Campeona provincial en la categoría Wellness en 2025 y flamante monarca del Iron Cuba 2026 en la categoría Figura, Miss Lady —entrenadora, empresaria y madre de dos hijos— habla sobre el sacrificio detrás del fisicoculturismo femenino, el cambio de categoría que estuvo a punto de hacerla abandonar la competencia y su papel como formadora de una nueva generación de atletas en Matanzas.
Son las cuatro y media de la madrugada cuando Misleydis Quevedo abre los ojos; a esa hora, mientras la ciudad todavía duerme, ella ya organiza su casa, su gimnasio y la agenda de un día que incluye tres sesiones de entrenamiento, decenas de porciones de comida por preparar y, con frecuencia, alguna llamada de un atleta que necesita consejo.
A sus 38 años, esta matancera acumula dos títulos consecutivos: el año pasado, el primer lugar provincial en la categoría Wellness; este año, la corona del Iron Cuba, pero en Figura, una categoría en la que ni siquiera había planeado competir.
¿Cómo fue la preparación para el Iron Cuba y qué provocó el cambio de categoría?
“La preparación fue bastante dura: entrenamientos intensos y una dieta muy estricta; a mis 38 años tenía que entrenar duro para perder grasa y conservar masa muscular, y eso que además soy mamá, tengo un negocio y soy entrenadora en mi gimnasio”.


“El cambio de categoría, al último momento, me impactó mucho; de hecho, 30 minutos antes de subir a tarima le dije a mi esposo que no podía, que yo no me había preparado para eso”.
“Imagínate, ocho o nueve meses entrenando para una categoría y que te la cambien así; estuve a punto de tirar la toalla, pero coger el segundo lugar no era una opción”.
¿Cuál es la diferencia entre wellness y figura?
“Wellness es una categoría que salió de las brasileñas: mujeres poco trabajadas arriba, cintura estrecha y piernas y glúteos bien hipertrofiados”.
“Mi cuerpo se adaptó por un tiempo a ese régimen, pero sin que yo lo supiera fue cambiando y tuve que aceptar que mi camino real era Figura”.
¿Tiene entrenador o te preparas tú misma?
“Yo soy mi propia entrenadora, cuando no tengo ánimo, cuando hay apagón, cuando los niños se enferman, me tengo que parar frente al espejo y decirme: vamos, que tienes que entrenar y tienes que ganar”.
¿Qué sentiste al consagrarte campeona en una categoría en la que ni siquiera pensabas competir?
“Todavía sin la chapilla en la mano ya sentía que las personas me miraban, cuando me desvestí y caminé, la gente abría paso, me admiré de mí misma, porque me costó mucho sacrificio llegar a esa condición”.
“Sentí un orgullo enorme, y lo volvería a vivir una y otra vez porque me gusta el mundo de la competición y de mostrar mis resultados sobre la tarima”.
¿Cómo ha visto la evolución del culturismo femenino en Matanzas?
“Desde mis primeras competencias se me han acercado muchísimas mujeres interesadas en entrenar, en subir a tarima, en verlo como una calidad de vida”.

“Ya no hay tabúes con las mujeres fuertes, creo que nosotras podemos dar mucho más, en el deporte y en la vida, de lo que damos hoy, que me llamen para preguntarme qué deben comer o cómo entrenar, eso me da gusto”.
–Muchas personas reducen el culturismo de competición a los esteroides, sin ver el sacrificio detrás–. ¿Qué opinas?
“La gente ve algo fuerte y piensa que es solo por esteroides, pero solo ven lo que se muestra en tarima, no ven que hay que estar en la cocina todo el día porque hay que comer cada tres horas, que si se va la corriente hay que volver a cocinar, que hay que salir a la calle con la comida preparada”.
“Es una disciplina que solo tú conoces, y la mente hay que ponerla más fuerte cada día, por eso no todo el mundo se dedica a la competencia: algunos sienten que no son capaces, pero te prepara para la vida”.
¿Cómo concilias la maternidad, el negocio y la vida de competidora?
“Me levanto a las 4:30 a.m, de ahí a 7:00 a.m resuelvo las cosas de la casa; entreno de 7:00 a.m a 8:00 a.m, luego a las 11:00 a.m y otra vez a las 7:00 p.m”.
“Antes de la competencia apenas dormía, a veces cuatro horas, fue una decisión que tomé y no me arrepiento, porque a la postre, es algo que amo”.
-Su gimnasio es uno de los de mejores resultados en competencias provinciales.- ¿Cuál es el secreto?
“Acoger a los clientes de gimnasio y, poco a poco, convertirlos en atletas, hay que hablarles, aconsejarlos; terminamos siendo hasta psicólogos”.

“Soy de las pocas mujeres en Matanzas dueñas de gimnasio, entre tantos hombres, y eso da curiosidad, trato de sembrar en cada uno la semilla de que puede competir”.
“Me gusta ayudar a los jóvenes: les enseñamos, hablamos con sus padres, les explicamos que comer bien no es comer mal, sino educar el estómago para comer sano”.
¿Cómo se trabaja con las mujeres que enfrentan criterios machistas al iniciarse en este deporte?
“Hay que hablar mucho con ellas, me ha tocado el caso de novios que les dicen «pareces un hombre, no entrenes más», y no me toca hablar con el novio, sino con ellas: decirles que son bonitas, que un cuerpo femenino bien trabajado es sexy, es sensual”.
“A todo el mundo, por mucho que critique, le gusta la mujer fuerte, la que piensa en ella misma, las ayudo a ver más allá, a que nadie les nuble la mente sobre lo que ellas quieren”.
“Primero posan delante de todos en el gimnasio, así se rompe el hielo, poco a poco, como una gota de agua sobre una pared”.
¿Qué hacer cuando el resultado competitivo no acompaña tanto sacrificio?
“Ahí nos toca a nosotros motivarlos antes de salir, estar para ellos cuando bajan de tarima, les digo que si alguien les gana, hay que observar las cualidades de esa persona y enfocarse en superarlas, siempre con mente positiva”.
“El segundo o el tercer lugar también es una opción, pero lo importante siempre es competir y dejar lo mejor de ti cuando estés sobre el escenario, lo que un día es una derrota mañana puede transformarse en motivación para volver mejor y más fuerte”.
¿Qué le falta al culturismo femenino matancero para seguir creciendo?
“Romper más el hielo y los tabúes, las rivalidades entre gimnasios son sanas, pero creo que algunos dueños deberían apoyar más estas competencias, que hoy sostenemos con nuestro propio dinero para motivar a los atletas”.
“ Aun así, el tema del gimnasio y la competición ha cogido mucho auge, sobre todo entre los jóvenes, y eso es bueno, prefiero que mi hijo esté tres horas en el gimnasio a que esté tres horas en la calle, considero que los padres deberían verlo de esa manera”.
Si tuviera que definirse en una palabra: ¿la competidora, la mamá, la entrenadora?
Guerrera, porque mi signo es Aries, y soy guerrera.
(Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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