Gracias a la prioridad que el gobierno le sigue concediendo a la salud, cientos de pacientes pueden viajar seguros hasta la capital o a otras provincias para asistir a consultas o recibir el tratamiento que no existe en sus lugares de residencia.
Se habla poco del asunto, muchas personas ni siquiera lo conocen; sin embargo, no hay duda de que deviene en una especie de “bendición” en medio de la compleja realidad que atraviesa la economía nacional, consecuencia del cerco energético impuesto por la Casa Blanca contra Cuba y que golpea de manera atroz el sector del transporte
Hablamos del llamado Medibús u ómnibus de los turnos médicos, una alternativa de altísima sensibilidad y alcance humano para que los pacientes de todo el país puedan seguir viajando y recibiendo atención o tratamiento, tanto en prestigiosos hospitales e institutos médicos de la capital como de otras provincias.
Realizan dos viajes semanales a La Habana (lunes y jueves) e igual cantidad hacia Villa Clara (martes y jueves), y Sancti Spíritus no es la excepción.
Pinareños, villaclareños y habitantes de otras zonas del centro-occidente cubano continúan accediendo a esa posibilidad, del mismo modo que avileños y tuneros (atendidos en Camagüey), por apenas mencionar dos ejemplos. Esto es posible gracias a la prioridad que el gobierno cubano le concede a la salud.

Según explica Yuleisys Pérez Reyes, coordinadora provincial del Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) en Sancti Spíritus, «no se trata solo de esos viajes con salidas programadas. También está el traslado permanente de pacientes por razones de urgencia para la realización de tomografías en Morón, Ciego de Ávila (prácticamente todos los días); resonancias magnéticas en Santa Clara y Cienfuegos, y el programa genético en el habanero Hospital William Soler…».
En torno al alivio que representa tener esa garantía, Bohemia dialogó recientemente con pacientes, familiares, directivos de salud, especialistas y trabajadores que intervienen en el servicio.
—Si no fuera por este ómnibus no podríamos viajar y hubiera sido en vano todo lo que la medicina ha hecho por mi esposo Omar Rodríguez —afirma la espirituana Erevia Pérez. No hay paciente que pueda “meterle el pecho” al precio que cobran las guaguas arrendadas, las máquinas y otros medios de transporte particulares.
No solo el tono de su voz, sino también la expresión de su rostro, transmiten esa gratitud que anida en quienes saben lo que significa poder acceder a la aplicación de los llamados “sueritos”, la radioterapia o un tratamiento “de lujo” en la sala F del Hospital Oncológico de la capital cubana, además de contar con la garantía de transporte para seguir asistiendo a las consultas.

Similar valoración hacen personas que residen incluso fuera de la cabecera provincial. Es el caso de Adrián Aguilar Palmero, habitante de La Sierpe, atendido en el Hospital Ortopédico Fructuoso Rodríguez, y de los padres del niño trinitario Alex David Prado, de apenas tres años de edad, a quien suelen tratar como a un verdadero príncipe en el Cardiocentro William Soler.
—Tampoco sé qué sería de nosotras si no pudiéramos viajar en este medio de transporte —confiesa la madre de una jovencita llamada Adriana, quien recibe atención desde hace más de 20 años en el mismo Cardiocentro.
Ejemplos hay para llenar cuartillas y conmover el alma. Bien lo saben Xiomara Gómez y su hija Marigelys Pérez, residentes en la localidad rural de Punta de Diamante, en el municipio de Cabaiguán.
La muchacha fue sometida inicialmente a un tratamiento de mama y luego de tiroides. De manera que no ha sido un solo viaje hasta La Habana, tampoco un solo ingreso. Por ello, Xiomara no titubea en calificar al Medibús como «algo realmente divino».
Con el mismo latido
La enfermera Yaimara Hernández es de esas personas que prefieren hablar poco y hacer todo lo que esté a su alcance. Aun así, da gusto escuchar la delicadeza con que se dirige a los pacientes, el modo en que los orienta, los escucha y los atiende.
—Yo solo aplico lo que aprendí cuando estudié —dice. Trato de entenderlos y me pongo en su lugar.
Igual sucede con Miguel Marín, uno de los dos conductores del ómnibus: “Ellos no son mis pasajeros ni los pacientes del hospital; son mi familia. No los quiero mejores: son muy buenos, intachables, disciplinados, cuidan el carro y, cuando necesitan hacer una parada, me lo piden con una modestia tremenda… Por eso, de acuerdo con mi escalafón, he firmado tres veces mi compromiso para este tipo de servicio.”
La sensibilidad, sin embargo, no solo está dentro de la Yutong. Con una sencillez proverbial, Bárbara Diéguez, jefa de la Sala F del Hospital Oncológico, afirma: “No estamos hablando de cualquier paciente. Los nuestros tienen sus características; la principal, yo diría que es su gratitud. No exagero si te digo que uno llega a sentirlos como a la familia misma”.

Por su parte, el doctor Yohanes René Mestre Cabello, especialista en cirugía oncológica de cabeza y cuello en esa institución, expresa: “No hacemos nada extraordinario; ponemos mucha pasión, mucha sensibilidad… porque esas personas vienen de otras provincias donde no existen estos centros. Tienen que madrugar, viajar, suelen agotarse un poco y lo menos que podemos hacer es priorizarlas y atenderlas lo más rápidamente posible”.
—Aquí no ocurre como en otros casos o especialidades en que se da el alta médica —agrega. Nuestros pacientes siguen siendo atendidos por nosotros. Lo que hacemos es espaciarles la consulta. Por eso es tan importante ese respaldo de transporte que se continúa ofreciendo desde las provincias, a pesar de la difícil coyuntura que está atravesando el país.

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