Una chanza muy seria     
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Una chanza muy seria     

Este julio se cumplen 124 años del nacimiento y 37 del deceso de un intelectual cubano cuya lengua ocurrente estuvo al servicio de la literatura y la prensa


Tenía 21 años, imaginación, amor por el periodismo (más algunos conocimientos, gracias al quehacer reporteril ejercido por su padre) y audacia. Era, de acuerdo con sus propias palabras: “un joven inconforme” y acababa de perder su puesto de oficinista en el Ayuntamiento de Camagüey. Aceptó la oferta de Walfredo Rodríguez, director de El Camagüeyano, y a partir del 20 de marzo de 1924 entró al edificio del rotativo como un miembro del equipo.

Intento imaginar el modo en que, con su carácter jovial, saludaba a todos en la redacción y los talleres, ubicados en el edificio número 3 de la calle Finlay. Los pasos ágiles sobre la escalera hacia la segunda planta, donde esperaban su texto de la jornada.

Nicolás Guillén en 1928. /cervantesvirtual.com

Feliz estaba Nicolás Guillén por haber dejado atrás un empleo no satisfactorio, asumido por necesidad, para sostener a la familia. Este se había limitado –de tal manera lo rememoró en el libro autobiográfico Páginas vueltas– a “copiar resoluciones y decretos […] que embargaban estúpidamente todo mi tiempo”.

Apenas cinco días después de su entrada al diario, a la labor como corrector de planas sumó la escritura de la columna Pisto Manchego, a cargo hasta entonces del periodista español M. Santoveña, pero cuyo lenguaje no lograba convencer a los empleadores, pues -según sus criterios- además de concatenar los anuncios publicitarios mediante un relato sobre un tema cualquiera, “en ella era preciso hablar en cubano”.

Fue este uno de los principales periódicos provinciales de Cuba antes de 1959. elcamaguey.org

Enseguida el veinteañero logró captar el interés de los lectores. Una comedia modernista se publicó el 25 de marzo. Asunto: la supuesta asamblea de unos funcionarios enfrascados en debatir sobre la pertinencia de los banquetes públicos. El objetivo del encuentro se diluye entre constantes alusiones a artículos de escritorio, cigarros, servicios funerarios, establecimientos que fabrican o venden refresco, panes, otros alimentos, ron, vinos, zapatos, camas, ropa. Así concluye la sesión:

“EL PRESIDENTE: Yo pido pues, queridos compañeros, que desde hoy nos constituyamos en comité de protesta contra esa costumbre que ridiculiza al cubano y desvía sus actividades del más alto empeño. ¿Qué dicen ustedes?

“LA ASAMBLEA EN PLENO: ¡Que nos constituyamos!

[…]

“EL PRESIDENTE: ¿Hay algún miembro de este comité que quiera hacer uso de la palabra?

“JUAN TRIPA, VOCAL: Yo, señor presidente […] para proponer, queridos compañeros, que en señal de afecto le demos ‘una comida’ –entiéndase bien que no quiero decir ‘banquete’– a nuestro talentoso, activo y popular presidente. ¡Podemos poner a dos pesos el cubierto!… Y comprando los vinos en El Baturro…

“LA ASAMBLEA, PUESTA DE PIE: ¡De acuerdo! ¡Él se lo merece! ¡Viva nuestro presidente!”.

Una sátira de principio a fin; sin dejar de cumplir con el cometido del espacio, traía a la mente no pocas reuniones estériles de políticos y prohombres de la etapa.

De ser hilo conductor para resaltar a los protagonistas (los anunciantes), la crónica se transformó en personaje principal, sustrato en el cual se intercalaba, cual aderezo, la publicidad. Serían el ingenio y la humorada fina dos constantes en la columna, al igual que la firma: Interino.

Al respecto, diserta Manuel Villabella en el prólogo a los tres volúmenes de la editorial Letras Cubanas, contentivos de los trabajos escritos por Guillén para la sección durante 1924 y 1925:

“Cada vez que el tema lo permitiera incorporaría el costumbrismo […] Desfilaron los más diversos temas políticos, económicos, sociales; su quehacer periodístico se desplazó a los acontecimientos nacionales y mundiales. Tendremos en ellos una prosa amena, que comenta con gracia y picardía la actualidad de la ciudad, la provincia, el país, el mundo; los anuncios comerciales no fueron un fárrago, un impedimento […] Guillén supo aprovecharse de ellos con habilidad periodística. Interino se atrevió con todos los politiqueros de la época […]

Pisto Manchego ganó adeptos gracias a su lenguaje desenfadado y la crítica a dislates locales y del país. /elcamaguey.org

[…] “Se burló del ‘regionalismo estrecho’ […], habló de boxeo, pelota o ajedrez; defendió la enseñanza en Cuba, nuestro idioma; enjuició la moda, el romanticismo, el cine, la aviación […], la literatura”.

Denuncia, publicidad e ironía se dan la mano en el siguiente fragmento de El Pisto de hoy (12 de abril de 1924), en el cual alude al mandatario Alfredo Zayas: “¿O hablaré, acaso, de la negativa presidencial a que se hurgara en sus comodidades actuales, muy alejadas, por su bien, de aquella estrechez mísera de su casita de Morro 3, en la que no tenía el flamante Studebaker en que ahora luce su cansada anatomía a través de las calles habaneras, ni gozaba de las cómodas camas en que ahora descansa y solo comparables en Cuba con las que tiene el señor Casildo López?

