Mujer que camina apurando la vida, aunque sus pasos son más lentos que su mente; que enfrenta con dignidad el monstruo de la crisis, y que inventa con amor platos (con el mínimo de recursos) delante de un fogón improvisado para alimentar a su familia. Esa es la cubana.
La que se crece cada jornada y sale a saltar los obstáculos de los altos precios, de las escaseces y de los apagones; pero que aun así no se detiene, sino que avanza. Esa es la cubana.
Que inventa para proveer las necesidades materiales y espirituales de su prole, y que marcha cada mañana a su trabajo para aportar y ser útil. Allí le espera un aula, una consulta, un surco, un timón, una fábrica… En ese espacio se realiza y se crece cada día más. Esa es la cubana.
Mujer que sonríe, llora, abraza, ama, protege, lucha, y que saca fuerzas de donde no hay para cuidar a un hijo cuando enferma, y que deja de dormir para vigilarlo, siempre con el corazón apretado. Esa es la cubana.
La que enseña a sus descendientes a ser honrados, a estudiar, a esforzarse, a prepararse para ser alguien digno en la vida, a ser bien llevado, a compartir…Esa es la cubana.
Aquella que un 23 de agosto, hace 66 años, fecha en que se creó la Federación de Mujeres Cubanas, por Vilma y Fidel, se unió y aprovechó cada oportunidad de superación y de emancipación; y que se incorporó a los estudios y al trabajo; y que por años ha aportado de su valor, conocimiento y sabiduría a la sociedad. Esa es la cubana.
A ellas, profesoras, doctoras, obreras de fábricas y talleres, profesionales, dirigentes, amas de casa, jubiladas, ingenieras, técnicas… a todas, la justa distinción y esta frase de nuestro Martí: “…Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica, tan abnegada, flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir”.



