
Reuters
El Departamento de Estado de EEUU señaló que los vínculos del régimen de Cuba con potencias hostiles y rivales, como Rusia, China, Irán y Corea del Norte, suponen una «amenaza directa» para la seguridad de Estados Unidos.
El informe «Cuba, capital comunismo del siglo XXI» dado a conocer este lunes 20 de julio apunta que Moscú y La Habana tienen una relación que puede ser calificada como «una asociación estratégica que crea no solo una amenaza directa para la parte continental de América, sino que también desafía el poder y los intereses de Estados Unidos en toda América Latina».
Así, Cuba serviría a Rusia como un «vector clave para desestabilizar y socavar» los intereses estadounidenses en la inmediata «esfera de influencia» de Washington, pues permite a Moscú «proyectar poder en la región sin necesidad de construir bases militares ni mantener una presencia militar significativa».
De acuerdo con el informe, que documenta la historia de la hostilidad del castrismo hacia Washington, considerar que La Habana fue un Estado cliente de la Unión Soviética es una apreciación incompleta.
«Si bien La Habana mantuvo una estrecha colaboración con Moscú durante toda la Guerra Fría y dependió del patrocinio ruso para cubrir necesidades materiales esenciales, los cubanos nunca fueron meros instrumentos de la Unión Soviética. De hecho, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, Cuba y la Unión Soviética llegaron a representar polos sustancialmente diferentes dentro del movimiento marxista mundial. El comunismo cubano contribuyó a configurar una forma de izquierdismo revolucionario distintiva y singularmente peligrosa —basada en agravios raciales, sociales e incluso civilizatorios, más que en el conflicto de clases económicas— que terminaría consolidándose como la vertiente dominante del radicalismo de izquierda en todo el mundo».
Según el documento, «el acceso de Cuba a Estados Unidos continúa siendo una propuesta de valor única para los estados y actores antiamericanos. Al igual que cualquier otro aspecto de la red de subversión cubana, la amenaza que representa hoy la Dirección de Inteligencia cubana se ve agravada por su alianza con los adversarios más destacados de Estados Unidos en todo el mundo. En lugar de espiar a Estados Unidos en nombre del bloque soviético, la Cuba moderna canaliza la información y la inteligencia que sus agentes recopilan en Estados Unidos hacia estados adversarios como China, Rusia, Irán y Corea del Norte».
Señala que el colapso de la Unión Soviética en 1991 «impuso limitaciones de recursos a La Habana, pero no desmanteló las capacidades del organismo (de inteligencia cubano). Este conservó sus técnicas operativas, sus archivos y sus redes de agentes, especialmente dentro de Estados Unidos. Se restablecieron las relaciones de intercambio de inteligencia: lo que antes se compartía con la KGB pasó a compartirse con una nueva constelación de estados y grupos hostiles. El acceso de la inteligencia cubana a Estados Unidos siguió siendo su activo más valioso».
Precisa el estudio que la estrategia de inteligencia cubana «difiere del modelo estándar ruso, chino o iraní en al menos un aspecto fundamental: en lugar de mercenarios a sueldo, Cuba recluta a ideólogos convencidos. Mientras que otros servicios de inteligencia a menudo compran a sus activos o —particularmente en el caso de China— explotan la lealtad nacional de su diáspora étnica, los espías estadounidenses más importantes y perjudiciales para Cuba eran lo que podría describirse como ‘verdaderos creyentes'».
«Esta es una de las razones por las que las universidades estadounidenses constituyen uno de los principales objetivos de las actividades subversivas de Cuba, sirviendo de terreno fértil para reclutar a jóvenes estadounidenses con afinidad ideológica que llegarán a ocupar puestos de influencia, poder y acceso. Tanto los análisis de inteligencia de EEUU como los testimonios de desertores de la Dirección de Inteligencia han confirmado que la inteligencia cubana considera la infiltración en universidades estadounidenses una prioridad absoluta», enfatiza.
Estas operaciones encubiertas se realizan a través de asociaciones públicas y «aprovechando la afinidad ideológica entre estudiantes y profesores de izquierda tanto para ampliar su red de ‘compañeros de ruta’ como para reclutar agentes activos. El propio fundador de la Dirección de Inteligencia, Manuel Piñeiro —conocido también como comandante Barbarroja—, estudió en la Universidad de Columbia en la década de 1950».
«Las organizaciones e instituciones académicas cubanas mantienen becas, programas de intercambio y otras colaboraciones con un número notable de universidades de élite de Estados Unidos. Para el año 2023, la Universidad de La Habana —un nodo clave de la red de inteligencia cubana— contaba presuntamente con acuerdos de intercambio educativo con cerca de 80 universidades estadounidenses».
