11 de julio, el grito que viene
Cinco años después la miseria es mayor y ya todos sabemos, tanto los de allá como los de acá, que bajo esa dictadura no hay solución posible a la debacle que provocó el obtuso totalitarismo comunista. No la hay. Ineludiblemente, cansados de tanta humillación y desesperados ante su miseria tiene que llegar el momento en que los que antes tuvieron miedo no tengan más remedio que unirse a los valientes que nunca lo tuvieron. Hoy cada día son más los que salen a la calle con sus cazuelas vacías de comida pero llenas de dignidad.

Vídeos relacionados:
El 11 de julio de 2021 yo no estaba en Cuba. En 2021 ya llevaba veintiséis años fuera de esa bella isla que me vio nacer. Sin embargo, ese 11 de julio yo estaba en La Habana, esa bella ciudad que me vio crecer. No estaba mi cuerpo, pero estaba mi corazón junto a miles de cubanos valientes, que cansados de tanta humillación salieron a la calle a exigir y a luchar por la libertad que desde el 1º de enero de 1959 una pandilla de bandidos le arrebataron a nuestros padres y abuelos.
Ese día hacía ya rato que la rendición, seis años antes, de Estados Unidos ante la dictadura cubana, gracias a Barack Hussein Obama, había dejado de ser una esperanza ante un régimen que lejos de aprovecharla se atrincheró en su obstinado totalitarismo empobrecedor. Ese día los cubanos de la isla todavía sufrían el desastre de la inepta gestión del régimen ante la epidemia del COVID-19. Ese día, todos ellos, menos los dictadores, seguían sobreviviendo la escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos. La gente miserable mientras que los dictadores seguían balbuceando frases inútiles y fantasiosas. La vida real contra la riqueza de los de Gaesa.
Aquel 11 de julio de 2021 miles de cubanos salieron a las calles y durante horas apabullaron a la dictadura represora. Fueron horas gloriosas para todos los que soñamos con una Cuba libre y próspera. Imagino, sé, que fueron horas gloriosas para esos valientes que por primera vez en sus vidas tomaron en sus manos sus propios destinos. Ellos no fallaron, fallamos nosotros por no ejercer más presión a los gobiernos de los países donde habitamos para que ejercieran presión contra los asesinos represores de valientes que solo pedían libertad, algo normal en cualquier sociedad democrática, e incluso en muchos de los autoritarismos que se han impuesto hoy en varios países.
Fallamos en 2021 y seguimos fallando en 2026. Incluso con esa orden ejecutiva de finales de enero, no hemos logrado presionar lo suficiente a la Administración Trump para que actúe de manera decisiva contra esa dictadura cuya capacidad de defensa militar es de risa, pero que sus habilidades mediáticas y diplomáticas, evidentemente, no tienen competencia.
La asfixia de las protestas del 11 de julio de 2021 es una lección que tenemos que interiorizar todos los cubanos, tanto los cautivos de la isla como los libres fuera de ella. La dictadura cubana ha demostrado, durante toda su macabra historia, que tiene un gran instinto de supervivencia. Incluso ahora que desde el 29 de enero de este año fue declarada como “peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos.” Peligro que no tiene nada de inusual. Esa dictadura totalitaria ha sido un peligro para el mundo desde sus meros inicios.
Aquel 11 de julio de 2021 los valientes fueron reprimidos en las calles de toda la isla. Por unas horas el miedo estuvo del lado de los dictadores ineptos, pero seis décadas de experiencia en reprimir y asesinar no se pueden vencer solo con uno miles de valientes tomando las calles. “La orden de combate está dada”, dijo, con cara de miedo, el esperpento “puesto a dedo”, mientras sus secuaces soltaban las riendas de lo peor que ha parido nuestra isla hermosa. No es humano quien reprima a jóvenes, a mujeres, ancianos y adolescentes solo por pedir libertad.
Reprimieron sin límites, sabedores de que su violenta injusticia no les traería más consecuencias que el otorgamiento de una sucia medalla o un diploma de parte de sus amos. Reprimieron sin límites, sabedores de que el desprecio y la denuncia desde dentro y fuera de Cuba no tendría consecuencia alguna para sus crímenes. Un crimen más en la larga lista de crímenes de los que han quedado impunes.
Miles de crímenes cuya lista es larga y triste, crímenes, masacres como la de la loma de San Juan en enero de 1959, el baño de sangre en la fortaleza de la Cabaña, bajo la mirada feliz de un sanguinario argentino, el hundimiento en aguas internacionales del barco XX Aniversario en julio de 1980, el del remolcador 13 de marzo, también en un fatídico julio, pero de 1994, o el derribo de dos avionetas civiles dos años después, en febrero de 1996. Derribadas también sobre aguas internacionales.
