SNB: Ser o no ser
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SNB: Ser o no ser

El duro escenario cotidiano del país obliga a hacer reestructuraciones y priorizar lo esencial, pero la pelota va más allá de cualquier análisis racional, porque va en la sangre de los cubanos.

Con todas las dificultades que azotan a la población, los aficionados se las arreglan para seguir los torneos por cualquier vía, y si bien es imposible lograr una audiencia masiva por la televisión, el medio por excelencia para el deporte, mediante otras alternativas se le da seguimiento al equipo de su preferencia.

Gracias a internet, tanto por la prensa habitual o mediante alternativas de internautas, por lo menos se enteran de lo que sucede día tras día y nunca faltan las opiniones, aunque no se haya podido disfrutar de un partido en vivo.

Es que nuestro deporte nacional es parte de la cultura y no se puede ver fríamente como un lastre a la economía del país, porque a pesar de los graves problemas existentes, que incluyen hasta falta de implementos, es necesario dar esa opción a los aficionados, más cuando se trata del certamen donde está en juego el plantel del territorio.

Es verdad que con un juego de pelota no se resuelve ningún problema concreto, pero sí tiene un impacto importante en la idiosincrasia del cubano, como un balón de oxígeno en medio de la crisis.

El sentido de pertenencia que entraña el campeonato impulsa a llegarse al estadio siempre que haya una oportunidad, y de paso olvidarse por un par de horas de las escaseces de alimentos, medicamentos, electricidad o transporte.

Suspender la Serie Nacional es renunciar a parte de nuestra esencia como sociedad, sin contar el terrible impacto en los peloteros jóvenes que necesitan jugar y jugar para limar asperezas.

Es tronchar el sueño de muchas familias que esperan ver brillar el talento que llevan trabajando desde la base, además de formar a todos los involucrados: entrenadores, árbitros, anotadores, comentaristas, médicos, sicólogos, fisioterapeutas y cada uno que tiene un ápice que ver en este espectáculo.

Para que Cuba recupere el puesto que le corresponde en el escenario internacional lo primero es pulir las deficiencias aquí, aprender a competir bajo la presión de cientos de aficionados en contra y empaparse de lo que significa defender una camiseta.

Por supuesto, hace falta un mínimo de condiciones para que el empeño no sea contraproducente y el pelotero se desanime. Lograr ese adecuado balance es el gran reto de los organizadores.

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