posible, con el respaldo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y de nuestros decisores en el Partido y el Gobierno, aspiramos a incorporarlos al empleo. Donde mejor ellos sean capaces de responder, podrían quedarse laborando», detalló Lídice Tomé Sánchez.
Más que derecho o voluntad, la inserción laboral de las personas en situación de discapacidad intelectual constituye una realidad en la escuela Rolando Pérez Quintosa, de la cabecera provincia, donde trabajan siete. El Club Santa Clara incluyó a un joven con Síndrome de Down en su plantilla y se encuentra en trámites la entrada de otro asociado al hospital clínico quirúrgico universitario Arnaldo Milián Castro.
«Son personas que egresan de la escuela y en vez de quedarse en su seno familiar, se incorporan al trabajo, aportan ya su granito de arena en el hogar», resaltó Lídice.
Una asociación que crece
De acuerdo con cifras oficiales de la filial villaclareña de la ACPDI son 509 los asociados, pero otras más de 350 solicitudes de ingreso se encuentran en proceso. «Y según datos de la Dirección Provincial de Salud, al cierre del pasado año, 11 456 personas en Villa Clara tenían discapacidad intelectual. Aún no hemos llegado a todos, debido a las difíciles condiciones que estamos viviendo, pero poco a poco vamos a alcanzar cada rincón», acotó la presidenta.
Actualmente la asociación dispone de representación en Santa Clara, Manicaragua, Caibarién y Placetas. Se está trabajando para incorporar a los territorios de Quemado de Güines y Ranchuelo, y para el próximo año está previsto crear estructuras en el resto de los municipios.

«Estamos haciendo un mapeo en las comunidades, porque necesitamos saber cuántos niños, adolescentes y jóvenes tenemos egresados de las escuelas, cuántos quedan en casa y aún no saben que existimos como asociación ni nosotros no sabemos que ellos están», refirió Tomé Sánchez.
Dada la necesidad de ampliar el alcance y la visibilidad de la ACPDI, su presidenta provincial destaca los vínculos estrechos con las familias, que acompañan a los asociados en las diversas actividades y también reciben preparación para el manejo de la discapacidad intelectual en las diferentes edades; el proyecto Mente Crítica 2.0, de conjunto con la UCLV; las conversaciones con la Federación de Mujeres Cubanas para ampliar las ofertas de cursos; la relación con el Ministerio de Justicia; los convenios con la Cruz Roja Cubana, y la hermandad con las otras tres asociaciones de personas en situación de discapacidad (ANCI, Ansoc y Aclifim), que acumulan mayor experiencia en la búsqueda de la inclusión y el respeto a la diversidad.
Padres, abuelos y otros familiares implicados en cada iniciativa coinciden en que la ACPDI les ha dado la oportunidad de soñar en grande, conocerse entre ellos, amarse, jugar, aprender oficios, integrarse al trabajo, sentir que pueden derribar estigmas y encontrar un camino autónomo y feliz, en compañía de quienes los aman y de toda la sociedad.
«No estamos satisfechos, porque las metas que nos estamos poniendo como asociación son muy altas, pero nos vamos abriendo paso, tratando de soñar y esperando que alguien nos ayude a materializarlas», concluyó Lídice.
Una sede permanente o la colaboración sistemática de empresas y demás instituciones podrían ser metas inmediatas; pero toda dosis de sensibilidad, respeto y empatía hacia una organización que crece guiada por la resiliencia de sus integrantes y se sobrepone a los momentos más duros que vive el país, será bien recibida y retribuida con el amor genuino de quienes tienen la capacidad de no perder la inocencia y la alegría.



