China alzó su voz para exigir a Estados Unidos (EEUU.)el cese inmediato del bloqueo económico y las presiones contra Cuba, en una declaración que refleja el creciente malestar internacional ante el endurecimiento de la política de asfixia aplicada por la administración de Donald Trump contra la isla caribeña.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, fue contundente durante una conferencia de prensa y planteó que Pekín insta a Washington a «cesar de inmediato el bloqueo, la coerción y las presiones contra Cuba» y a detener lo que calificó como una violación sistemática del derecho a la vida y al desarrollo de su población.
El funcionario chino recordó que su país ya ha manifestado esta postura en múltiples ocasiones, subrayando que las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos se han prolongado por más de seis décadas.
El diplomático denunció que el cerco económico ha causado «un profundo sufrimiento al pueblo cubano», afectando gravemente sus necesidades básicas y generando una creciente preocupación en la comunidad internacional.
«Estados Unidos ha intensificado recientemente sus medidas de bloqueo y sanciones, afectando gravemente las necesidades básicas del pueblo cubano y generando una gran preocupación en la comunidad internacional», dijo en declaraciones recogidas por RT.
Lin Jian destacó que las medidas se han intensificado recientemente bajo el segundo mandato de Donald Trump, lo que ha incrementado. la crisis humanitaria en la isla.
China manifestó su «firme apoyo a Cuba en la defensa de su soberanía nacional y en su rechazo a la injerencia extranjera», y se declaró dispuesta a colaborar con la comunidad internacional para defender la equidad y la justicia en el plano global. El pronunciamiento se produce en un contexto de máxima tensión, donde la administración estadounidense ha endurecido su política de asfixia total hacia La Habana.
Asfixia de Trump sobre Cuba
El bloqueo económico y comercial impuesto por Washington se mantiene vigente desde hace más de 60 años, pero con el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, las medidas coercitivas se han multiplicado. El propio presidente estadounidense ha llegado a amenazar con el uso de la fuerza militar para derrocar al gobierno cubano, una postura que la isla ha calificado como «genocidio».
La administración Trump mantiene un despliegue militar activo en el Caribe a través del Comando Sur, y ha admitido abiertamente que su objetivo es impedir que Cuba genere cualquier tipo de ingresos económicos. Las medidas incluyen el bloqueo del suministro de petróleo, un recurso vital para los requerimientos energéticos del país caribeño, así como restricciones en sectores clave como la salud, la educación y el transporte.
El impacto multidimensional del bloqueo ha puesto en peligro servicios fundamentales para la población cubana, incluyendo el abastecimiento de combustible, la atención sanitaria, los programas educativos, la distribución de alimentos y la industria turística. La economía de la isla enfrenta así una presión sin precedentes, con consecuencias directas en la vida cotidiana de millones de personas.
El cerco petrolero de Washington ha agravado la crisis energética en Cuba con cortes eléctricos superiores a las 20 horas en La Habana y un déficit diario que ronda los 2.000 megavatios. La isla solo ha recibido, en lo que va de 2026, un buque de combustibles: el petrolero ruso Anatoly Kolodkin que trajo 100.000 toneladas de crudo.
El bloqueo petrolero también impide que más de 100.000 niños reciban la leche subsidiada por el Estado, que enfrenta dificultades para su transporte desde los centros productores a las ciudades.
En materia de salud, las restricciones del bloqueo estadounidense contra Cuba dificultan el acceso a materias primas, equipamiento y recursos financieros destinados a sostener la producción nacional de vacunas, medicamentos básicos y los diagnósticos de enfermedades como el cáncer.
Pekín, al alinearse con los reclamos de la comunidad internacional, insta a Estados Unidos a escuchar las demandas de justicia y a poner fin a una política que considera contraria al derecho internacional y a los principios de convivencia pacífica entre naciones. La postura china refuerza el creciente consenso global que condena las sanciones unilaterales como herramientas de coerción política que causa estragos en la población de la isla caribeña.
