Shaka: una bomba de tiempo enlatada
5 de Septiembre Portada

Shaka: una bomba de tiempo enlatada

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Adolescentes y jóvenes deben informarse antes de consumir cualquier producto, por mucha publicidad que lo preceda. Ni el Shaka ni ningún otro producto similar garantiza energía sostenida, y en cambio pone en riesgo la vida silenciosamente

Aún siente escalofríos cuando recuerda aquella noche. Lo que comenzó como una reunión entre amigos terminó en urgencia médica. David Alejandro Martínez, de 23 años, contó que, en medio de la euforia generada por el baile, el juego de dominó y los retos grupales, consumió seis latas de Shaka. Esa bebida, «el vodka energético del momento» lo sedujo con su dulce sabor y la burbujeante energía que prometía a cada trago.

El engaño duró hasta que su propio cuerpo le pasó factura: «Mi corazón comenzó a golpear como un puñetazo descontrolado; sentí una taquicardia tan violenta que podía ver mi propia camisa palpitando. Tuve miedo porque de repente sentí que la cabeza me estallaba y me envolvía un mareo que jamás había padecido. Parecía que se inclinaba el cielo a mis pies, una sensación muy rara… no estaba como otras veces que he bebido alcohol: mi mente percibía algo muy diferente a mi cuerpo».

El joven aseguró que esa noche no durmió: «Estuve horas sentado en el borde de la cama, escuchando mis propias palpitaciones. Sólo pensaba que podían detenerse y yo sin haber vivido todo lo que deseo. Nunca me había sentido tan asustado».

Por tal vivencia, hoy considera que el Shaka es una bomba de tiempo enlatada: «Después de ese día no he vuelto a consumirla. ¡Ni loco! Además, les conté a todos mis amigos lo que pasó para evitarles el mal rato. No se puede tentar al diablo».

Sofía Padrón, de 21 años, compartió con estas reporteras su experiencia como testigo directa de una escena parecida. «Vi a un amigo pasarse de tragos con el Shaka y se sentía como si el corazón quisiera salirse de su pecho y, al mismo tiempo, como si estuviera desconectado del mundo.

«Todos a su alrededor nos asustamos mucho porque no sabíamos cómo ayudarlo. Yo no paso por una sensación así ni aunque quieran convencerme. Hay quien dice que fue por el exceso, no por la bebida en sí misma, pero el Shaka engaña al paladar y al cuerpo, y yo no quiero arriesgarme».

Para Marcos Castillo, de 18 años, esta bebida tiene su momento y su dosis justa. Quien no lo entienda, termina aprendiendo por las malas: «Lo he tomado en varias ocasiones, pero sé cuál es mi límite». Aprendió a ponerle freno viendo cómo otros compañeros perdían el control. Él lo define como «una bebida trampa» porque te hace sentir al máximo durante un tiempo. Por eso toma una, si acaso, y luego la olvida.

Como David Alejandro y el amigo de Sofía, no son pocos los jóvenes cubanos que han sufrido en circunstancias similares, y menos los que, como Marcos, cultivan su cordura y sensatez. Los atrevidos anhelan «disparar» sus capacidades físicas o sentirse «flotando», y entonces pecan porque desconocen las consecuencias que una ingestión inmoderada puede ocasionar.

¿Qué componentes tiene el Shaka y cuáles son los resultados del abuso en su consumo? ¿Conocen los adolescentes y jóvenes los riesgos a los que se exponen al extralimitarse con su ingestión? Con estas interrogantes en mano, este equipo de Juventud Rebelde realizó un sondeo en la capital, en espacios propicios para la compra y el consumo del Shaka.

Cuidado con las etiquetas

Las bebidas energéticas, deportivas o hipertónicas son conocidas hace tiempo. La más famosa es la Red Bull, presente en Cuba desde hace unas dos décadas. Aunque carecen de alcohol, poseen propiedades estimulantes, y con una buena publicidad a favor de sus ventajas contra la fatiga, sus ventas se elevan a nivel mundial.

El Shaka, por su parte, combina vodka con azúcar, vitaminas y componentes estimulantes, como taurina y cafeína; por eso las autoridades sanitarias advierten sobre su consumo irresponsable. Desde el punto de vista comercial se presenta en latas de 250 mililitros con una graduación de 18 por ciento de alcohol con la marca Shaka Mixer Energy-Vodka. Existen ventas al por mayor para negocios privados en los que se destacan las que saborizadas con fresa, coco, manzana y multifrutas.

El sondeo realizado en la capital con 50 jóvenes de entre 18 y 28 años (30 de ello varones), arrojó que consumen el Shaka por moda, por embullo y por «sentir algo nuevo», sin saber qué puede sucederles después. De hecho, como conocen la Red Bull, y como esto es algo nuevo en el mercado, los motiva probar.

Kenia Zaldívar, de 21 años, y su novio de 25, Julio César Méndez, han comprado esta bebida par de veces, para degustarla mientras ven una película en casa, y no refieren ningún síntoma preocupante. Sin embargo, Yunier Valdés, de 23 años, contó que desde el primer trago ya sentía «algo que no puedo describir».

