La Casa de las Naciones Unidas acogió la presentación de los Indicadores Demográficos de Cuba y sus territorios, datos que develan el vertiginoso envejecimiento y la continua reducción de la población cubana
Hay cifras que se leen con frialdad; hay otras que, al pronunciarse, llevan a la reflexión. Eso ocurrió en la sede de Naciones Unidas en La Habana, donde la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) presentó ante la prensa nacional los Indicadores Demográficos de Cuba y sus territorios correspondientes a 2025.
El encuentro estuvo encabezado por Juan Carlos Alfonso Fraga, vicejefe de la ONEI; Diego Enrique González Galbán, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde) de dicha institución; y Marisol Alfonso de Armas, jefa de la Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en Cuba, entidad que colabora de forma permanente con la elaboración de las estadísticas demográficas en nuestro país.
Al cierre de 2025, Cuba contaba con 9 434 593 habitantes, lo que representa 313 414 personas menos que el año anterior. El dato consolida la tendencia decreciente sostenida desde 2021, con una tasa de decrecimiento de -32.7 por cada mil habitantes en 2025, según trascendió en el encuentro.
De acuerdo con las declaraciones de González Galbán, detrás de este resultado inciden dos variables fundamentales. La primera es el crecimiento natural negativo: nacieron 68 064 niños, mientras que fallecieron más del doble (136 214). La segunda variable, y de mayor peso, es la migratoria, con un saldo negativo de 245 264 personas que restaron densidad al balance del país, una cifra que, aunque inferior a la de 2024, continúa marcando el ritmo del decrecimiento poblacional.
Entre las métricas expuestas destacó la Tasa Global de Fecundidad, la cual se situó en 1.29 hijos por mujer, el valor más bajo registrado desde 1958. Como consecuencia directa, la Tasa Bruta de Reproducción descendió a apenas 0.62 hijas por mujer.

Sobre el marcado envejecimiento poblacional, Alfonso Fraga resaltó que Cuba cuenta hoy con una proporción de personas mayores de 60 años superior al número de nacimientos disponibles para el relevo generacional. Esta franja etaria alcanza los 2 519 823 individuos, lo que equivale al 26.7 por ciento de la población efectiva total.
Asimismo, expuso que Villa Clara se posiciona como la provincia más envejecida del país, con el 30.2 por ciento de sus habitantes en el grupo de 60 años y más. En el extremo opuesto se ubica Guantánamo como la menos envejecida, con un 23.3 por ciento.
La Habana ilustra mejor que ninguna otra provincia la singularidad territorial de 2025. Aunque ganó 21 104 habitantes procedentes de otras provincias mediante migración interna, perdió 78 537 residentes que emigraron al exterior –casi un tercio de todo el saldo migratorio externo del país–. El resultado neto es una contracción de 57 433 pobladores en un solo año, la caída relativa más pronunciada, con una tasa de -43.9 por cada mil habitantes.
Mientras tanto, la nación acentúa su perfil urbano: el 74.7 por ciento de los cubanos reside en ciudades, si bien el grado de urbanización experimentó un leve descenso con respecto a 2024, cuando alcanzaba el 75.1 por ciento. En términos absolutos, sigue siendo un país predominantemente femenino: hay 133 971 mujeres más que hombres, con una razón de 972 hombres por cada 1 000 mujeres a nivel nacional. Esta proporción se invierte drásticamente en las zonas rurales, donde se registran 1 140 hombres por cada 1 000 mujeres.
Ninguno de los presentes intentó matizar el diagnóstico: el envejecimiento, la baja natalidad y la pérdida de población no se atienden mirando hacia otro lado, sino midiéndolos con precisión. Cuba se contó a sí misma en esta jornada. Resta que este ejercicio de transparencia estadística se traduzca oportunamente en políticas públicas viables en beneficio de toda la ciudadanía.

Como bien expresó Alfonso de Armas, representante de Unfpa en Cuba: “La población no es mucha ni poca, es la que tenemos. Tiene una composición: se divide por sexo, edades, color de la piel: un grupo de características propias que no podemos cambiar. Por eso es vital conocer los indicadores demográficos y asumir los datos como recursos para que las políticas se tracen basadas en evidencia científica y se desarrollen garantizando derechos desde el concepto de resiliencia demográfica”.
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