Geopolítica: Cuídate, Europa, de tu propia Europa
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Geopolítica: Cuídate, Europa, de tu propia Europa

La situación en la Unión Europea con el tema migratorio atraviesa las cancillerías y genera sinergias entre los miembros, así como hacia el interior de los países. Las elecciones están dándose en base al relato y quién lo controla. ¿La emigración es un proceso necesario de reacondicionamiento del mundo o un reemplazo étnico que amenaza con desplazar a las identidades? Allí está la llave de un debate que en demasiadas ocasiones se salta la realidad y la racionalidad y coloca sus miras en la búsqueda desesperada de votos. Si damos una mirada, el ascenso de la derecha y la ultraderecha en los últimos comicios estuvo impulsado por lo que llaman la “batalla cultural” que se fundamenta en narrativas identitarias más allá de la propia izquierda y derecha. Básicamente, el relato es el siguiente: los emigrantes consumen una cantidad de recursos que deberían estar destinados a los nacionales, por ende ellos son los culpables de la crisis, el desempleo y la inflación. Un argumento que desvía la mirada de elementos estructurales más serios.

Ahora bien, Europa es un continente que, por varios factores, va en decrecimiento demográfico. Políticas de corte social no siempre beneficiosas a mediano y largo plazo han desestimulado la reproducción. Dinámicas internas propias de esas sociedades redujeron el número de embarazos y desplazaron la edad reproductiva más allá de los años de mayor fertilidad. Las oleadas de emigrantes, por otro lado, tienen una causa bien distinta: el total abandono institucional en países del mundo subdesarrollado. Políticas públicas inexistentes, guerras, corrupción, estados fallidos, terrorismo, colapso económico; todo un caldo de cultivo que ha hecho que los habitantes de África del norte —por mencionar una zona— se trasladen hacia países como España. Esta doble realidad se ha combinado, creando una matriz de opinión en los europeos que resulta el cóctel perfecto de cualquier campaña. En Reino Unido ha habido marchas en las cuales se responsabiliza a los emigrantes y al gobierno laborista de cuestiones como la criminalidad, la inseguridad, la inflación y la pérdida de prestigio internacional como potencia para los británicos. La realidad es otra: Londres salió de la Unión Europea mediante el Brexit y ello modificó estructuralmente su relación con los mercados, generando inestabilidad y caída de niveles de vida.

En Alemania, la ultraderecha ha logrado un espacio político que reivindica viejos valores del primer y segundo imperio. Un movimiento ideológico que apunta hacia la posibilidad de un peligro real. Desde 1945, el mundo europeo no se había llenado de tantas contradicciones. Los alemanes que votan a la ultraderecha rescatan de ese pasado la idea de la pureza racial. El rechazo al emigrante está en la centralidad. En todo esto existe una apelación a un supuesto “sentido común” que reivindica una idea falsa de soberanía fundada en una visión estrecha de la identidad cultural. La ingeniería social de estos tiempos en el espectro derechista opera mediante la Ventana de Overton, o sea abrir un marco por estrecho que sea e irlo ampliando hasta lograr metas máximas. Primero empiezan hablando de empleo, de la seguridad social de los alemanes de clase media y baja y terminan culpando de ello a los de afuera. Para el votante medio es más dificil entender razones estructurales, son más frías, más distantes y a veces no tienen soluciones claras. En cambio, el enemigo común, la idea del archienemigo, son construcciones del discurso que operan con rapidez.

En tiempos de crisis la gente busca respuestas ágiles. Además, para el votante ninguna razón de índole estructural será suficiente cuando sus condiciones de vida reales se están depauperando por decisiones de gobiernos sucesivos. Esta situación ha creado crisis de gobernabilidad más o menos paliadas, como la que acontece en Londres, donde desde el Brexit ha habido un desfile de primeros ministros todos defenestrados por no poder manejar la situación. Desde David Cameron no existe ahí una concordancia, encima de ello Boris Johnson les legó la crisis ucraniana. Geopolíticamente la idea de la Europa globalista y multicultural, de valores liberales y socialdemócratas está haciendo aguas, perece delante de las narices de Occidente. El retroceso se ha sentido no solo en los términos de políticas migratorias, sino en la imposibilidad de una aglutinación de la clase política en torno a un mismo proyecto. En España, las políticas identitarias han hecho mella en el electorado: hombres contra mujeres, homosexuales contra heterosexuales, el campo contra la ciudad, ecologistas contra ganaderos. Y en medio de ese choque, la imposibilidad de que esos grupos se cohesionen y lleguen al poder mediante una lucha real. La fragmentación del sujeto ha funcionado como una contención de las verdaderas contradicciones sociales. Ello ha desembocado en la agudización de tales conflictos.

Ahora mismo esas fragmentaciones están llevando a la judicialización de la política, la inoperancia de los sistemas electorales, el manejo interesado de los votos, el pactismo de espaldas a la gente y el control del relato. Sin dudas, hay que hablar de la crisis en Occidente no como algo pasajero, sino como una mancha definitiva que no lo deja avanzar y habla de la incompetencia de determinados mecanismos de representación así como de la supuesta división de poderes. 

Europa pareciera parafrasear esa máxima del poeta: “Cuídate, Europa, de tu propia Europa”. Quizás porque cada realidad geopolítica conlleva adentro una sombra mayor que la determina llegado el momento y que arroja sobre el futuro muchas más dudas e interrogantes que certezas. La incertidumbre, el aire de guerra, el rechazo de los valores universales y del derecho natural son las marcas de un presente en el cual se reúnen los vicios de la política real. Entre las elecciones como una exageración de la estadística (como dijera Borges) y el ascenso de discursos de odio, el continente dista de aquella filosofía humanista que rigiera la creación de la Unión Europea. 
 

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