
Foto: Ricardo López Hevia
Santo Domingo.– Hay atletas que compiten para ganar medallas y hay leyendas que pedalean para reescribir la historia. Marlies Mejías pertenece a la segunda estirpe. En una demostración colosal, la ciclista de Artemisa se proclamó campeona de la prueba de ruta de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo-2026.
Sobre un trazado exigente y en absoluta soledad –sin el respaldo de compañeras de equipo frente a los potentes bloques de México, Colombia y Trinidad y Tobago–, impuso su categoría en un sprint.
Con un registro de 3:10:32 horas, cruzó la meta por delante de la trinitaria Teniel Campbell (plata) y de la mexicana Yareli Acevedo (bronce), ambas con idéntico tiempo oficial.
El triunfo le otorgó a la delegación cubana su medalla de oro número 20 en Santo Domingo-2026, y de paso representa la décima presea dorada en la trayectoria centrocaribeña de la dos veces finalista olímpica.
La victoria de Marlies no se gestó en los últimos metros, sino en una gran dosificación de la carrera. A falta de seis vueltas para el cierre, asumió la iniciativa para dinamitar el pelotón.
«Intenté no desesperarme. Probé una escapada para romper el grupo y se dio. Cuando miré, estaba fugada con la campeona del mundo y con las mejores esprinteras. Ahí me dije: «Tranquila, no te desesperes, espera que queden dos vueltas para cansarlas un poco», reveló la campeona al término del evento.
Sin embargo, el tramo final exigió una cuota extra de sufrimiento. Las piernas comenzaron a dar señales de colapso por el esfuerzo acumulado bajo el sol caribeño: «Aparecieron los calambres y me repetí que no podía perder la cabeza. Sabía que tácticamente tenía que entrar a la última curva en la segunda posición, no más atrás. Entré segunda y cuando lancé el sprint sentí un ruido contra la valla a mis espaldas, alguien se cayó, pero yo solo pensé: «Hay que darlo todo hasta la meta».
Su trabajo en la fuga fue crucial para evitar que el segundo lote recortara distancias, manteniendo un ritmo asfixiante que liquidó las energías de sus rivales directas antes del remate.
Si bien cada corona de Marlies ha llevado el sello de su natal Artemisa y el agradecimiento a la afición cubana, este triunfo en Santo Domingo guarda un matiz afectivo sumamente íntimo.
«Esta victoria es muy especial. Mi familia está ligada a esta tierra: mi esposo y mi niña son de aquí. Espero que tanto en Cuba como en República Dominicana disfruten muchísimo este triunfo», confesó con emoción. «Visualicé la medalla desde que me levanté por la mañana y se dio. Sé que mi mamá en Cuba debe estar súper contenta».
Doce años después de haber reinado por primera vez en la ruta centrocaribeña durante los Juegos de Veracruz-2014, Marlies volvió a subir a lo más alto del podio en la prueba reina del asfalto, demostrando una longevidad deportiva encomiable.
Su hoja de servicios en Juegos Centroamericanos y del Caribe presenta un acumulado de 10 medallas de oro y una de plata en 11 eventos.
En Veracruz se llevó a casa cinco preseas doradas en las disciplinas de carrera de ruta, persecución individual y por equipos, velocidad por equipos y ómnium. Cuatro años después, en Barranquilla-2018, fueron tres más: scratch, persecución individual y por equipos.
Ahora, aquí en Santo Domingo-2026, la artemiseña cerró con dos oros –en la contrarreloj individual y en la carrera de ruta– y la plata en el ómnium de pista.
A pesar de acumular más de una década en los primeros planos, la multicampeona del pedalismo cubano descarta que este sea su baile de despedida en el ciclo olímpico.
«No me siento tan vieja», bromeó, al ser consultada sobre su futuro. «Quizás me retire después de los Juegos Olímpicos, quizás no; vamos a ver qué pasa. Por ahora, el objetivo es ir paso a paso: primero buscar la clasificación al Mundial para asegurar el boleto a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y, en ese trayecto, competir con todo en los Juegos Panamericanos de Lima-2027».
Marlies Mejías deja Santo Domingo convertida en una leyenda viviente. Su pedaleo invencible suma títulos a las vitrinas cubanas y confirma que cuando la clase, el coraje y la inteligencia se combinan sobre una bicicleta el resultado puede seguir siendo lo más alto del podio.




