Mantener la calma cuando el miedo llega al teléfono
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Mantener la calma cuando el miedo llega al teléfono

En cuestión de segundos, una alerta en la pantalla de un teléfono puede alterar la tranquilidad de miles de personas. Un sonido inesperado, un mensaje urgente y la referencia a un posible sismo bastan para despertar miedo, incertidumbre y, en algunos casos, desesperación. Eso ocurrió recientemente en Cuba, cuando una alerta inalámbrica de terremoto llegó a numerosos dispositivos y luego se conoció que había sido falsa, mientras todavía se investigan las causas del incidente.

El episodio demuestra cuán vulnerable puede sentirse una sociedad ante la posibilidad de un desastre. Más aún cuando las noticias internacionales informan sobre terremotos y otros fenómenos naturales con consecuencias dolorosas para numerosas familias. Ante esas imágenes y titulares, es comprensible sentir preocupación. Sin embargo, preocuparse no significa dejarse dominar por el miedo.

La primera reacción debe ser detenerse y verificar. Una alerta recibida en el teléfono no sustituye la información de las autoridades competentes. Antes de compartirla, conviene consultar los canales oficiales de la Defensa Civil, el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, los medios de comunicación acreditados y las instituciones locales. Difundir mensajes sin confirmar puede multiplicar la alarma y dificultar la respuesta ante una emergencia real.

Mantener la calma no implica ignorar los riesgos ni asumir una actitud de indiferencia. Significa actuar con responsabilidad. Cada familia puede prepararse con medidas sencillas: conocer las vías de evacuación, identificar lugares seguros, tener a mano documentos, medicamentos, agua, linterna y una batería portátil, además de conversar con niños y personas mayores sobre cómo proceder. La preparación reduce la incertidumbre y devuelve a las personas una parte importante del control.

También es necesario cuidar la salud mental. La exposición constante a imágenes de destrucción, rumores y notificaciones puede aumentar la ansiedad. Por eso resulta recomendable limitar el consumo de noticias, elegir fuentes confiables y evitar revisar el teléfono de manera compulsiva. Respirar lentamente, conversar con alguien de confianza y mantener las rutinas cotidianas son acciones simples que ayudan a recuperar el equilibrio. Si la angustia persiste o impide dormir y realizar las actividades habituales, se debe buscar apoyo profesional.

Los desastres naturales no pueden prevenirse en todos los casos, pero sí podemos prevenir el caos que producen la desinformación y el pánico. Una comunidad informada, organizada y solidaria responde mejor que una comunidad dominada por rumores. La serenidad, además, permite ayudar a quienes más lo necesitan y tomar decisiones más seguras.

Lo ocurrido con la alerta sísmica debe servir para fortalecer los sistemas de comunicación y mejorar los protocolos de información pública. Las autoridades tienen la responsabilidad de explicar con claridad qué sucedió y cómo se evitarán situaciones semejantes. La población, por su parte, debe ejercer una ciudadanía responsable: verificar antes de compartir, atender las orientaciones oficiales y no convertir la incertidumbre en alarma colectiva.

En tiempos marcados por noticias difíciles, conservar la paz mental es también una forma de protección. No se trata de negar el peligro, sino de enfrentarlo con información, preparación y solidaridad. Cuando el miedo toca a la puerta, la calma no es pasividad: es una herramienta para pensar, actuar y cuidar mejor de nosotros mismos y de los demás.

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