De esa red antigua y bien organizada se nutre no solo el espionaje de La Habana, sino también el de sus aliados. Según el informe, «tanto China como Rusia han triplicado el número de sus agentes de inteligencia en la Isla durante los últimos tres años».
En el caso específico de Moscú, «a cambio de créditos, energía, equipamiento militar y capacidades técnicas rusos, Cuba ofrece a Rusia bienes inmuebles de primera categoría a solo 90 millas de la costa de Florida, acceso a una red de grupos de ‘solidaridad’ contrarios a Estados Unidos y colaboración con la Dirección de Inteligencia cubana. A medida que Cuba depende cada vez más de la energía y la asistencia rusas, Rusia busca aprovechar esta relación cada vez más estrecha para revitalizar sus antiguas redes de inteligencia en el hemisferio occidental».
Recuerda el Departamento de Estado que Cuba aún alberga «la mayor instalación rusa de inteligencia de señales (SIGINT) en el extranjero, y la renovada asociación entre ambos regímenes se beneficia de la posibilidad de aprovechar la enorme infraestructura de inteligencia que Moscú estableció en la Isla durante la Guerra Fría. Actualmente existen 18 instalaciones SIGINT conocidas en Cuba, dos de las cuales pertenecen a Rusia; además de oficiales del GRU (Dirección de Inteligencia Militar), estas instalaciones cuentan con personal compuesto por ingenieros y expertos técnicos rusos».
Como ha documentado DIARIO DE CUBA, también en los últimos años «las empresas tecnológicas rusas se han expandido rápidamente en Cuba, utilizando la Isla como plataforma para penetrar en otros países latinoamericanos. En gran medida gracias a esta asociación, dichas empresas se encargan ahora de proporcionar capacidades avanzadas de vigilancia a varios países de América Latina, lo que refuerza los vínculos militares y de inteligencia de Moscú con regímenes hostiles a Estados Unidos —como los de Nicaragua y Venezuela— y amplía su presencia en toda la región».
«Además de sostener la vigilancia estatal represiva, es probable que estas transferencias tecnológicas respalden las operaciones de influencia maligna de Rusia, incluidos los ciberataques maliciosos, la desinformación y la propaganda antiamericana», señala.
El informe recuerda la implicación directa de La Habana en la invasión de Ucrania por Rusia: «Desde 2023, mercenarios cubanos también han combatido en nombre de Moscú en la guerra de Ucrania. Informes de 2025 señalan que miles de cubanos podrían haber sido reclutados para luchar por Rusia en el frente de batalla en Ucrania».
El amigo chino
En cuanto a la alianza de La Habana con Pekín, el informe apunta que «China mantiene una presencia constante de recopilación de inteligencia en Cuba», mientras que el régimen de la Isla «se beneficia de su relación con China mediante ayuda exterior, condonación de deudas y decenas de miles de millones de dólares en inversiones».
Subraya que «China opera activamente tres de las 18 instalaciones SIGINT conocidas en Cuba; según el Wall Street Journal, se considera que algunas ‘bases chinas y rusas son operadas conjuntamente con Cuba’. En palabras de un alto funcionario estadounidense: ‘China y Rusia consideran sus instalaciones en Cuba como algunos de sus puestos de escucha en el extranjero más críticos'».
«La presencia de inteligencia china en Cuba representa un riesgo crítico para la seguridad operativa militar de Estados Unidos. Las instalaciones militares, los comandos combatientes, los centros de lanzamiento espacial y otros sitios sensibles ubicados en el sureste de Estados Unidos son especialmente vulnerables a la vigilancia técnica desde Cuba, por no mencionar la actividad aérea, espacial y marítima estadounidense en la región», enfatiza.
El informe señala que la alianza de Pekín y La Habana tiene implicaciones para el resto de América Latina. «Entre 2002 y 2019, funcionarios chinos llevaron a cabo más de 200 encuentros de alto nivel en toda América Latina —incluida Cuba—, mientras que el comercio entre China y la región se disparó de 12.000 millones a casi 315.000 millones de dólares en ese mismo periodo. Al igual que Rusia, China suministra a regímenes represivos de la región tecnologías de vigilancia diseñadas para sofocar la disidencia y marginar a los partidos de oposición favorables a Estados Unidos».
«China también ha ampliado su presencia militar en la zona; la Evaluación Anual de Amenazas de 2024 de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional señaló que Cuba figuraba entre los lugares que el Ejército Popular de Liberación consideraba para la construcción de nuevas instalaciones militares. Recientes ejercicios de simulación bélica de China han incluido escenarios de combate en América Latina y el Caribe, lo que refleja la perspectiva de Pekín de que la región podría constituir un teatro de operaciones viable en un futuro conflicto con Estados Unidos».