Crímenes estos que son solo viñetas de sesenta y siete años de cometerlos tanto en Cuba como en el extranjero. La dictadura cubana no solo ha destruido una nación que era próspera y autosuficiente, no solo ha torcido el tronco de la Nación cubana, expelido a millones de sus mejores hijos, asesinado a miles de sus más valientes vástagos y encarcelado a las decenas de miles que no han comulgado con su horrible ideología y actuar. Lo sigue haciendo, incluso aún hoy, casi seis meses después de que su desgobierno fuera declarado un “peligro inusual”.
La dictadura desgobernará a lo que queda de Cuba, pero, repito, aún domina buena parte de la narrativa en la política y la prensa del mundo. Nos sigue ganando a los libres a pesar de los esfuerzos que día a día cada uno de nosotros, de manera diferente en la forma, pero todos en busca de lo mismo: una Cuba libre y próspera. Hacemos todo lo que podemos pero, evidentemente, no es suficiente. Debemos prepararnos, estar listos, para apoyar a los valientes que más temprano que tarde, inevitablemente volverán a tomar las calles que en julio de 2021 la desalmada represión les quitó.
En julio de 2021 Cuba ya era un páramo improductivo, los apagones asfixiaban a los cautivos de la isla, la escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos ya era generalizada y todo el mundo pensaba que ese Estado fallido no podía caer más bajo. Este 11 de julio de 2026 somos testigos, tristes testigos, de que ese Estado fallido cada día que pasa cae más bajo. Cae más bajo en su inmoralidad y sevicia, como en la imposición de la miseria a sus oprimidos. Ha caído tan bajo que ha sacado a los cubanos de la isla de lo que llamamos vida civilizada.
Hace hoy cinco años de que aquellos valientes tomaron las calles por unas horas. Cinco años después, sus vidas en vez de mejorar aunque sea un ápice, no ha hecho más que convertirse en un continuo descenso a la miseria y la ignominia. Cada día que ese régimen de tripudos ineptos sobrevive significan meses que se alargará la reconstrucción de nuestra isla. Cada día que sigan sentados en sus blancas poltronas refrigeradas significa un día más de apagones, hambre, sufrimiento y muerte de millones de desdichados.
Cinco años después la miseria es mayor y ya todos sabemos, tanto los de allá como los de acá, que bajo esa dictadura no hay solución posible a la debacle que provocó el obtuso totalitarismo comunista. No la hay. Ineludiblemente, cansados de tanta humillación y desesperados ante su miseria tiene que llegar el momento en que los que antes tuvieron miedo no tengan más remedio que unirse a los valientes que nunca lo tuvieron. Hoy cada día son más los que salen a la calle con sus cazuelas vacías de comida pero llenas de dignidad.
Hace semanas salían solo de noche, de manera aislada. Desde hace días salen de noche y de día, cada vez menos aislados. La represión que les aplica la dictadura no es solo física, es también logística. Con los apagones no pueden cargar sus teléfonos móviles o no tienen conexión inalámbrica. Los apagones trabajan para el régimen incomunicándolos, cuando las protestas crecen les cortan por completo el servicio. Así lo hicieron el 11 de julio de 2021, así lo harán cuando vuelvan los valientes a repetir, con creces ahora, la epopeya de aquel memorable día.
Los cubanos volverán a la calle, no tienen otra salida a no ser que se adapten a vivir en la edad de piedra y con represión constante. Cuando salgan tenemos que estar listos, tenemos que lograr que nuestras denuncias tengan eco en los gobiernos del mundo, tanto en los que están del lado de la libertad como en los cómplices del lado del mal. Denunciar no solo la represión física sino la incomunicación criminal, no solo ante gobiernos, que generalmente son lentos en reaccionar, sino también en medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, comunicadores en redes sociales.
Tenemos que ayudar a que la chispa, apagada violentamente aquel 11 de julio hace cinco años, no pierda combustible como aquella vez. Tenemos que lograr que esos valientes no se queden solos ante el previsible embate de las hordas de los represores y asesinos. Tenemos que hacerles saber a esos represores y asesinos que los tiempos cambiaron y que sus abusos e injusticias esta vez sí tendrán consecuencias, que su impunidad terminó.
Tenemos que estar con ellos cuando vuelvan a salir, que lo harán. Lo harán, a no ser que de este lado también nos dejen solos quienes nos prometieron la solución y quieran o puedan negociar con los mismos cuyo desgobierno provocó las protestas de aquel 11 de julio de 2021. Que quieran o puedan negociar con los mismos que aquel día ordenaron reprimir y reprimieron a valientes que solo pedían libertad.
Volverán a salir y tenemos que estar con ellos, con los cubanos de la isla, en esa hora definitoria. En esa hora en que saldrán a instaurar vida en una Patria a la que le impusieron la muerte. Les tenemos que dejar saber, a los valientes de la isla y a los que, parece, titubean de nuestro lado, que los cubanos no están solos. Que su lucha por recuperar su dignidad humana y su bienestar material, su lucha por su libertad, prosperidad y derecho a la felicidad, es nuestra también. No están solos.
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.







