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Unas raras y sui géneris estructuras captarán su atención sin dudarlo, pues cualquiera que gire la mirada hacia aquel punto sentirá cuanto mínimo, asombro o curiosidad por la forma y el color que contrasta con el verdor y la uniformidad del paisaje. Ubicados muy cerca del kilómetro 255, a un costado del río Sagua la Grande, en el vecino municipio de Ranchuelo, provincia de Villa Clara, usted estará en presencia de tres hornos de carbón de 10 metros de altura; verdaderos atalayas humeantes, protagonistas no solo en aquel sitio desde hace pocos años, sino también del momento histórico que vive la Cuba del presente.

Mediante la tipología clásica del cono, en su seno son colocados los trozos de madera verticalmente recubiertos con tierra seca, donde se efectúa el proceso de combustión a temperaturas entre los 400 y 700 grados Celsius. Allí dentro, en ausencia casi total de oxígeno, se queman o evaporan las materias volátiles, dando lugar al tan cotizado carbón vegetal o de leña. Mientras el proceso avanza, los horneros lo vigilan atentamente para evitar que en la cubierta de tierra se produzcan aberturas por donde se cuele el viento, y se desencadenen así las tan temidas llamas, que arruinarían una larga y fatigosa labor de unos 15 días o más.


La gran velocidad con la que usted circulará por ese tramo de autopista, tal vez le impida apreciar otros detalles de esos fascinantes “sombrerones” compuestos por ladrillos y barro, los cuales, valga decir, han tenido diversas réplicas semejantes, a cielo abierto, en ciertas latitudes del planeta —en Norteamérica, por ejemplo, o en regiones apartadas de Argentina, en el Cono Sur— desde hace centurias, y que tanto sirvieron antaño como sirven a los hogares e industrias hoy día.

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