“No. Yo no me atrevo a hablar de estas cosas porque no tengo ganas, ciertamente, de buscarme un lío con el presidente de la República”.

Fustigó a menudo a las autoridades municipales. En Callejeando (14 de abril de 1924) leemos: “Con una dedicación que enternece se han propuesto nuestros gobernantes llenar con cemento las inmensas caries de nuestras vías urbanas; y cuadrillas de hombres […] se entregan a la benéfica labor, que solo es interrumpida de cuando en cuando para echar un parrafito sobre la bondad de los trabajos en cemento de M. Zabalo o para ir a la bodega de la esquina ‘por un ron de Vallvey’ (bebida producida en Camagüey).

[…] “señores gobernantes que ahora os ocupáis de bañar, vestir y empolvar algunas de nuestras principales avenidas […], yo no me opongo a que República se pavimente […] pero que se compongan también las otras, las humildes”.

A los atropellos sufridos por la lengua hispana consagró, a finales de ese mes, los párrafos de Ortografía. En ellos deplora “los disparates ortográficos” de numerosas cartas enviadas a él y los publicados en otros medios; asimismo, la creciente costumbre de utilizar innecesariamente vocablos anglosajones y alterar la sintaxis. “Ya nadie dice Hotel Habana, al referirse al establecimiento de esta clase que en Camagüey tiene más frescas habitaciones, sino Habana Hotel, al modo americano, que tanto gusta y seduce, aunque al idioma español lo parta un rayo”.

Los anunciantes empezaron a disminuir, quizás por pérdidas económicas o por temor a verse asociados con los reproches aparecidos en El Camagüeyano. En agosto de 1925 llegó el fin de la sección. Para entonces, el recién instaurado machadato auguraba una política de mano dura ante cualquier protesta. Armando André Alvarado, político y director de El Día, había pagado con su vida el atrevimiento de insertar en el periódico diatribas antimachadistas. Se rumoraba que otros colegas habían sido amenazados.

En uno de sus textos Guillén expresó: “Hay veces en que pienso, mirando la obra de gobierno que está llevando a cabo el general Machado, que este señor se ha formado un concepto especial de sus funciones como Primer Magistrado de la nación […]; tiene uno la sensación de que no ha habido un cambio de poderes, constitucional y republicano, sino un cambio de régimen, la inauguración de un sistema distinto, el establecimiento de una monarquía en la que el rey (Machado) tiene empeño de gobernar haciendo su soberana voluntad […] animando la vida del país con un soplo desconocido de una vida distinta, en la que todo es diverso, menos la tradicional baratez a que siempre ha vendido todos sus artículos un establecimiento como La Gran Señora, el consuelo de los pobres camagüeyanos”.

Y el 26 del mes mencionado, reconoció la insostenibilidad de un periodismo crítico: “Ahora, lo mejor es no hablar. Y si acaso se hace […], referirse a cosas inofensivas […]: el cielo azul, los peces de colores, las estrellas, las aves, la Cueva del Casino Campestre […], el catarro que según el cable tiene ahora el rey de Inglaterra, Jorge V… En fin, cosas de esa naturaleza que como debe comprender el lector no pueden incomodar a nadie.

“Sin embargo, hay veces que uno se aburre y quisiera emprenderla contra todo bicho viviente que encontrara en el camino, contra la injusticia, contra la tiranía y contra el diablo y el infierno juntos.

“Pero, la discreción es un poder moderador excelente”.

Cuatro días más tarde Nicolás Guillén dijo adiós definitivamente a Pisto Manchego, si bien continuó en el diario hasta 1926. Luego se trasladó a la capital del país e inició un fructífero andar como poeta, periodista y militante comunista.

La editorial Letras Cubanas compiló en tres volúmenes los trabajos publicados en la sección desde marzo de 1924 hasta agosto de 1925. /granma.cu

Cronología literaria y periodística

Años 20: Publica sus primeros versos en las revistas Camagüey Gráfico y Orto. En su ciudad natal dirige la revista Lys y labora en El Camagüeyano.

Años 30: Ven la luz sus poemarios Motivos de son y Sóngoro cosongo. Además, West Indies, Ltd. y Cantos para soldados y sones para turistas; asimismo, los versos de España. Poema en cuatro angustias y una esperanza. Trabaja en la revista Mediodía. Colabora con el periódico Hoy.

Años 40: Publica en Argentina el libro El son entero. Junto con otros intelectuales comunistas funda en La Habana la revista Gaceta del Caribe.

Años 50: Da a conocer su Elegía a Jesús Menéndez, Las coplas de Juan Descalzo y Elegía cubana. También La paloma de vuelo popular y el soneto Che Guevara.

Años 60-80: Entre otros volúmenes y escritos, publica Prosa de prisa (textos periodísticos, crónicas, comentarios), Poemas de amor, Tengo, Antología mayor, El gran zoo, Cuatro canciones para el Che, La rueda dentada,el Diario que a diario, Por el mar de las Antillas anda un barco de papel y Páginas vueltas (memorias).

Desde 1961 y hasta su fallecimiento, en 1989, presidió la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. En 1983 recibió el Premio Nacional de Literatura.

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