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El gobernante Miguel Díaz-Canel reaccionó este martes al informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre décadas de espionaje y subversión del castrismo en territorio estadounidense con un mensaje en el que descalificó el documento y lanzó acusaciones contra el secretario de Estado, Marco Rubio.
«Cree el ladrón que todos son de su condición», escribió Díaz-Canel en su cuenta de X, al calificar el informe como una iniciativa promovida por «uno de los funcionarios más corruptos de la actual administración», refiriéndose al secretario de Estado, Marco Rubio, pero sin nombrarlo, a quien atribuyó «probados nexos con narcotraficantes y terroristas de la Florida», sin aportar evidencias.
El gobernante sostuvo que, «si un país ha desarrollado operaciones de espionaje y agresión contra otro, ha sido Estados Unidos contra Cuba», y volvió a responsabilizar a Washington de financiar programas destinados a promover un cambio político en la Isla.
En su publicación, también repasó algunas de las acusaciones históricas formuladas por La Habana contra EEUU, entre ellas la supuesta introducción de enfermedades, atentados, acciones terroristas e intentos de asesinato contra Fidel Castro, además de insistir en que el embargo constituye un acto de «dimensión genocida».
Díaz-Canel aseguró asimismo que el régimen de «Cuba jamás ha obrado para dañar al pueblo estadounidense» y afirmó que el informe responde a un supuesto «neo-macartismo trasnacional» que busca justificar nuevas acciones contra La Habana.
Las declaraciones constituyen la respuesta oficial al informe de 100 páginas divulgado el lunes por el Departamento de Estado, en el que Washington sostiene que durante más de seis décadas el régimen cubano desarrolló una estrategia sistemática de espionaje, infiltración y subversión política dentro de Estados Unidos.
El documento, presentado por Marco Rubio, sostiene que La Habana logró penetrar instituciones estadounidenses mediante agentes de inteligencia y redes de influencia, apoyó organizaciones radicales de izquierda y convirtió la exportación de la revolución en un componente permanente de su política exterior.
También el ministro de Relaciones Exteriores del régimen, Bruno Rodríguez, rechazó en X el informe y afirmó que forma parte de «la construcción… de un pretexto» para mantener la política de presión económica contra La Habana.
Según Rodríguez, Washington pretende justificar su «guerra económica» contra la Isla y alimentar una supuesta aspiración de «agredir militarmente a Cuba», al tiempo que acusó a Rubio de responder únicamente a «los intereses de quienes siempre le han pagado».
Por su parte, la embajadora cubana en México, Johana Tablada, comparó al secretario de Estado con el personaje de Sherezade, al afirmar que «cada día le narra otro cuento de ficción al jefe» para endurecer las sanciones contra su Gobierno y presentar a la Isla como una amenaza en el contexto de la política interna estadounidense.
Las reacciones del oficialismo llegan después de que Washington publicara uno de los informes más extensos sobre las actividades de inteligencia del castrismo en EEUU. El documento sostiene que el régimen utilizó durante décadas el espionaje, el reclutamiento de agentes de influencia, el apoyo a organizaciones extremistas y la infiltración institucional como herramientas para influir en la política estadounidense y promover su agenda internacional.
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