Pensemos esta sugerencia a propósito de la edición 47 de la Feria Internacional del Libro que merece tener continuidad en nuestras vidas
Ante la pantalla disfrutamos del espectáculo: en el gran salón de baile las cámaras nos guían la mirada hacia el triángulo amoroso entre la joven princesa Kitty, el oficial Vronsky y Anna Karenina, personaje homónimo de la obra clásica de León Tolstoi, llevada en el 2012 al audiovisual por Joe Wright, quien recreó el imaginario del escritor ruso. Es imposible escapar a la sutileza psicológica de la memorable secuencia cinematográfica: ésta motiva disímiles emociones en los públicos.
Ningún artista toma la realidad para copiarla, sino con el fin de apropiársela desde las visiones de nuevas significaciones conceptuales y estéticas. La libertad creativa propicia una perspectiva que trasciende los ámbitos cinematográfico y literario, así como intertextualidades entre textos verbales e icónicos.
Las artes suelen fecundarse unas a otras mediante incitaciones del nivel temático y de las formas expresivas. La edición 47 de la Feria Internacional del Libro hace reflexionar sobre estas relaciones, pues novelas llevadas a la gran pantalla y al audiovisual se han recordado en días recientes. Quizás, poco analizamos esas transmutaciones de lenguajes. ¿Y qué manifiestan? Procedimientos dramatúrgicos: toda actitud o situación humana tiene un marco convencional en los géneros dramáticos, de ellos se nutren las ficciones llevadas a las pantallas. En dependencia de los compromisos éticos y estéticos asumidos por los equipos creativos, las obras fomentan la conciencia sobre la necesidad de forjar una cultura humanista. Seamos conscientes, por doquier crecen el racismo, el culto a las armas y las violencias en infinitas variantes.
La niñez y la juventud hoy leen en diferentes formatos. Esta realidad sin límites de fronteras suma más de una interrogante al cine, la televisión y las publicaciones editoriales: ¿por qué no se establecen estrategias coherentes entre estos medios si todos generan contenidos de notable impacto social? ¿Cómo olvidar la presencia en nuestra existencia de libros hermosos llevados a las pantallas con creatividad?
De acuerdo con la primera actriz Eslinda Núñez: “La literatura de calidad llevada a las pantallas enriquece la memoria emotiva desde edades tempranas. Satisface mucho ver, escuchar, interpretar historias sobre las que hemos leído. Conocer en profundidad el alma y la conciencia de un personaje literario ayuda a interpretarlo con verosimilitud”.
Analicemos: los valores culturales, éticos y estéticos no son solo nutrientes para diseminar en filmes o audiovisuales, también constituyen estímulos necesarios en beneficio de la búsqueda de libro, autores y editoriales. El conocimiento y la información influyen decisivamente en el desarrollo del intelecto y de la espiritualidad. ¿Por qué no aprovechar en toda su dimensión el convite gustoso suscitado por la literatura y el cine? Y que no sea un disfrute pasajero. Urge mantenerlo sistemáticamente. De eso se trata, de su permanencia en la vida cotidiana.
La entrada Literatura y cine ¿un gustoso convite? se publicó primero en Revista Bohemia.


