Alberto Rodríguez Copa: «En casi todo el mundo está la literatura cubana»
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Alberto Rodríguez Copa: «En casi todo el mundo está la literatura cubana»


Francisnet Dí­az Rondón

Francisnet Dí­az Rondón

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31 Agosto 2026

El escritor y poeta Alberto Rodríguez Copa ha sido reconocido como Presidente de Honor de la 34 Feria Internacional del Libro y la Literatura en Villa Clara 2026, un mérito que no cayó del cielo, sino que ha ganado por su intensa trayectoria dedicada a las letras durante décadas.

Rodríguez Copa, nacido en el Oriente cubano y aplatanado en el municipio de Encrucijada, ha cosechado una considerable variedad de premios y reconocimientos que lo avalan como uno de los escritores más destacados en Villa Clara y en la isla. 

Recientemente recibió el Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara —junto a sus colegas Amador Hernández y Alexis Castañeda Pérez de Alejo—, que se suma a su amplio currículum comprendido, en general, por decenas de textos de poesías y prosa, tanto para niños como el público adulto.

Háblanos de tu niñez en Santiago de Cuba.

—En Palma Soriano, para precisar, porque esa es mi tierra natal. En Santiago hice mis estudios universitarios —soy Licenciado en Filología por la universidad Antonio Maceo, de aquella ciudad—. Fui un niño como los otros, sobre todo como esos que se caracterizan por la actividad un tanto desmedida y con tendencia a lo aventurero. En la adolescencia, cuando mi hermano mayor puso sin que yo se lo pidiera en mis manos el primer libro, supe que estaría profundamente vinculado, como lector voraz primero y como escritor después, a la literatura.

—¿Cómo llegas a Encrucijada?

—Como llegan las piedras: rodando. Estaba haciendo mi servicio social como profesor en Ceballos, Ciego de Ávila, cuando conocí a la que es, desde entonces, mi esposa: Sandra Rojas Díaz; y tras ella vine. 

—¿Cómo te adentras en el mundo de la literatura?

—Ya he dicho lo del primer libro; es decir, lo del primer deslumbramiento; pero ese fue un inicio de infancia, más intuitivo que consciente. En realidad, estuve dando palos de ciego por años, con mis textos bajo el brazo, hasta que conocí, a través de Amador Hernández, también escritor y amigo mío, a quien fuera mi madre literaria: Ileana Pérez González. Ella dirigía un taller de creación —yo diría que era en verdad un ateneo— al cual me incorporé enseguida.

«Y gracias a las implacables críticas de aquel equipo del que ya eran miembros Jorge Ángel Pérez, el propio Amador, José Gutiérrez Cabana, Reynaldo Cañizares, y algo más tarde Maikel Casabuena, entre otros, pude entender que a la literatura se entra despacio, y que demanda un largo entrenamiento».

—¿Los talleres literarios aún cumplen su función en la actualidad como cuando comenzaste?

—No lo creo. En aquella época había en casi toda Cuba un auge de escritores aficionados que está lejos de existir ahora. Solamente en esta provincia surgieron de los talleres innumerables nombres que después han hecho historia: Mildre Hernández, Mailén Domínguez, Rebeca Murga, Geovannys Manso, Boris Mesa, José Luis Santos, Joel Sequeda… 

«El panorama actual es distinto. Y no es que no se escriba, sino que las condiciones materiales para la organización de esos eventos han hecho casi desaparecer un movimiento tan importante».

Rodríguez Copa recibió merecido reconocimiento en la reciente edición de la Feria del Libro y la Literatura. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

—¿Qué te atrae escribir para los niños? ¿Qué elementos debe tener presente un escritor para escribir para ellos?

—Debo decir que yo no escribo solamente para las primeras edades: tengo publicados en Cuba dos libros de ensayos y uno de poesía para adultos; y en España uno de crónicas; pero, ciertamente, han sido niños y jóvenes los destinatarios de la mayor parte de mi obra. 

«No podría definirlo racionalmente: me siento bien haciéndolo. Al principio, dedicaba mis libros a mis hijas; ahora, a mi nieta. Me parece que se necesita la sensibilidad y el conocimiento de su mundo que nace de vivir entre ellos: yo he trabajado como docente con niños, adolescentes y jóvenes toda mi vida». 

—Poesía o prosa, ¿con cuál te sientes más cómodo?

—A juzgar por el número de cuadernos de versos que he escrito, podría decir que la poesía; pero también disfruto mucho de la prosa, sobre todo de la reflexiva.

—¿Quiénes son tus máximos referentes en la literatura, tanto cubanos como extranjeros?

—La respuesta es muy difícil, porque son muchísimos. Sin embargo, trataré de responder: cubanos, Martí, Eliseo Diego y Padura; foráneos, Lorca, Borges y Vallejo.

—¿Cuántos desafíos enfrenta un escritor radicado en municipio? ¿Se aplica aquello de la fatalidad geográfica o es cuestión de atención y funcionamiento institucional?

—Todos los desafíos: carencia de corriente, agravada por la periferia; baja conectividad, peor en nuestro caso; cada vez menos acceso a los centros culturales… Las instituciones poco pueden hacer, si carecen de recursos. Pero el escritor escribe. Un amigo de Santa Clara me decía, hace poco: «Yo no sé de dónde sacas el espíritu, porque tus condiciones son peores que las mías, ¡y mira que las mías son duras!»

—¿Cómo ves la literatura cubana hoy?

—Fuerte, dinámica, imparable. La escasez de tinta y de papel es una cosa, y otra la creación, que nunca cesa. Hay numerosos y talentosísimos autores en la Isla y fuera de ella: en casi todo el mundo está la literatura cubana.

—Has obtenido numerosos premios a lo largo de los años. ¿Te reconfortan los reconocimientos?

—Por supuesto. Hay quienes pretenden desdeñarlos, porque, a su juicio, no constituyen prueba fiable de calidad. Pero lo cierto es que es muy difícil publicar si no ganas un premio, y aun así, a veces debes esperar años para ver tu libro en letra de imprenta. Por otra parte, esos reconocimientos te dan cierta visibilidad y, por qué negarlo, la satisfacción de saber que, más allá de la falibilidad probable de los jurados, tuviste la suerte de ser el elegido.

Alberto Rodríguez Copa (extremo derecho) al recibir el Premio Literario Fundación de la Ciudad 2026 el pasado 15 de julio, junto a sus colegas Amador Hernández (al centro) y Alexis Castañeda Pérez de Alejo. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

—¿Qué sentiste al saber que la feria sería dedicada a ti?

—Asombro. No me lo esperaba, ni remotamente. Y también el temor de no estar a la altura de un honor semejante.

—¿Qué proyectos literarios tienes en estos momentos?

—Más que proyectos, son ya casi realidades tres libros: uno de ensayos sobre Martí —sí, otra vez Martí: luego de tantos años de estudios minuciosos, existen aún interesantísimas áreas de su creación que resultan incompletas, cuando no francamente asombrosas—, y dos cuadernos de poesía para adultos. En proyecto, realmente, tengo una noveleta para jóvenes; y en ensueño, décimas, testimonios y novelas.

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