La delegación cubana dejó una huella imborrable en el V Abierto de Ajedrez de Panamá, certamen que concluyó este fin de semana en la capital del país istmeño con una destacada actuación de los trebejistas de Cuba. El Gran Maestro Elier Miranda se colgó la medalla de bronce al finalizar en el tercer lugar de la clasificación general, en un evento que reunió a 83 participantes de toda América.
Miranda sumó siete puntos tras las nueve rondas disputadas bajo el sistema Suizo y se ubicó por detrás del argentino Andrés Carlos Obregón, campeón con 7.5 unidades, y del colombiano Sergio Barrientos, quien lo superó en los criterios de desempate. El desempeño del cubano fue sólido y constante para colocarse en los puestos de honor durante toda la competencia.
Pero el dominio antillano no terminó ahí, ya que el Maestro FIDE Jean Marco Cruz firmó una de las actuaciones más resonantes del torneo al escalar hasta la quinta posición con 6.5 puntos. Cruz dejó en el camino a varios rivales con mejor rating internacional, demostrando el alto nivel de la cantera cubana en un tablero de alto voltaje.
La cosecha de puntos se extendió con el Maestro Internacional Michel Alejandro Díaz y el Gran Maestro Ermes Espinosa Veloz, quienes ocuparon el sexto y séptimo puestos respectivamente, ambos con seis unidades. Así, cinco jugadores de la Mayor de las Antillas se colaron entre los siete primeros, un resultado que confirma la pujanza de la escuela ajedrecística de la isla en el concierto continental.
En la rama femenina, Cuba también dejó su sello con la presencia de la Gran Maestra Maritza Arribas y la Maestra FIDE Karen Gutiérrez, quienes formaron parte de la representación caribeña en un torneo que contó con jugadores de Argentina, Bahamas, Colombia, Estados Unidos, México y Perú, entre otras naciones. El certamen, celebrado del 25 al 30 de agosto en el Hotel Torres de Alba, tuvo ritmo clásico de 90 minutos por jugador con incremento de 30 segundos.
La Federación Panameña de Ajedrez organizó este exigente evento, válido para el Elo internacional, que volvió a servir como termómetro del ajedrez continental. La actuación cubana no solo sumó puntos en el ranking mundial, sino que reafirmó la vigencia de una tradición que sigue produciendo figuras capaces de plantarle cara a los mejores del continente en cualquier escenario.
(Con información de Prensa Latina)


