La poesía se convierte en legado en espacio literario Aire de Luz
Cadena Agramonte Portada

La poesía se convierte en legado en espacio literario Aire de Luz

La Habana, 17 jul.- El Centro Cultural Dulce María Loynaz acogió una nueva edición del Café Literario Aire de Luz, espacio que en esta ocasión tuvo como protagonistas a dos poetas unidos por la sangre y la palabra: Waldo Leyva y su hijo Karel Leyva, en un encuentro que evidenció la continuidad de la creación lírica en la isla.

Waldo Leyva, Premio Nacional de Literatura (2024) y fundador de las revistas Del Caribe y Letras Cubanas, evocó con visible emoción sus años iniciales en Santiago de Cuba, cuando recorría la antigua provincia oriental compartiendo su pasión por la cultura con poetas y trabajadores.

Durante la presentación, la coordinadora y anfitriona de la tertulia, Basilia Papastamatíu recordó que el autor encontró en los primeros años de la Revolución el espíritu de sus primeros libros y subrayó su trayectoria dentro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Instituto Cubano del Libro, su labor diplomática en México y su experiencia como combatiente internacionalista en Angola.

Karel Leyva, poeta, ensayista y promotor cultural, actual presidente de la Sección de Poesía de la UNEAC, coordinador del Festival Internacional de Poesía de La Habana y vicepresidente del grupo literario Aladécima, leyó algunos de sus poemas más conocidos.

Papastamatíu destacó en su obra el interés constante por la paz, con temas que abordan desde Cuba hasta Gaza y otros escenarios del mundo, así como su labor al frente de eventos que promueven ese mensaje.

La particularidad de la velada, según explicó Papastamatíu, radicó en que los convidados no respondían a criterios estéticos ni a adscripciones generacionales o de movimientos literarios, sino a un vínculo sanguíneo.

Esta es la segunda vez que ambos intelectuales comparten este Café Literario, recordó la también escritora, al tiempo que agradeció la presencia de la directora de la institución, Tomasa González Pérez, y del público asistente.

Aire de Luz, que se extendió por más de dos horas, dejó constancia de que la poesía de la mayor de las Antillas no solo se escribe con imágenes y metáforas, sino también con el legado que se transmite de generación en generación; y donde la palabra fue ante todo un asunto de familia. ( Texto y foto: ACN)

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