Los gemelos Josué y Julián González, de 20 años, hurgaron en Internet para saber las propiedades de esa bebida como estimulantes sexuales «porque si la consumíamos, con el precio que tiene, es para sacarle ventaja en otro ámbito. Si no, da igual tomarse una cerveza si la intención es compartir con los amigos, o varias tazas de café si la idea es estudiar de madrugada».

Ciertamente, es común que al beberla (sobre todo en grandes cantidades) se sufra de palpitaciones, aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, nerviosismo, ansiedad, temblores, irritabilidad, insomnio y dolores de cabeza, pero esos peligros no son tomados en cuenta por los muchachos ante el atractivo de la propaganda. Se dejan llevar por la imagen de venta y contribuyen a normalizar su ingestión como si fuera algo inocuo.

El Doctor en Ciencias Médicas y especialista de Segundo Grado en Medicina Interna Julio César Hernández Perera ratifica que la industria del marketing ha logrado un engaño perfecto al disfrazar con etiquetas atractivas estos dañinos productos estimulantes.

«Le llaman «bebida energética» para que suene a combustible saludable, pero la realidad es muy distinta. Esa palabra no es más que un anzuelo de marketing. La energía que prometen no es nutricional, sino una peligrosa excitación artificial, un fogonazo químico provocado por dosis masivas de cafeína y un exceso de azúcar que castiga el sistema cardiovascular como si de un violento acelerón se tratara.

«Cuando esta mezcla se combina con alcohol —como ocurre con la famosa Shaka Mixer— el peligro se duplica porque enmascara la intoxicación etílica y conduce a los jóvenes a un estado de vigilia falsa que puede acabar en urgencias médicas».

La salud no es un juego de marketing

El también Profesor Titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana y Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba invita a enfocarse en el centro del problema al pensar en lo que ocurre realmente en el organismo de un adolescente cuando consume estas sustancias. Precisa que lejos de ser un simple «subidón» inofensivo, los efectos agudos de esta sobrecarga estimulante incluyen pérdida crónica del sueño y fatiga diurna, temblores, mareos, migrañas incapacitantes, dolor en el pecho, palpitaciones y desmayos.

«La evidencia científica, recopilada en múltiples publicaciones, no deja lugar a dudas. El consumo habitual de Shaka en menores de edad está directamente asociado a daños graves. Los números son escalofriantes, pues se estima que cerca del 45 por ciento de los casos presentan afectaciones cardiovasculares agudas, como hipertensión, taquicardias y otras arritmias cardiacas; el 33 por ciento sufre alteraciones neurosicológicas, como ansiedad, pánico y alucinaciones.

Es común que al ingerir esta bebida (sobre todo en grandes cantidades) se sufra de palpitaciones, aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, nerviosismo, ansiedad, temblores, irritabilidad, insomnio y dolores de cabeza. /Foto. Adán
Es común que al ingerir esta bebida (sobre todo en grandes cantidades) se sufra de palpitaciones, aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, nerviosismo, ansiedad, temblores, irritabilidad, insomnio y dolores de cabeza. /Foto. Adán

«Lo que quiero destacar es que casi la mitad de los jóvenes que consumen estas bebidas de forma habitual están jugando a la ruleta rusa con su corazón, y uno de cada tres está poniendo en riesgo su estabilidad mental.

«Lo preocupante es que el problema no termina ahí: el consumo reiterado genera un círculo vicioso: el joven duerme peor, llega cansado al día siguiente y cree que necesita otra dosis para funcionar, sobre todo si es estudiante. Así, su rendimiento académico se desploma. De hecho, las investigaciones vinculan estas bebidas con mayor impulsividad, depresión y conductas de riesgo.

«Uno de los argumentos más utilizados para restar gravedad al asunto es compararlo con el café. Sin embargo, los expertos advierten que no existe una dosis segura de cafeína comprobada para niños, y en adolescentes el límite máximo recomendado es de estrictos 100 miligramos al día, es decir, el equivalente a una taza de café estándar».

Como insiste el experto, una sola lata de estas bebidas ya contiene esa cantidad o la supera, y muchos jóvenes consumen dos o tres al día, sin contar las mezclas con alcohol u otros estimulantes que multiplican el riesgo.

«Por todas estas razones, los médicos coincidimos a la hora de sugerir consumo cero para menores de 12 años y limitación extrema entre los 12 y 18 años. La mejor opción es evitar por completo estas bebidas. Leer las etiquetas es fundamental, ya que la cantidad de cafeína varía enormemente, pero ninguna de ellas es inocua.

«Mi consejo es: no compren la etiqueta, compren la evidencia. La “energía” de estas latas es un espejismo, no el oasis. La salud de los jóvenes no es un juego de marketing», apuntó.

Coincidimos con el especialista y otros consultados en que nuestros adolescentes y jóvenes deben informarse ante lo desconocido y valorar más cada minuto de su existencia. Si lo que buscan es energía mantenida, es importante que sepan que no se encuentra en una lata; ni la certeza de un mayor bienestar. Lo que hoy encandila, en cuestión de segundos puede nublarles la salud y actuar como una bomba de tiempo, de manera silente.

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