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Titánico pero hermoso. Desafiante pero esperanzador. Así es el instante preciso en que se abren los portones de las escuelas de este Archipiélago, en la ciudad y en el campo, en las montañas del Plan Turquino y en la barriada del Vedado capitalino.
Volver a las aulas este septiembre resulta un acto heroico, humano y lleno de simbolismo. Porque es la suma de muchas voluntades para seguir acompañando una de las conquistas —y los derechos— más nobles que Cuba y su Revolución han defendido contra viento y marea. Se trata de seguir dándoles a nuestros niños, adolescentes y jóvenes la oportunidad de iniciarse en ese largo y maravilloso camino que es la ruta del aprendizaje, el conocimiento y la cultura, para pensar y actuar por sí mismos, para hacer realidad sus sueños de convertirse en ingenieros o biólogos, en teatristas o cirujanos, en historiadores o deportistas.
Para la Cuba de hoy el comienzo de este curso es la genuina expresión de una voluntad soberana que no se rinde ni se detiene ante la adversidad; constituye evidencia certera de que los organismos rectores de la Educación, las escuelas, las universidades, los maestros y profesores han desplegado un esfuerzo extraordinario para garantizar que nuestros pinos nuevos reciban los conocimientos que requieren en esta etapa de sus vidas.
Y valioso ha sido también el desvelo de las familias, de los padres o tutores, abuelos y vecinos, que han hecho lo posible porque todos, especialmente nuestras infancias, tengan un empezar inolvidable, con la tranquilidad y la seguridad de que serán bien atendidos y escuchados.
A quienes pensaron o apostaron por el pesimismo o la postergación del comienzo de un nuevo curso escolar por la compleja situación que vive el país, entre bloqueos, apagones y escaseces de todo tipo, no nos conocen bien. Se olvidaron de esa estirpe guerrera y vencedora que nos define. Porque de múltiples maneras nuestros niños, adolescentes y jóvenes siempre aprenderán a ser dignos y buenos, a divisar el bien, con la alegría y los colores del saber y la esperanza.
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