Carmen Rodríguez Acosta y Alberto Rolando Gil Olabarrieta forman un matrimonio de casi medio siglo, con resultados relevantes en investigaciones químicas

Sería imposible confesar quién hala a quién, porque la armonía y buen paso, solo son posibles con coherencia y alianzas efectivas y cordiales.
Carmen y Alberto Rolando cumplen casi 49 años de casados. Integran un matrimonio con mucha química.
Trabajan en el Centro de Ingeniería e Investigaciones Químicas, ubicado en La Habana y perteneciente al Ministerio de Industrias. Allí se conocieron.
Supimos de ellos hace algún tiempo, cuando asesoraban a jóvenes en proyectos internacionales para fomentar la producción de fertilizantes en Cuba.
La voz de la máster en Ciencias Carmen Rodríguez Acosta y del máster Ejecutivo Alberto Rolando Gil Olabarrieta, es respetada, gracias a sus aportes en ese campo.
Esos resultados avalaron recientemente la entrega por parte del Consejo de Estado a Carmen de la medalla de Heroína del Trabajo de la República de Cuba, a propuesta de la Central de Trabajadores de Cuba. Alberto Rolando Gil, mereció la Orden Lázaro Peña, de Primer Grado.
En diálogo con BOHEMIA, explicaron cómo han dedicado medio siglo de trabajo a la investigación, principalmente vinculada a nuevas formulaciones de abonos agrícolas y el mejoramiento de la calidad de los mismos.
Entre los aportes realizadas por ellos, está el mayor uso de minerales cubanos.
En general tienen hasta el momento seis formulaciones registradas en el Balance Nacional de Fertilizantes, destacándose un producto líder, el CBFER.
Se trata de un renglón líquido, enriquecido con una cianobacteria, lograda en el país.
A diferentes instituciones y empresas del Ministerio de la Agricultura vendieron más de un millón de litros de ese elemento con alta demanda entre agricultores dedicados al cultivo de viandas, hortalizas y frutas.
Cuando te hablan de las perspectivas en esta rama prioritaria para el país, revelan el estudio de nuevas formulaciones y la incorporación de microelementos capaces de enriquecer el suelo. Además, transfieren tecnologías a otras empresas, con el objetivo de aumentar capacidades productivas.
Alberto Rolando comentó acerca de contribuciones para lograr novedosos fertilizantes líquidos, pero también sólidos. En estos últimos es básico el uso de la zeolita nacional.

Las contribuciones de este matrimonio son vitales en la modernización de industrias de la esfera, como es el caso de la Unidad Empresarial de Base Fábrica de Fertilizantes y Plaguicidas de la Empresa Química Revolución de Octubre, ubicada en el municipio de Nuevitas, Camagüey.
Cuando preguntamos quién se “defiende” más en la cocina, Alberto Rolando titubeó.
Sin duda, sus mejores logros son los hijos. Yisel, es licenciada en Economía y Maikel, técnico medio en refrigeración e informática.
Tanto tiempo juntos les permite a seres talentosos, con solo hacerse una seña, ponerse de acuerdo en trámites o quehaceres que para otros pueden ser muy complejos.
A veces les llamas por teléfono y escuchas diálogos sostenidos por ellos con terceros, entre apagones, sumidos en los mismos avatares de la vida de cualquier cubano común.
Permanentemente indagan sobre resultados de sus experimentos en cualquier parcela, tratan de mantener comunicación con campesinos, aunque sea a distancia.
La vida entre libros, probetas y proyectos, hace de esta pareja un matrimonio con mucha química, cuyos resultados agradecen mujeres y hombres, cuya misión es arrancarle frutos a la tierra.
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