París, 16 jun (Prensa Latina) La Ciudad Luz pasó la prueba: ganó Francia en el partido inaugural del Mundial ante Senegal, para hacer honor a su costumbre histórica, y excepto los gritos de goles en cafés y restaurantes, todo quedó tranquilo.
Quizás este reportero tuvo la suerte de disfrutar del partido de marras en el café más equilibrado de esta capital, sin el arrollador entusiasmo de los seguidores de Les Bleus, pero lo cierto es que, banderas aparte, las emociones eran controladas.
Recién surgió la polémica política, como suele suceder aquí con cualquier tema, ya sea un caso de violación que estremece a toda Francia o disturbios para celebrar victorias, sobre la manera de cómo disfrutar de la Copa del Mundo de fútbol.
Al menos así lo aparentó, cuando en días recientes, la prensa parisina se hizo eco de medidas disciplinarias en al menos tres ciudades francesas, con toque de queda para menores de 16 años incluido o el cierre de los “fan zone”.
Los promotores de esas medidas, que también incluyeron mantener hacia dentro los televisores en bares o cafés para evitar las aglomeraciones, temen que en sus localidades se registren disturbios similares a los del 30 de mayo pasado.
Casualmente, los alcaldes de esas urbes eran de orientación de derecha, pero los funcionarios de izquierda como en París, por casualidad o no, más bien se mostraron proclives a evitar cualquier intento de coartar el derecho de los fanáticos.
En esta capital se habilitaron “fan zone” con pantallas gigantes y todos los cafés y los tabak quedaron abiertos. A uno de ellos, con las tradicionales diminutas mesas el aire libre que son uno de los sellos de esta ciudad, asistió Prensa Latina.
Un pretendido silencio, mientras los televidentes disfrutaban de platos típicos de estos establecimientos, se apoderó de un pragmático público en los primeros minutos del partido, cuando los senegaleses presionaban dispuestos a todo.
Los camareros, en busca de sacar el mayor provecho a una noche de ingresos inusuales para el diario de su establecimiento, corrían de un lado para otro para servir a sus clientes-espectadores, sin importunar el ambiente festivo.
En la muchedumbre se escuchó un coro tenue “Mbappé, Mbappé”, único que se salió fuera de la relativa calma que mostró el público asistente el improvisado “fan zone”, cuando este anotó el gol que le dio récord como el mayor anotador francés en mundiales.
Lo cierto es que, al menos en la primera salida de los ídolos del fútbol nacional, París mantuvo la calma, cuando, de lograr Les Bleus los avances esperados, faltaría un tramo largo por recorrer para mantener en vilo a los encargados de garantizar el orden de la capital francesa.
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