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Cuba: situación límite – MUNDIARIO

Cuba está viviendo una situación límite. Desde la intervención militar norteamericana en Venezuela, en el pasado mes de enero, se eliminó la posibilidad de un suministro continuado de petróleo para asegurar un mínimo nivel de funcionamiento de las centrales de producción de energía eléctrica y un funcionamiento precario del sistema de transporte. Las consecuencias de esas carencias en la vida diaria de la población son muy graves: dificultades para mantener un nivel de vida digno y fuertes desajustes en el funcionamiento de los servicios públicos básicos: sanidad, enseñanza y atención a las personas dependientes.

Desde el triunfo de la Revolución en el año 1959, la dinámica de desarrollo de la sociedad cubana estuvo muy condicionada por factores externos. La extraordinaria beligerancia de las administraciones norteamericanas contra el nuevo régimen encabezado por Fidel Castro y el contexto internacional de la época —con la instauración y mantenimiento de la llamada «guerra fría»— facilitaron el alineamiento incondicional del gobierno cubano con la URSS y con el bloque del llamado «socialismo real». Las autoridades de la isla apostaron por unas relaciones que, en la práctica, disminuían notablemente su margen de autonomía en el diseño y en la aplicación de las políticas internas. Hasta el derrumbamiento de la URSS en el año 1991, el gobierno cubano fue capaz de asegurar un nivel de bienestar social superior al que se registraba en los restantes países de su área geográfica. Por tanto, en esas condiciones, se consolidó la legitimación social de un sistema político que se inspiraba en un modelo de partido único que controlaba todas las instituciones del Estado y que promovía un sistema económico de planificación centralizada, sin espacio para una presencia mínima del mercado en la producción y distribución de los bienes y servicios.

La desaparición del «amigo soviético» originó graves desajustes en el ámbito económico y, al mismo tiempo, constituyó una oportunidad para revisar autocríticamente el modelo seguido hasta ese momento. Los dirigentes cubanos tomaron algunas medidas parciales para enfrentar el cambio radical registrado en la geopolítica internacional. Sin embargo, optaron por regresar a una versión del modelo anterior, aprovechando la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y su disposición a facilitar un suministro de recursos petrolíferos en condiciones muy favorables para el gobierno de La Habana.

Durante los últimos años del mandato de Barack Obama se abrió una oportunidad desconocida hasta aquel momento. Aunque se mantuvieron vigentes las viejas normativas legales utilizadas para ahogar el desarrollo de la economía cubana, el establecimiento de relaciones diplomáticas permitió hechos muy novedosos: desde una presencia significativa de turistas norteamericanos hasta la celebración de un simbólico concierto de los Rolling Stones en La Habana, pasando por una mayor flexibilización en la entrada de las remesas financieras de los familiares residentes en Miami o en otras partes del territorio estadounidense. Desgraciadamente, las expectativas de mejora en las relaciones bilaterales no fructificaron a causa de una doble circunstancia: la imprevista llegada de Trump a la Casa Blanca y el excesivo conservadurismo de las autoridades gubernamentales cubanas a la hora de activar reformas en el sistema establecido en la isla. Visto desde hoy, resulta verosímil pensar en los efectos negativos de las inercias históricas asumidas por el propio régimen: naturalizar un gran nivel de dependencia exterior —primero con la URSS y después con Venezuela— sin evaluar las serias hipotecas y los riesgos asociados a esa opción estratégica.

Ahora mismo, las opciones que están sobre la mesa son dos: el mantenimiento de la lógica continuista del gobierno que preside Díaz-Canel o el desarrollo de un proceso de negociación entre los dirigentes de Cuba y los de Estados Unidos.

La posibilidad de una salida negociada con la Administración Trump está llena de incógnitas. Se confirmó oficialmente la existencia de conversaciones entre personas vinculadas a Marco Rubio y otras relacionadas con el círculo de Raúl Castro (incluso con la presencia física del director de la CIA en el diálogo realizado en territorio cubano). Sin embargo, no hay constancia suficientemente contrastada sobre el alcance concreto de los asuntos que se están abordando en esos contactos. Podría pensarse que, tal vez, el gobierno norteamericano desea repetir la «fórmula» venezolana: aceptar la continuidad de la mayoría de la élite dirigente del PCC a cambio de concesiones importantes en materia económica. En tal caso, existirían dos dificultades específicas para aplicar ese modelo: la menor entidad de los recursos productivos autóctonos que pudieran ser controlados por los amigos de Trump y la persistencia —en el seno de algunos sectores del establishment norteamericano— de una pulsión vengativa por el triunfo de la Revolución de 1959 contra el régimen de Batista. Estas singularidades cubanas podrían incentivar la tentación de una intervención militar —aunque fuese parcial y temporal— en el propio territorio de la isla. Semejante perspectiva no se compadecería con una lógica medianamente racional, pero la presencia de una figura como Trump no asegura su inviabilidad práctica.

¿Y cuál es la estrategia negociadora que están siguiendo los dirigentes cubanos? Una pregunta decisiva con pocas respuestas de certeza contrastada. ¿Están dispuestos a introducir cambios significativos en el sistema político para conseguir —como contrapartida— una mejora en las deterioradas condiciones de vida que está padeciendo la gran mayoría de la población? ¿Pueden aceptar un tránsito gradual hacia fórmulas de representación pluripartidista como las que hoy existen —por citar algunos ejemplos— en México, Brasil, Colombia o Uruguay? ¿Son realmente conscientes de que la indiscutible legitimidad de origen conquistada hace más de 60 años está quedando seriamente cuestionada por las graves dificultades para conseguir una legitimidad en el ejercicio del poder ante la propia sociedad?

Sería deseable que unos y otros fueran capaces de encontrar un punto de encuentro que permita vislumbrar un camino de salida a esta situación límite. Está en juego la consecución de un bienestar básico para millones de hombres y mujeres que hoy están sufriendo intensamente en aquella tierra tan vinculada a nuestra propia historia. @mundiario

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