
Foto: Tomada de Mubi
A Jirí Menzel, emblema del llamado Nuevo Cine Checo de los años sesenta del pasado siglo, queremos recordar hoy, a propósito del aniversario sexto de su muerte, el próximo 5 de septiembre.
Su filmografía incluye los recordados títulos Trenes rigurosamente vigilados y Las perlas del fondo del agua (de 1966), Un verano caprichoso (1968), Alondras en el alambre (1969), Aislados en el bosque (1976), Tijeretazos (1980), La fiesta de las campanillas verdes (1984), Mi dulce pueblecito (1986), El fin de los buenos tiempos (1989), Vida y aventuras extraordinarias del soldado Iván Chomkin (1994) o Yo serví al rey de Inglaterra (2006)
Su cine halla en la historia una sustantiva fuente temática, acompañada de un tono satírico y de visos críticos que impregnan gran parte de su corpus creativo. A ello se une la ternura (no ternurismo) de sus relatos, sus características dosis de humanismo, su talante fabular, la presencia habitual de personajes humildes y la capacidad de extraer humor de las situaciones menos inesperadas.
Menzel inicia fructífera alianza con el escritor Bohumil Hrabal desde su misma opera prima, Trenes rigurosamente vigilados, merecedora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1967. Luego, Alondras en el alambre, cinta basada en un libro de cuentos del narrador, le propiciaría el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1969. Más tarde, también versionaría al mismo Hrabal en Tijeretazos, La fiesta de las campanillas verdes y Yo serví al rey de Inglaterra.
Otros escritores, igualmente, fueron bastón primario del realizador para conformar sus cintas. Vladimir Vojnovich, en el caso de Vida y aventuras extraordinarias del soldado Iván Chomkin; Zdenek Sverák, para Mi dulce pueblecito y Vladislav Vancura para Un verano caprichoso y El fin de los buenos tiempos.
El director de Los hombres de la manivela abandonó el cine en cierto momento, para dedicarse al teatro hasta su muerte. Quien escribe, nunca imaginó que tras la jubilosa Yo serví al rey de Inglaterra (homenaje a la comedia pionera de Mack Sennett) alguien en plena facultad de condiciones se alejaría de la pantalla, porque –aunque no su más madura– dicha obra contagia alegría, relaja, distiende, gracias a su efecto lisérgico sobre los sentidos…
No obstante, se extraña en este filme tanto la densidad, el peso alcanzado en precedentes adaptaciones de Menzel al cuerpo literario fetiche de Bohumil Hrabal, como sus leves dosis de vitriolo a discreción; pues lo que en principio iba de acíbar acaba en amable convite hedonista.
Es una cinta resuelta, por regla, sobre la saturación de recursos de lenguaje fílmico ya no muy contemporáneos (esos raccontos, incluso el excesivo off). Una discutible bifurcación diegética de los planos temporales, o vías abiertas –sin mucha razón– al erotismo postalero se interponen en un mayor crecimiento dramático de este retrato de vida del pícaro camarero checo Jan. Retrato asumido con convicción y ganas, eso sí, por el actor búlgaro Iván Barnev.
Un personaje este, el de Jan, que Hrabal y Menzel dibujan sobre el esquema clásico del pícaro oportunista. Uno, sin embargo, tan tonto a la larga en dinero como en amores, al caer rendido a los pies de una alemana belicista en pleno pórtico de la II Guerra Mundial.
El filme cuenta con ricas pinceladas, como la fanática nazi ardiendo de fe patriótica ante el retrato de su Führer mientras hace el amor con nuestro pequeño antihéroe (mofa a la estupidez de las idolatrías y marca de posicionamiento ante el cuestionable punto de vista del protagonista); las bellezas arias puestas en engorde para criar a los bebés hitlerianos futuros «dueños» del mundo; o la chaplinesca secuencia del banquete al rey de Abisinia donde Jan ejecuta su deporte predilecto de manipular las circunstancias…

