Yurnelis Boizan del Pozo ha convertido el crochet en un proyecto de vida a través de su emprendimiento Nelly’s Crochet.Hay personas que parecen haber nacido con las manos inquietas. No porque no sepan de tranquilidad, sino porque siempre encuentran algo que hacer: un hilo que enredar entre los dedos, una idea que convertir en realidad, una puntada más antes de que termine el día. Yurnelis Boizan del Pozo es una de ellas.
Detrás de Nelly’s Crochet hay mucho más que un emprendimiento dedicado a la confección artesanal de prendas, accesorios, artículos decorativos y piezas personalizadas tejidas completamente a mano. Hay una historia de constancia, aprendizaje y amor por un oficio que comenzó cuando era apenas una niña y que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en un proyecto de vida.
Mientras habla de sus creaciones, resulta inevitable imaginar sus manos moviéndose con la misma naturalidad con la que otras personas conversan. Cada puntada parece guardar una historia y, quizás sin saberlo, la primera comenzó a escribirse cuando aún era muy joven.
«Comencé en el mundo del crochet a la edad de 11 años, con un ganchillo pequeño e hilo que encontraba, incluso hilo de coser. Inicié mi aprendizaje con una de mis tías, la cual tejía y bordaba a mano. De ella aprendí ambas cosas en aquel entonces», recuerda.
Con el paso del tiempo comprendió que el crochet era mucho más que una habilidad aprendida. Era una forma de expresarse, de transformar una idea en algo tangible y de dejar un pedacito de sí misma en cada creación. Entonces decidió que había llegado el momento de convertir aquella pasión en algo más grande.
«Convertir Nelly’s Crochet en un emprendimiento nació del profundo valor que el arte de tejer tiene en mi vida: la necesidad de llevar esa pasión un paso más allá y transformar un arte que amo en un proyecto propio.
«Tejer no es solo un pasatiempo para mí, sino una forma de vida. La principal motivación fue compartir esa conexión y darle un propósito profesional a cada hora dedicada al hilo y al ganchillo».
Así nació el proyecto, un espacio donde cada pieza es elaborada completamente a mano y donde la creatividad no conoce límites. Desde prendas para bebés hasta accesorios, artículos decorativos y encargos personalizados, cada trabajo refleja horas de dedicación y el deseo de ofrecer algo único a quien lo recibe.
«Crear la marca me permitió dar forma a una propuesta con identidad propia, donde el objetivo principal es materializar ideas únicas y ofrecer piezas hechas a mano con alma. Además, logré autonomía y expresión personal, brindándome un espacio propio como artesana para valorar mi trabajo, defender la autenticidad frente a la producción masiva y conectar directamente con personas que aprecian el detalle y el amor de lo artesanal.
«Al final entendí que mi talento no solo merecía ser compartido, sino también reconocido y construido como un proyecto con el que dejo una huella en cada creación, reflexiona.
Sin embargo, todo emprendimiento tiene un comienzo. El suyo llegó acompañado de nervios, dudas y una enorme ilusión. «Recuerdo que mi primer trabajo oficial en el proyecto fue un juego de gorro y manoplas para una vecina que esperaba una niña. Pasé un poco de trabajo y tuve algo de temor, pero el resultado fue muy acogedor. De ahí surge el proyecto, al ver las cosas que podía crear.»
Aquella primera entrega fue también una confirmación. Descubrió que podía convertir su talento en una profesión y que otras personas confiaban en sus manos para crear piezas destinadas a acompañar momentos importantes de sus vidas.
Vivir del arte nunca es una decisión sencilla. Implica asumir riesgos, aprender sobre administración, precios, clientes y, sobre todo, confiar en uno mismo cuando aparecen las dudas. Para Yurnelis, ese paso significó transformar por completo la manera en que veía el tejido.
«Comenzar a vivir de mi arte significó una transformación profunda: dejar de ver el tejido solo como una pasión personal para consolidarlo como un proyecto de vida profesional, digno y sostenible. Implicó, también, lograr la libertad de ser mi propia jefa, bajo mis propios valores y mi visión personal. Fue una forma de demostrarme a mí misma que es posible vivir de lo que amo cuando se trabaja con constancia y convicción.»
A pesar del empeño que le dedica, Nelly’s Crochet no ocupa la totalidad de sus días. Como muchas mujeres cubanas, reparte su tiempo entre diferentes responsabilidades. Según cuenta, trabaja en una unidad presupuestada y cuando llega a casa se dedica al proyecto. Entre ovillos de colores, agujas y diseños por terminar, las horas pasan casi sin notarlo.
«Realizo todo tipo de trabajo. No mantengo una línea estándar; me gusta diversificar, desde prendas y accesorios para bebés hasta decoración, utilidades y muchas otras creaciones. Por ahora trabajo fundamentalmente por encargo.
