Todo empezó por un impulso. Aún resuenan en sus oídos las palabras de su suegro instándolo a abrir una guarapera. Maikel Quintero García, usufructuario de tierras de Yaguajay dedicado a la crianza y ceba de ganado, comprendió entonces la certeza de aquellas palabras. Y el viejo tenía razón: había caña suficiente para alimentar el ganado y para vender guarapo. Aunque en principio no fue fácil encontrar un local, en una antigua carnicería se abrieron las puertas de La Aurora. Ahora, la casilla remozada y con las condiciones necesarias, vende guarapo frío. Visto así, parece un emprendimiento común, pero hacia lo interno se descubre cómo la fuerza de la resiliencia se impuso ante los tropiezos por los continuos apagones que ponían en juego el sueño.
«Yo soy una gente que nunca está quieta —cuenta Maikel— y me dije: tengo que buscar una alternativa, previendo lo que venía. Acudí a personas capacitadas, amigos míos. Uno de ellos fue Mayito, el electricista, que trabajó muchos años en el central. Y le comenté: Mira, compadre, yo creo que ese motor puede funcionar con corriente producida por los paneles solares. Nos sentamos, hicimos los cálculos. Y así empezó todo. Después fui con otro amigo mío que trabaja en la Empresa Eléctrica para instalarlos. Me senté con mi mamá y con mi papá y decidimos hacerlo».

Pero es una inversión muy costosa, difícil de amortizar en corto tiempo…
«Mira, nosotros somos productores de ganado, nos sobra la caña. Tenemos además destinados más de 120 cordeles solamente para la guarapera. Atendemos esta plantación, pues mi familia tiene cultura de siembra y cultivo de la gramínea. Entonces, la guarapera cierra un ciclo de producción. Por eso fue también el emprendimiento de la corriente, para tratar de no depender de nadie, porque ahí empiezan los problemas. Todo es con nuestros trabajadores: el hielo lo producimos nosotros, la energía, y estamos pensando en hacer un pozo porque ya el agua está presentando problemas».
¿Por qué el emprendimiento quedó solo en la familia?
«Sí, porque nosotros somos gente muy unida, de campo. Y entonces nos gusta hacer bien las cosas. Aquí están mi hermana, mi mujer, los primos míos. Mi papá es el que se encarga de gestionar todo. En la caña está el suegro mío también. Ligadas a eso hay más de 15 personas».
¿Están generando empleo?
«Sí, ¡cómo no! Por ejemplo, el suegro mío a las seis de la mañana ya tiene lista la yunta de bueyes, eso vale mucho. Y así sucesivamente, los trabajadores van, pican la caña, la raspan, hay otra persona que viene en el coche, la trae, la deposita. Es un andamiaje que tiene que ser muy organizado para que funcione. Por eso es que muchas veces dicen: ‘Eso empezó y no se sostiene en el tiempo’. Para que triunfe, tiene que existir un equipo. Y nosotros, hasta ahora, lo estamos logrando».
En La Aurora se degusta guarapo frío, pero su propietario ya aspira a aprovechar la energía solar para incrementar las ofertas en el servicio.
«Nos dimos cuenta de eso también y estamos pensando en incrementar las ofertas para aprovechar la energía que generan los paneles solares y así tener otro valor agregado. No es fácil vender solamente guarapo. Entonces hicimos otros cálculos para incorporar una freidora cuyo consumo se ajuste a la capacidad instalada; para empezar con algún producto frito con pan, que próximamente ofertaremos».
Mientras el trapiche devora una tras otra las cañas y fluye el dulce jugo, se impone una interrogante: ¿está asegurada la caña para lograr la estabilidad en la venta de guarapo?
Sin titubear, Maikel responde con seguridad y sonríe: «Nosotros tenemos caña para darle a un central».
De tal suerte, hoy un emprendimiento local en Yaguajay ofrece guarapo frío con paneles solares. La Aurora dejó de ser una esquina descolorida en la calle principal de Yaguajay para endulzar la vida al transeúnte, en tiempos en los que el sol se convierte en el mejor aliado para ofrecer un producto tan cubano.
