
Foto: Yeilén Delgado Calvo
Hay poetas a quienes se les escucha leer, y luego no hay manera de acercarse individualmente a sus poemas sin remedar en la mente su acento y su cadencia. Así sucede con Luis García Montero (Granada, 1958), tal vez no solo por su particular voz, sino porque los versos se corresponden plenamente con las ideas y visiones que, fuera de las lides poéticas –aunque, ¿qué está realmente fuera de la poesía? – ha defendido.
Como se apunta en la nota de contraportada de su Antología personal (La Moderna Poesía, 2026), presentada recientemente en Cuba, García Montero, quien dirige el Instituto Cervantes desde 2018, «es uno de los poetas más significativos de la poesía española actual. La crítica ha destacado en su obra la fusión de elementos vanguardistas heredados de la generación del 27 y de la reflexión moral del grupo poético de los 50».
Dividido en tres partes (Palabra, Edad, y Amor), el volumen reúne unos cien poemas de varios libros, los cuales dan cuenta de los temas que le han obsesionado a lo largo de su vida, en correspondencia con los acápites antes mencionados; el modo en que la tradición poética española se engarza naturalmente en su decir; y la apuesta por una expresión llana, en la que el afán de comunicación prevalece sobre la metáfora difícil de desentrañar.
García Montero cree en el poder de la palabra, y en varios de los textos aquí reunidos se le rinde culto, así como al español, mientras Se busca una ciudad / igual que una palabra.
Por ejemplo, en Un idioma leemos: Más constantes que el odio y la avaricia, / más fuertes que el rencor y las prisiones, / más heroicas que el sueño de un ejército, / más flexibles que el mar, / han sido las palabras.
Transitando ese camino, llega también a ensalzar la poesía: A través de los siglos, / saltando por encima de todas las catástrofes, / por encima de títulos y fechas / las palabras retornan al mundo de los vivos, / preguntan por su casa. / Ya sé que no es eterna la poesía, pero sabe caminar junto a nosotros. (Garcilaso 1991)
En estas páginas no solo aparece el poeta fascinado por los grandes nombres de la literatura en castellano o por las posibilidades infinitas de las letras, está el hombre preocupado por la vida y todos los ámbitos que ella supone, incluido el familiar: así como en Conversación con un periodista nos recuerda a quienes ejercemos esta profesión que debemos Tocar la piel del día, en otro poema nos lanza una sentencia rotunda: Un hijo es el segundo país donde nacemos.
Buena parte de los poemas más conmovedores de la antología aparecen en el acápite dedicado al amor. García no apela a la grandilocuencia para hablarnos de un sentimiento que entiende más como un estremecimiento que se hace cuerpo en lo cotidiano.
Y, de esa forma, regala versos de singular belleza: Si el amor, como todo, es cuestión de palabras, / acercarme a tu cuerpo fue crear un idioma; A veces una piel / pudiera ser la única razón del optimismo; Todo está en ti. Y todo permanece / mientras rueda en el cielo / la luna primitiva.
Conocer su historia de amor con la novelista Almudena Grandes –fallecida en 2021– hace más desgarradora la lectura de aquellos poemas que remiten a la enfermedad, la muerte y la viudez; como es el caso de Los cuidados: Son cosas de la vida, / suburbios del presente, domicilios de amor / que se habitan lo mismo que un recuerdo.
No obstante, aquí está la historia de un amor feliz, no malogrado, porque existió, existe, y lo hará para siempre en el poema.
Este es un libro para tener siempre cerca, a modo de consuelo y de inspiración para vivir. En cualquiera de sus páginas encontramos la maravilla, una ciudad donde cobijarnos:
Resumen
No existe libertad que no conozca,
ni humillación o miedo
a los que no me haya doblegado.
Por eso sé de amor,
por eso no medito el cuerpo que te doy
por eso cuido tanto las cosas que te digo.