Sobre Irán, el Departamento de Estado precisa que Teherán ha buscado en los últimos años «ampliar sus asociaciones estratégicas formales con Cuba, incluida una serie de acuerdos en materia de comercio, telecomunicaciones, tecnologías de la información, servicios portuarios y el uso de infraestructura naval cubana».
«Al igual que Rusia y China, Irán ha condonado deudas y ha concedido generosas líneas de crédito a Cuba en el marco de esfuerzos por profundizar la cooperación en los ámbitos político, comercial, de seguridad e inteligencia. En consonancia con su postura ‘antiimperialista’, Cuba ha apoyado durante mucho tiempo al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y a grupos terroristas respaldados por Irán, como Hamás, Hezbolá y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), ofreciéndoles no solo el respaldo del propio régimen, sino también un punto de apoyo para expandir su presencia en América Latina».
En este caso, el eje con Venezuela ocupa un lugar central. «El acuerdo entre La Habana y Caracas —que se convirtió en el eje institucional e ideológico moderno del antiamericanismo en el hemisferio occidental— proporcionó a Irán y a sus grupos afines conexiones con redes criminales y políticas de la región, así como un entorno permisivo para promover los objetivos de Teherán y socavar a adversarios como Estados Unidos. Según informes del Pentágono, se constató que oficiales de la Fuerza Quds del CGRI operaban bajo cobertura diplomática en la Embajada de Irán en Caracas, brindando inteligencia y otro tipo de asistencia al régimen de Maduro», recuerda.
«Para el año 2003, Hezbolá ya había establecido células en Venezuela; para 2019, los analistas estimaban que miles de presuntos militantes de Hezbolá, Hamás y otros grupos respaldados por Irán habían viajado a Venezuela y a otras partes de América Latina, incluidas Bolivia y Nicaragua».
Según el documento, Teherán «también ha aprovechado la ubicación geográfica de Cuba para llevar a cabo operaciones de guerra electrónica contra objetivos estadounidenses. En 2003, Teherán interfirió las emisiones de televisión internacional de varias cadenas con sede en Los Ángeles mediante un dispositivo situado en La Habana. Y, más recientemente, informes de inteligencia sugieren que Cuba ha adquirido drones de ataque procedentes de Irán y que oficiales militares cubanos han consultado con asesores iraníes sobre la guerra asimétrica con drones de cara a un posible conflicto con Estados Unidos».
El estudio detalla que la asociación de La Habana con Teherán convierte a la Isla en un «nexo para facilitar el contacto y la coordinación entre redes extranjeras de solidaridad antiamericana y activistas radicados en Estados Unidos».
«Por ejemplo, Al-Tajammu —una coalición paraguas del ‘Eje de la Resistencia’ favorable a Irán que incluye a Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina, el FPLP, los hutíes y diversas milicias iraquíes respaldadas por Irán— tiene su sede en el Líbano y funciona, en la práctica, como la contraparte iraní del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) cubano. Con delegaciones en más de 86 países, incluido Estados Unidos, Al-Tajammu representa la convergencia entre el activismo de izquierda radical y el terrorismo violento. Analistas independientes han identificado al menos 39 nodos establecidos en África, Australia, Canadá, Europa, India, América Latina y Estados Unidos».
«En 2022, el ICAP invitó a Al-Tajammu a Cuba para formalizar una alianza de cooperación e integración entre las redes de influencia internacional de Irán y Cuba. El coordinador de la delegación norteamericana de Al-Tajammu, Paul Larudee, es un ciudadano estadounidense nacido en Irán que aparece habitualmente en medios estatales iraníes y ha afirmado que los atentados del 11 de septiembre fueron una operación de ‘falsa bandera’ perpetrada por ‘sionistas extremistas’. Larudee, radicado en San Francisco, es también tesorero de la Asociación para la Inversión en Comités de Acción Popular (Association for Investment in Popular Action Committees) —que utiliza irónicamente las siglas AIPAC—, una organización sin ánimo de lucro opaca y alineada con el Eje que actúa como entidad paraguas y patrocinador fiscal para medios de izquierda latinoamericanos y financia ‘delegaciones de voluntarios a Cuba y Venezuela’. Los ingresos totales de AIPAC se triplicaron con creces entre 2023 (284.359 dólares) y 2025 (946.870 dólares)», precisa.
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De nuevo con la misma cantinela, ya compiten con La Habana a ver cuál repite más veces lo mismo.