Motoristas: rápidos y furiosos
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Motoristas: rápidos y furiosos

La primera impresión del tránsito de esta ciudad pasa por el número de motos que circulan a la par de los carros modernos. Según los reportes oficiales, en toda la capital quisqueyana sobrepasan los 1,6 millones, si bien no llegan ni a 100 mil los registrados para trabajar y prestar servicios, ya sea como mototaxistas, motoconchos u otras modalidades.

 

 

Todo quedaría en anécdotas y en un elevado número de accidentes si no vamos a detalles más impactantes, vistos en las primeras 72 horas de recorrer las calles. Salta a la vista la velocidad con que circulan (más de 60 kilómetros por hora), que la mayoría de las motos no cuentan con espejos (se los quitan sus conductores para poderse meter entre los carros en el más mínimo espacio), que predominan las de combustión y no las eléctricas; así como la unidad entre quienes las conducen para enfrentar a choferes de carros o autobuses.

Son impresionantes las maniobras que realizan para no detenerse. Suben a la acera y se incorporan más adelante de la manera que sea; siempre imponen la prioridad para doblar, aunque el embotellamiento sea inmenso; no ponen intermitentes ni usan cascos todos los acompañantes y como si fuera poco, en caso de accidente con algún carro u otro vehículo rápidamente se llaman entre ellos y pelean (a ratos, a los puños) para evitar pagar multas.

Hace tan solo unas horas el taxi que nos llevaba a una instalación deportiva nos contaba sin reparos: “Con ellos es mejor ni meterse; aquí todos los carros tienen abolladuras de ellos, pero bajarse a reclamarles es por gusto. O acabas a golpes o te acaban más el carro porque se comunican y de momento aparecen 15, 20 motoristas”.

Lo cierto es que también hemos visto a algunos uniformados, pertenecientes a una piquera; que muy rara vez hay una mujer ante el timón de dos ruedas; casi adolescentes, en tanto niños, se aprecian con frecuencia al frente del transporte más peligroso de esta ciudad, incluso haciendo malabares y acrobacia cuando las avenidas se descongestionan un poco en la tarde-noche.

Por muchas de estas razones y sobre todo por seguridad, quienes cubrimos los Juegos Centroamericanos y del Caribe no los usamos, aunque sí los sufrimos. Nos contaba el propio taxista que hacia la zona norte de la capital todo lo contado se agudiza, pues hay menos control policial. “La mayoría no tienen licencias de conducción y solo frenan algo sus imprudencias en la parte más colonial porque saben que está la policía”.

Si algo queda claro es que una de las partes de la famosa película Rápido y Furioso pudo haberse filmado aquí con estos motoristas. Historias más, historias menos, son ellos una medalla no deseada de esta cita regional.

 

Descargue en versión PDF: XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe: El espíritu que nos une (Suplemento especial)

Acerca del autor

Máster en Ciencias de la Comunicación. Director del Periódico Trabajadores desde el 1 de julio del 2024. Editor-jefe de la Redacción Deportiva desde 2007. Ha participado en coberturas periodísticas de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Copa Intercontinental de Béisbol, Clásico Mundial de Béisbol, Campeonatos Mundiales de Judo, entre otras. Profesor del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Cuba.

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