OPINIÓN: Un diez en difamación y cero en originalidad
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OPINIÓN: Un diez en difamación y cero en originalidad

Con poca originalidad y retomando, tal vez hasta textualmente, informes del siglo pasado, el actual Secretario de Estado de Estados Unidos insiste en que Cuba es una amenaza para el mayor imperio que ha conocido la humanidad y que últimamente se comporta como un elefante en una cristalería.

De este tema son varias las aristas que se pueden destacar, y en las siguientes líneas haremos alusión a algunas de ellas, empezando por cómo la mentira se ha convertido en un arma esencial en esta guerra multidimensional que se libra contra Cuba.

Tan vulgar como peligroso es el hábito de engañar y recurrir a la falacia de Marco Rubio a la hora de hablar de Cuba. Y no es peligroso solo por el daño moral, sino porque esta maraña de falacias sustenta la despiadada guerra económica y financiera que se le aplica a Cuba y que ha deprimido su economía notablemente en los últimos años.

Intentar vincular a Cuba con los conflictos más trascendentales de la política interna de la nación norteña recuerda al inexistente “Cartel de los Soles” y su supuesta participación en el tráfico regional y mundial de drogas; es decir, se crea un pretexto para escalar en la agresión.

Otro acto de pura mezquindad, o de reescritura de las relaciones entre ambas naciones, es obviar cómo desde Estados Unidos se han ideado y ejecutado las más macabras acciones contra el pueblo cubano, que ha debido pagar con sangre, carencias y sufrimiento el desquiciado anhelo de derrocarlo.

Si le parece exagerada la afirmación anterior, habría que preguntarle a las familias de las víctimas de la explosión de un avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo, a los pescadores secuestrados o víctimas de la metralla terrorista, y es imposible obviar a quienes vieron a sus hijos perecer por el dengue hemorrágico introducido en esta isla.

Para el actual Secretario de Estado, nada de eso pasó, como tampoco existe el bloqueo energético ni la persecución a socios comerciales de Cuba. Pero si por un minuto de lucidez o de cargo de conciencia lo admitiera, seguramente diría que han sido y son “daños colaterales” de la lucha por la libertad del pueblo cubano.

Y es aquí otra arista: la libertad. De esta grosera política resulta que, al parecer, ya la “tierra de la libertad” no es tan libre, y es catalogado como enemigo todo aquel que se oponga a los crímenes contra los inmigrantes, o denuncie que mientras 40 millones de estadounidenses viven en el umbral de la pobreza la actual administración exige más dinero para que mueran personas —entre ellas estadounidenses— a miles de kilómetros de su país.

Pero en honor a la verdad, este libreto de original tiene muy poco. Ya en la década de los 50 del siglo pasado el senador Joseph McCarthy impulsó políticas que buscaron silenciar voces que discrepaban de los intereses de la casta gobernate.

Y ese es otro objetivo de la política hacia Cuba: influir en la opinión estadounidense e intimidar a cualquiera que denuncie el genocidio y la política bárbara que Estados Unidos aplica contra Cuba, allanando así el camino para sus planes más pérfidos.

En tiempos en los que ideas tan absurdas como que la paz se conquista mediante la guerra, y que se revive esa injerencista y decadente doctrina de “América para los americanos”, no es de sorprender que la política exterior de Estados Unidos recurra a los pretextos más burdos.

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