«Cada pedido representa un desafío diferente. Algunas personas buscan un regalo especial; otras desean una pieza para decorar su hogar o una prenda pensada exclusivamente para un recién nacido», explica. En todos los casos existe un elemento común: ninguna creación sale de sus manos sin llevar una parte de su dedicación.
Quienes deseen conocer su trabajo pueden hacerlo a través de sus perfiles oficiales en Facebook e Instagram, ambos bajo el nombre Nelly’s Crochet, o solicitar desde ambas redes, el catálogo digital desde donde realiza los encargos personalizados.
Aunque su emprendimiento sigue evolucionando, nunca cambia la emoción que siente cada vez que comienza una nueva pieza. «Lo que más disfruto de mi oficio es el proceso creativo de dar vida a un hilo; la satisfacción de ver cómo una idea en mi mente toma forma, punto a punto, convirtiéndose en una prenda, un accesorio o una pieza única.
«Adoro ver la reacción de quienes reciben mi trabajo, ya sea una madre en espera de su bebé o alguien que desea hacer un regalo, y saber que lo que tejo con tanto esfuerzo se convierte en algo significativo para otra persona crea una conexión especial de por vida.
«También disfruto la paz mental que me proporciona. Es una concentración casi meditativa, donde el tiempo se detiene y solo importan el hilo, la aguja y la creatividad.»
Esa tranquilidad que manifiesta no significa que el camino haya estado libre de obstáculos. «La parte más difícil ha sido conciliar la vida personal y el emprendimiento. Equilibrar el arte del tejido con las responsabilidades familiares, los momentos de salud de seres queridos y la crianza de mi niña sin dejar caer la producción.
«También he enfrentado el miedo a que me juzguen o a no saber cómo cobrar lo justo, además del desgaste físico que implica cada obra hecha totalmente a mano.»
A esos desafíos se suman las dificultades propias de emprender en Cuba. Conseguir materiales, mantener un suministro estable y defender el valor de un trabajo artesanal requiere tanta paciencia como la que demanda cada puntada.
«Emprender ha sido un reto, al no contar con lugares donde comercialicen los materiales que necesito para trabajar. He tenido que recurrir a terceras personas para adquirirlos y buscar alternativas hasta poder importarlos de alguna manera, pero he logrado mantener un abastecimiento regular a pesar de las carencias.
«He sentido, de igual forma, que mi trabajo ha sido menos valorado por ser artesanal. Muchas personas atribuyen más valor a las producciones masivas sin saber que un producto hecho a mano es más exclusivo y original. Con el tiempo he logrado demostrar ese valor y defender la autenticidad de mi trabajo.»
En medio de cada dificultad existe una razón que la impulsa a seguir avanzando. «Mi hija es mi fortaleza. En cada una de mis creaciones está implícita ella, la fuerza para seguir avanzando y el amor por lo que hago.
«Quiero crecer como mujer y emprendedora, llevar mi proyecto más allá de mis propias expectativas y crear algo único, irrepetible y perdurable. Quiero que las personas conozcan de lo que es capaz hacer Nelly’s Crochet y estén seguras de que puedo convertir sus sueños en realidad.»
Cuando mira hacia atrás, reconoce cuánto ha cambiado desde aquella niña que aprendía a tejer con un pequeño ganchillo. «Mi vida ha girado totalmente y ha mejorado en todos los aspectos, personal y profesionalmente.
«Pasé de ver el tejido como una pasión a liderar mi propio proyecto. Gané confianza para tomar decisiones, resiliencia para sostener mi trabajo y la satisfacción de saber que mi esfuerzo se traduce en piezas hechas con amor. Aprendí sobre mercadotecnia, redes sociales y herramientas digitales que me permiten llevar mi arte cada vez más lejos y seguir construyendo mi futuro con mis propias manos.»
Quizás por eso, cuando piensa en otras mujeres que desean emprender desde la artesanía, no duda en compartir el consejo que a ella misma le habría gustado escuchar. «Les diría que crean firmemente en el valor de sus manos y en la magia que hay detrás de cada pieza hecha a mano. Emprender desde la artesanía no es solo vender un producto; es transformar tiempo, dedicación y amor en creaciones únicas que llevan la esencia de quien las teje.
«Si la artesanía llena su corazón, conviértanla en su fortaleza. No tengan miedo de emprender; cuando trabajas con el alma, cada logro tiene un significado entrañable.»
Las manos que un día aprendieron a sostener un pequeño ganchillo siguen creando; solo que ahora ya no tejen únicamente prendas. También tejen confianza, independencia, sueños y el futuro que Yurnelis ha decidido construir puntada a puntada, y aunque reconoce todo lo alcanzado, sabe que todavía queda mucho hilo por recorrer.
