Fidel: los primeros pasos
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Fidel: los primeros pasos

El 13 de agosto de 1926 en la finca de Birán (antigua provincia de oriente, hoy Holguín), nace Fidel Alejandro Castro Ruz, el tercero de siete hijos del segundo matrimonio de Ángel Castro Argiz con Lina Ruz González. La vida del campo, la procedencia humilde de su madre y de un padre terrateniente, pero sin sapiencia aristocrática, constituyen factores que condicionaron la no adquisición de una cultura e ideología burguesa desde la infancia.

En particular, Lina Ruz estimuló en su hijo el interés por el estudio; al respecto, Fidel Castro expresó: «nadie se esforzó tanto para que sus hijos estudiaran, quería para ellos lo que ella no tuvo. Sin ella, yo, que sentí siempre el placer del estudio; sería hoy, no obstante, un analfabeto funcional».

El tránsito por los colegios religiosos Hermanos de la Salle (hasta la mitad de quinto grado) y Dolores (hasta el segundo año de bachillerato) no desarrolló en él una especial inclinación hacia la religión como resultado de los métodos dogmáticos utilizados; sí aportó a la formación de su patriotismo, a su amor por la naturaleza, a su reconocimiento al esfuerzo y al sacrificio, al espíritu emprendedor y a la tenacidad ante las dificultades.

De igual modo, la escuela contribuyó a su desarrollo físico, a través de la práctica de deportes. Los profesores jesuitas desempeñaron un papel esencial en la formación de estos rasgos y valores en su personalidad, pero el uso de la violencia física incrementó su rechazo a las humillaciones y el abuso; en estas reacciones se encuentran los cimientos de la ética que siempre lo acompañó.

Entre 1942 y 1945, continuó sus estudios de bachiller en el colegio de Belén en La Habana, considerado el mejor colegio de jesuitas de la época.

Fidel fungió como abogado defensor de Mario Pablo Martínez Arará durante un juicio celebrado en Matanzas. correspondiente a abril de 1953.

En esa institución, por el desarrollo de sus potencialidades como deportista, explorador y autodidacta, ganó la admiración de profesores y compañeros de estudio.

La culminación y consecuencias de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial constituyeron objeto de los debates políticos en el colegio, en los cuales participó; aunque prefería dedicar tiempo a las actividades deportivas y estudiar las asignaturas de forma autodidacta.

La influencia del franquismo penetró al interior del colegio religioso como un reducto de las ideas falangistas, puesto que este se identificaba con los nacionalistas que incrementaron las actividades dirigidas a ensalzar la hispanidad.

El contacto con la literatura general, y particularmente con la histórica y la cubana, le permitió conocer e identificarse con las tradiciones nacionales y universales. La lectura de la Historia de Cuba produjo en él admiración por las luchas heroicas del pueblo; en especial, las biografías de las personalidades históricas le aportaron otros modelos de conducta.

En la adolescencia, se identificó con el ejemplo, el humanismo y la ética martiana, al respecto Fidel planteó: «inspiración, su ejemplo y muchas cosas más; pero recibimos, en esencia, la ética, sobre todo la ética […] Me apodero de esa ética. La ética, como comportamiento, es esencial, y una riqueza que no tiene límites».

Las experiencias de su infancia y adolescencia, su autodidactismo, el papel de los profesores jesuitas españoles y de la familia en su educación, la ávida lectura del pensamiento martiano y de la historia de Cuba constituyeron influencias que permitieron la formación en valores, entre los que se destacan: el honor, la disciplina, la modestia, la responsabilidad, la honestidad y el sentido de la justicia.

Además, la labor desempeñada por un claustro culto y avezado en oratoria y retórica contribuyó al desarrollo de sus habilidades para el ejercicio posterior del periodismo y el dominio exquisito de la palabra. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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